Muestra una perspectiva bíblica y relevante sobre diversos temas en la vida del cristiano, además de presentar mensajes que contienen puntos prácticos que se pueden aplicar en la vida cotidiana.

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Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.  2 Corintios 3:17-18.

INTRODUCCIÓN

Desde la invención de las monedas griegas alrededor del 600 A.C. hasta la introducción del papel moneda en la China del siglo XIII, la falsificación siempre ha sido considerada un delito grave. Históricamente, a menudo se castigaba con la muerte. Ese nivel de sanción puede parecer duro a nuestros oídos modernos, pero el delito de falsificación era severamente castigado por dos razones principales.
  1. La ley lo consideraba una amenaza a la estabilidad económica del estado y al bienestar de los ciudadanos.
  2.  En algunos países la emisión de moneda se consideraba un derecho que solo pertenecía al rey.
Por lo tanto, la falsificación no era simplemente un pequeño robo en contra de la persona engañada que tomaba la moneda falsa, sino que se consideraba algo mucho más grave, un peligro para la sociedad en general y una conspiración contra la autoridad real.

Sin embargo, ¿qué sucede con los que falsifican la obra de Dios? La tercera persona de la Trinidad ha sido completamente tergiversada, insultada y agraviada por falsos movimientos que se propagan en su nombre. Operando bajo falsos argumentos y maniobrando mediante falsas profecías, los movimientos carismáticos y pentecostalistas inundan  más y más los círculos cristianos, dejando una estela de error doctrinal y ruina espiritual a su paso.

El delito de falsificación de dinero es una pequeñez en comparación con el acto traicionero de la falsificación del ministerio del Espíritu Santo. Si la impresión de moneda falsa es una  amenaza  para la  sociedad y los gobiernos,  la predicación de un evangelio falso, la  promoción  de  experiencias religiosas fraudulentas, representa un peligro mucho mayor, un delito mucho más grave contra el mismísimo Rey de reyes.

Teniendo en cuenta la gravedad de esos delitos, los creyentes deben estar preparados para identificar, advertir y diferenciar lo santo de lo profano. Y la única manera de estar preparados para identificar y refutar el error es conocer la verdad, es estar íntimamente familiarizado con lo que es auténtico y genuino, en comparación con los falsos avivamientos y las imitaciones espirituales.

La correcta comprensión acerca del Trino Dios es fundamental para consolidar lo que creemos acerca del Espíritu Santo. Pensar correctamente sobre la persona del Espíritu Santo y su obra es esencial para la adoración, para la doctrina y para la correcta aplicación de la teología en la conducta diaria.

¿Qué es lo que el Espíritu Santo está haciendo en el mundo hoy día? Hay una tarea que la iglesia de Cristo necesita emprender con urgencia y es volver a descubrir a la persona y la obra del Espíritu Santo. Estudiemos más sobre en el auténtico ministerio del Espíritu Santo.

Hoy vamos a considerar solo seis aspectos de la obra del Espíritu en la salvación, desde su obra de convicción al llamar a los pecadores para ser salvos hasta su obra de sellado al asegurar a los creyentes para la gloria eterna.

1° EL ESPÍRITU SANTO CONVENCE DE PECADO A LOS INCONVERSOS

Juan 16:7-11: «Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado».

Cuando se anuncia el mensaje del evangelio mediante la predicación, los inconversos en el mundo se enfrentan a la realidad de su pecado y las consecuencias de su incredulidad.

Para los que rechazan el evangelio, la obra del Espíritu Santo podría compararse con la actividad de un fiscal. Él los condena en el sentido de que son declarados culpables ante Dios. “…pero el que no cree,  ya ha sido condenado,  porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”, Juan 3:18. La obra de convicción del Espíritu no consiste en hacer que los incrédulos contumaces pecadores se sientan mal, sino en pronunciar un veredicto legal en contra de ellos.

Sin embargo, para aquellos a quienes el Espíritu atrae al Salvador, su obra de convicción es absoluta; el Espíritu Santo estimula sus conciencias y penetra hasta lo más íntimo. Por lo tanto, para los elegidos, esta obra de convicción es el principio de la salvación de Dios, lo que conocemos como el llamamiento eficaz.

Según las palabras de nuestro Señor, el ministerio de convicción del Espíritu Santo abarca tres áreas.

En primer lugar, convence a los no redimidos de sus pecados. El Espíritu Santo, les muestra la realidad de su miserable condición delante de Dios; persuade a los pecadores de su falta de fe en el evangelio. La respuesta natural de los hombres y mujeres caídos es rechazar a la persona y la obra del Señor Jesucristo. Sin embargo, el Espíritu enfrenta la incredulidad del corazón duro del mundo.

En segundo lugar, convence a los incrédulos de justicia. El Espíritu Santo los confronta con la verdad de la perfecta justicia de Jesucristo. El hombre a sí mismo se exhibe como justo e ignora  cualquier evidencia de culpa. El Espíritu Santo derriba la fachada de justicia propia, y lo conduce a considerar la justicia infalible de Jesucristo, el Cordero de Dios sin mancha.

En tercer lugar, convence a los pecadores del justo juicio divino. Así como Satanás está condenado a la ruina eterna después de haber sido derrotado en la cruz, del mismo modo también todos los que forman parte del dominio de Satanás están bajo el juicio de Dios. La persona que pisotea la sangre de Cristo haciendo caso omiso a la oferta del evangelio, «afrenta al Espíritu de gracia», y le aguarda un implacable castigo (cp. Hebreos 10:29-31).

Nadie será atraído nunca a la salvación en Cristo con la mera predicación; primero el Espíritu tiene que obrar de manera sobrenatural a fin de abrir el corazón del pecador para recibir el mensaje. Al proclamar la verdad de las Escrituras, el Espíritu de Dios la usa para penetrar los corazones de los no redimidos, convenciéndolos de la verdad y convirtiéndolos de hijos de ira en hijos de Dios (Hebreos 4:12; 1 Juan 5:6).

2° EL ESPÍRITU SANTO REGENERA LOS CORAZONES PECAMINOSOS

Tito 3.4–7: «Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna».

El llamamiento eficaz de los elegidos comienza con la obra de convicción del Espíritu. Sin embargo, no se detiene allí. El corazón del no creyente debe tomar vida, ser transformado, purificado y renovado (Efesios 2:4). Y esta  es la obra del Espíritu Santo, él regenera a los pecadores de modo que los que antes eran miserables renazcan como nuevas criaturas en Cristo.

En Juan 3, el Señor Jesús explicó esta labor del Espíritu Santo a Nicodemo cuando le dijo que tenía que nacer de nuevo. Confundido por las complicidades de esa verdad, Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?» (v. 4). Jesús le respondió con estas palabras: «De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu» (vv. 5–8).

Las palabras del Señor ponen de manifiesto que la obra de regeneración es potestad soberana del Espíritu Santo. En la esfera humana, los bebés no se conciben a sí mismos. Del mismo modo, en el ámbito espiritual, no es iniciativa de los pecadores nacer de nuevo, ni tampoco pueden lograrlo por ellos mismos. La regeneración es la obra completa del Espíritu.

3° EL ESPÍRITU SANTO CONDUCE A LOS PECADORES AL ARREPENTIMIENTO

Hechos 11:15–18: Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo. Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios? Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!

No puede haber arrepentimiento o fe hasta que el corazón haya sido renovado o regenerado. De manera que, en el momento de la regeneración, el Espíritu Santo imparte el don de la fe que produce arrepentimiento y da como resultado una conversión.

Pedro y los demás se dieron cuenta de que la prueba irrefutable de que Cornelio y su familia verdaderamente se habían arrepentido era que habían recibido el Espíritu Santo.  Ellos quedaron plenamente convencidos y exclamaron: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! (vs. 18).

4° EL ESPÍRITU SANTO PERMITE LA COMUNIÓN CON DIOS

En Romanos 8.14–17: «Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados».

Pablo usa la metáfora de la familia para una mayor comprensión; por medio del Espíritu de adopción, hemos recibido el inmenso privilegio de formar parte de la familia de Dios. Incluso podemos entrar sin temor en la presencia del Padre y hablar íntimamente con Él;  y es el Espíritu Santo quien capacita a los creyentes para disfrutar de esa íntima comunión.

El Espíritu produce una actitud de profundo amor a Dios en los corazones de aquellos que han nacido de nuevo. Ellos se sienten atraídos a Dios, no le temen. Anhelan tener una relación con él, meditar en su Palabra y tener comunión en oración.  Entregarle  con  toda  libertad  sus  preocupaciones,  confesarle francamente sus pecados sin temor, sabiendo que todo ha sido cubierto por su gracia mediante el sacrificio de Cristo.

5° EL ESPÍRITU SANTO MORA EN EL CREYENTE

Romanos 8.9: «Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él».

En la salvación, el Espíritu Santo no solo regenera al pecador y le imparte fe salvadora, sino que habita de forma permanente en la vida de ese nuevo creyente. De una forma maravillosa e incomprensible, el Espíritu de Dios hace su morada en la vida de cada hijo de Dios.

En 1 Corintios 6:19–20, Pablo les preguntó a los creyentes de Corinto: « ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios».

Es importante destacar que no existe tal cosa como un creyente genuino que no posea el Espíritu Santo. Es un terrible error doctrinal, promocionado por muchos en el pentecostalismo, afirmar que una persona pudiera ser salva y no recibir el Espíritu Santo. La declaración de Pablo en Romanos 8:9 reafirma: «Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él».

Los creyentes genuinos, en quienes el Espíritu Santo mora, piensan, hablan y actúan de manera distinta. Ya no aman al mundo, sino que aman las cosas de Dios.

6° EL ESPÍRITU SANTO SELLA LA SALVACIÓN PARA SIEMPRE

Juan 10:27–29: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre».

Este pasaje así como otros en la Biblia establecen claramente que los redimidos no pueden perder su salvación. El apóstol Pablo reafirma esta verdad al final de Romanos 8:38–39 donde escribió: «Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro».

Ninguna persona o fuerza, terrestre o extraterrestre, podrá romper alguna vez el vínculo de comunión entre Dios y los que le pertenecen. El mismo Espíritu Santo garantiza personalmente este hecho. Como escribió Pablo en Efesios 1:13–14: «En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria».

Los creyentes son sellados por el Espíritu Santo hasta el día de la redención. Él les asegura la gloria eterna.

Por desgracia, muchos grupos pentecostales y carismáticos pasan por alto completamente este verdadero ministerio del Espíritu Santo. En lugar de descansar en la seguridad del Espíritu, enseñan que los creyentes pueden perder su salvación. Como resultado, sus seguidores viven con el constante temor de un futuro incierto y no le dan honor al Espíritu Santo, que mantiene a los creyentes seguros.

CONCLUSIÓN

El Espíritu Santo está involucrado en todos los aspectos de la salvación; la Biblia destaca la obra del Espíritu de convencer, regenerar, convertir, adoptar, morar en nosotros y darnos seguridad. En un modo general podemos decir que el Espíritu Santo abarca la justificación, la santificación y la glorificación del creyente.

De manera que, ahora que hemos sido redimidos, nuestra respuesta al milagro de la salvación debe ser una asombrosa adoración, alabando a cada miembro de la Trinidad por su parte en la gloriosa manifestación de la redención.

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Existe un problema el cual debemos siempre tener presente, y es que los protestantes y el resto de las religiones no creemos las mismas cosas acerca de los aspectos más fundamentales del Evangelio Cristiano. Esto significa que no sólo somos otros cristianos de otra denominación. Cuando dos personas están en desacuerdo sobre temas tan fundamentales como la base e instrumento de salvación (es decir, que la sola justicia de Cristo es imputada a través de la sola fe, frente a, la justicia de Cristo impartida a través de la fe y nuestras obras) y si las buenas obras son parte de el fundamento de nuestra justificación o simplemente las evidencias - uno de ellos es un cristiano y el otro no lo es.

Vemos esto claramente demostrado por la forma en que el Apóstol Pablo habló acerca de los judaizantes. Los judaizantes profesando ser cristianos "enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos", Hechos 15:1. En otras palabras, se les enseña que la justicia de Cristo recibida por la sola fe no es suficiente para asegurar salvación. Para estar seguros, es necesario tener fe en Jesús; ellos no niegan que la fe en Cristo es necesaria para la salvación. Ellos solamente dicen que eso no era insuficiente; en su lugar, debe "completar" su justificación mediante la realización de ciertas buenas acciones. En otras palabras, los judaizantes trataron de añadir obras personales de justicia a los fundamentos de su justificación. Ellos eran la contraparte Católico Romana del primer siglo, que enseña que: "Si alguien dice que la [justificación] recibida no asegura y ... es aumentada delante de Dios a través de buenas obras, sino que esas obras simplemente son los frutos y las señales de la justificación obtenidos, pero no la causa del aumento, sea anatema"(Concilio de Trento, sesión 6, Canon 24). Para los judaizantes, esas obras eran la circuncisión y las otras ceremonias mosaicas. Para los católicos, esas obras son el bautismo, la participación en la Eucaristía y los demás sacramentos.

Separados de Cristo

Pero note cómo Pablo habla de estos maestros en el Nuevo Testamento. Él solo los cuenta como "hermanos separados" en Cristo. Las iglesias de Galacia no habían llegado a ser propagadores de esta doctrina,  sin embargo, Pablo les escribe luego de haber sido tentados a creer en ellas. E incluso entonces Pablo les escribe y dice: "Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros", Gálatas 4:11. Es decir, él teme que ellos pudieran nunca  haber sido verdaderamente salvos cf. 1 Juan 2:19.

Él les va a decir que si reciben el mensaje de la circuncisión, es decir, si permiten incluso que el más pequeño de los rituales religiosos se convierta en parte del fundamento de su confianza para la salvación: "de nada os aprovechará Cristo", Gálatas 5:2. Note, que él no dice, "Cristo será de algún beneficio para usted, pero no tanto que lo contrario. Podrán diferir un poco doctrinalmente, pero aun así podrán regocijarse en nuestra unidad". No. Pablo dice que todos aquellos que reciben la circuncisión como fundamento de su justificación están obligados a cumplir toda la ley, Gálatas 5:3. En otras palabras, si usted quiere que su justificación esté basada incluso en parte de las obras, usted está obligado a ser justificado bajo todo el ámbito de la ley cf. Santiago 2:10. Y en ese caso, ya que entonces estarían buscando ser justificados por la ley, sería correcto decir que usted está "separado de Cristo, caído de la gracia..." Gálatas 5:4. Usted sería uno de aquellos a quienes el apóstol Juan dijo que "Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros", 1 Juan 2:19.

Finalmente, Pablo habla acerca de aquellos que predican un falso Evangelio tal que destruye el alma. Su conclusión con respecto a tales maestros es: "llevará el juicio" Gálatas 5:10. Una vez más, esto no es meramente un hermano distanciado. Él no es una de las ovejas de Cristo, es uno de otro rebaño. Él llevará el juicio. Se enfrentará a la condenación del Dios Todopoderoso la cual ningún verdadero creyente hará frente, cf. Romanos 8:1.

Cuidado con los perros

Pasando de Galacia a Filipos, Pablo advierte con la mayor severidad a los filipenses que eran vulnerables a esta enseñanza. Él no les dice, "Mi Filipenses, hay que tener cuidado de nuestros queridos hermanos equivocados". No, él les dice: "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo", Filipenses 3:2. Pablo no estaba precisamente en el negocio de ayudar en el avance del movimiento ecuménico.

Cuidado con los perros. Ellos son perros. Y los judíos odiaban especialmente los perros. Porque estaban dispuestos a comer cualquier cosa, incluyendo la basura e incluso su propio vómito; los perros eran considerados animales impuros cf. Mateo 7:6; Lucas 16:21; Apocalipsis 22:15. En sarcástica ironía, Pablo utiliza el mismo término que los judaizantes habrían utilizado para los cristianos que no se sometían a la ley mosaica; el más despectivo término que significaba maldad, inmundicia, e impureza, Pablo lo utiliza para ellos.

Ellos son los malos obreros. En muchos casos en el Nuevo Testamento, "obreros" hace referencia a servidores de Cristo que comparten el ministerio cristiano Romanos 16:3; Filipenses 4:3; Filemón 1:24. Y los judaizantes eran obreros también. Como los fariseos, recorrían mar y tierra para ganar un prosélito, Mateo 23:15. Pero cuando lo logran, lo hacen dos veces más hijo del infierno que ellos mismos, porque su doctrina de realización humana minaba el Evangelio de la obra suficiente de Cristo y de la libre gracia de Dios. Eran obreros, pero eran malos obreros. Tal vez incluso con buenas intenciones, al tratar de ayudar a la Iglesia, no hacen más que arruinar y destruir, porque alejan la atención de Cristo y la suficiencia de su redención llevada a cabo, y dan su gloria a una ley que nunca fue capaz de impartir vida al hombre y su propia dignidad y fuerza de voluntad, cf. Gálatas 3:21. Y así, todos sus trabajos son trabajos malignos.

Y esto se aplica, de la misma manera, para todas las otras religiones quienes te persuaden a confiar incluso en porciones de tus propios méritos para ser justificados ante Dios. No importa cuánto beneficio práctico pueda tener. Ellos podrán alimentar a los hambrientos, podrán proteger a las personas sin hogar, podrán cuidar a los huérfanos, podrán preservar el medio ambiente, y podrán dedicar toda su vida a hacer de este mundo un lugar mejor. Pero si confían en sus buenas obras para satisfacer la ira de Dios contra ellos, y si enseñan a otros a descansar sobre sus propios logros morales,  admitirlos en la presencia de un Dios santo, ellos son malos obreros. Debido a que ellos opacan los sentidos de los hombres de su necesidad de gracia divina, y los conducen a creer que pueden salvarse a sí mismos, cuando en realidad no pueden hacer tal cosa, ellos son obreros desaprobados.

No sólo son perros. No sólo son malos obreros. Con el sarcasmo más dentado, Pablo les llama "mutiladores". Esto no es más que un juego de palabras increíble. La palabra griega para "circuncisión" es peritome, y la palabra para "mutilación" es katatome (palabra usada aquí). En efecto, Pablo está diciendo: "Estos falsos maestros piensan que son del partido de la circuncisión. Pero debido a que socavan la gracia de Dios en el Evangelio al mezclar las obras humanas con la justicia de Cristo, su sacramentalismo no es más que katatome, el tipo de mutilación ritual pagano. Se hacen llamar la circuncisión, pero no son mejores que los paganos".

Debido a que los judaizantes confiaron en su circuncisión y añadieron las obras a la obra de Cristo en el Evangelio, aquello que habría sido la señal más segura que eran el pueblo de Dios se convirtió en el signo más seguro de que fueron separados de Él.

“¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo,
    como está escrito:
        He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída;
        Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”, Romanos 9:30-10:4.

"Ser más como Jesús"

Cuántos cristianos profesantes se darían  a la tarea de corregir el lenguaje de Pablo: "Pablo, ¡santo cielos! ¿Los llamaste perros? ¿Malos obreros? ¿Mutiladores? Pablo ¡Tómalo con calma! ¡Estas personas creen en la infalibilidad de las Escrituras! ¡Antiguo y Nuevo Testamento! ¡Ellos creen en Cristo, que Él era Dios y hombre, que era sin pecado, que murió por nuestros pecados y se levantó de la tumba, y que la salvación no se encuentra en ningún otro nombre! Ahora, seguramente ellos pueden tener algunos problemas doctrinales, pero, ¿cómo puede usted ser tan divisivo sobre un punto tan pequeño de la doctrina? !Pablo, tenemos que ser más como el Señor Jesús!".

De hecho, eso es exactamente lo que Pablo estaba haciendo. Estaba siguiendo los pasos de su Señor, quien llamó a los legalistas fariseos lobos rapaces Mateo 7:15, sepulcros blanqueado llenos de huesos de muertos y putrefactos, Mateo 23:27, ciegos guías de ciegos Mateo 15:14. El dulce, manso y humilde  Jesús, censuró a aquellos que ponían sobre los hombros de los hombres pesadas cargas y lo convertían en un hijo del infierno dos veces peor que ellos mismos, Mateo 23:15.

Cristo va a hacer todo, o no hará nada

¿Por qué nuestro Señor habló tan severamente? Porque el "evangelio de Cristo-plus plus", el evangelio de la fe en Cristo se había mezclado con el esfuerzo humano; y el mérito humano es una doctrina de demonios que destruye el alma, 1 Timoteo 4:1. Al igual que el desacuerdo entre Pablo y los judaizantes, el desacuerdo entre protestantes y las otras religiones no es un asunto doctrinal secundario; es la diferencia entre el cielo y el infierno. Estimados hermanos, lo nuestro es un Evangelio protestante guiado, guiado por el Espíritu Santo. Hablamos tan severamente debido a que es el mismo Evangelio lo que está en juego.

Esta es la diferencia entre una religión de méritos y una religión de gracia. Si Cristo ofrece sólo una parte de nuestra salvación, dejando  de proporcionarnos el resto, entonces todavía estamos sin esperanza y bajo la carga del pecado. No importa lo pequeño de la brecha que deba ser atravesada antes de la salvación, la conciencia vivificada ve claramente que nuestro miserable intento de piedad es insuficiente incluso para cerrar esa pequeña brecha. Tal intento de completar la obra de Cristo por medio de nuestros propios méritos, Pablo vio claramente, que era la esencia misma de la incredulidad. Cristo va a hacer todo o nada, y la única esperanza es sacar de nosotros mismos todo vestigio de falsa piedad y confiar en Él.

Cristo va a hacer todo, o no hará nada. ¿Por qué? Porque si la salvación es "por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra", Romanos 11:6. Introducir obras como cualquier parte de los fundamentos de nuestra justicia es corromper el Evangelio de la gracia, que es el único Evangelio que salva.

Me pregunto: ¿Podemos considerar estas cosas tan a la ligera cuando es tan evidente que el apóstol Pablo las tomó tan en serio? ¿Podemos desatender la diferencia entre (a) las buenas obras como la evidencia de la salvación y (b) las buenas obras como la base de la salvación, a una sutileza doctrinal pequeña entre las personas que son excesivamente académicos, cuando el Apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, podía censurar tan severamente?

Hermanos: palabras, ideas y doctrinas son la diferencia entre una eternidad en el cielo, con plenitud de gozo y delicias para siempre a la diestra de Dios, Salmo 16:11, y una eternidad en el infierno, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 2 Tesalonicenses 1: 9.

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