Muestra una perspectiva bíblica y relevante sobre diversos temas en la vida del cristiano, además de presentar mensajes que contienen puntos prácticos que se pueden aplicar en la vida cotidiana.

Articles by "Reflexión"

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Primero les prediqué a los de Damasco, luego en Jerusalén y por toda Judea, y también a los gentiles: que todos tienen que arrepentirse de sus pecados y volver a Dios, y demostrar que han cambiado, por medio de las cosas buenas que hacen. Hechos 26:20 (NTV)

Arrepentimiento. Hoy día esta palabra no forma parte de nuestro léxico; tampoco forma parte del lenguaje evangelístico;  no escuchamos mucho esa palabra, ¿verdad? Se habla mucho sobre "confiar en Jesús", "perdonar los pecados" y "tener una relación personal con Dios", pero la palabra arrepentimiento ha quedado excluida. Entonces ¿Qué significa arrepentimiento, y por qué Pablo predicó que las personas deberían arrepentirse?

La palabra "arrepentimiento" significa: "Pesar que se siente por haber hecho alguna cosa". Significa "cambiar la mente y la dirección". Si estoy viviendo la vida y la estoy viviendo en grande, entonces me estoy conduciendo a mi manera, haciendo las cosas a mi modo. Pero entonces, Dios atrapa nuestra atención ... tal vez a través de una conversación con un amigo,  a través del vacío del éxito, o durante la noche oscura del fracaso. Dios nos detiene en seco, nos da nueva vida y entonces nos arrepentimos. En lugar de alejarnos de Dios, ahora nos dirigimos a Él. Nuestro arrepentimiento se muestra real a través de nuestras obras. Ahora somos una nueva creación. Lo viejo se ha ido, lo nuevo ha llegado. ¡Ha ocurrido un sorprendente cambio en nuestra manera de pensar!

Seamos individuales sobre el arrepentimiento. ¿Has pasado de tu antigua forma de vivir a la nueva? ¿Has trasladado tu residencia de "oscuridad" a "luz"? ¿Hubo algún momento en que tomaste la decisión de dejar de alejarte de Dios y caminar hacia Él? ¿Alguien a tu alrededor ha notado un cambio - en comportamiento, palabras y/o actitud - ya que has confiado en Cristo? Ser cristiano no se trata de un "seguro de vida" para el  futuro; más bien se trata de estar caminando con Cristo hoy, hasta llegar a la meta. Cuando sigues a Jesús, el arrepentimiento se mostrará con tus obras.

Hubo un tiempo en que me arrepentí y creí en Cristo como mi Salvador; desde entonces ha habido cambios en mi vida. Este es un buen momento para que reflexiones y te arrepientas, para que sientas pesar por tus pecados, para que sientas pesar por alejarte de Dios, para que sientas pesar por vivir una vida que  desagrada a Dios. Pídele a Dios que cambie tu vida de adentro hacia afuera, que te haga una nueva creatura y borre todo lo viejo que hay en ti, entonces podrás demostrar tu verdadero arrepentimiento a través de tus acciones.

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"Pues el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Así que, todos nosotros, a quienes nos ha sido quitado el velo, podemos ver y reflejar la gloria del Señor. El Señor, quien es el Espíritu, nos hace más y más parecidos a él a medida que somos transformados a su gloriosa imagen." (2 Corintios 3:17-18 NTV).

La obra transformadora del Espíritu Santo es una parte central de la santificación del creyente.

El cuento para niños, El patito feo, puede servirnos de analogía  para ilustrar la maravillosa obra transformadora del Espíritu Santo en los creyentes. El cuento relata la historia de un pato feo joven que no puede encajar con cualquiera de los otros animales. No es hasta que se encuentra con los hermosos cisnes que su vida comienza a cambiar. Los cisnes son una atracción irresistible para el patito, algo que no puede olvidar mientras que pasa el invierno. Finalmente hace asomo la primavera, que a pesar de sus sentimientos de inferioridad, se percata que no es un pato sino un cisne, al igual que aquellas criaturas que ha admirado.

Con el mismo asombro los días que siguen inmediatamente a nuestra conversión a Cristo son a menudo similares a las experiencias finales del patito feo. Tenemos un gran sentido de la indignidad pecaminosa y, sin embargo, una poderosa atracción hacia Jesucristo. Nosotros respondemos de esa manera, porque ahora conocemos esa naturaleza que Él representa para los que hemos nacido de nuevo. Y pronto nos damos cuenta de que es un proceso humillante y emocionante ser transformados a la imagen de Cristo.

Este texto de la Escritura nos brinda una excelente descripción breve de la obra transformadora del Espíritu. No veremos la gloria del Señor perfectamente de inmediato, pero comenzamos a verla con mayor claridad una vez que conocemos a Jesucristo por la fe.

Pablo se refiere aquí a nuestra santificación básica, que es un proceso progresivo por el cual el Espíritu nos cambia de un nivel de semejanza a Cristo hacia otro. El resultado final será nuestra posición glorificada en el cielo, que es la meta del Espíritu Santo para nosotros y la razón de nuestra esperanza. El Espíritu nos revela lo que seremos en Cristo: "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es." (1 Juan 3:2 RVR1960).

Se que no es nada fácil, pues los afanes de la vida distraen nuestro objetivo como cristianos; pero pidamos ayuda y fortaleza a nuestro Dios, con súplicas y ruegos, para que podamos enfocarnos  más en Cristo y menos en nosotros mismos, mientras el Espíritu transforma nuestras vidas.

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"Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Abogado Defensor (Consolador), quien estará con ustedes para siempre. Me refiero al Espíritu Santo, quien guía a toda la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo busca ni lo reconoce; pero ustedes sí lo conocen, porque ahora él vive con ustedes y después estará en ustedes". (Juan 14:16-17 NTV).

Jesús ministró por el poder del Espíritu Santo, y Él ha prometido el mismo Espíritu a todos los creyentes.

Las economías fluctuantes de los países y el  cambiante lugar de trabajo, han dejado a muchos trabajadores con la sensación de que probablemente tendrán que cambiar de trabajo varias veces durante sus carreras.

A pesar de que las economías pueden entrar en nuevas fases y dejar a la gente con incertidumbre, las promesas de Dios siguen siendo completamente confiables. Su promesa, hecha a través de Su Hijo, nuestro Señor y Salvador de enviar al Espíritu Santo es una de esas promesas. Esta promesa bíblica, muy importante, fue dada por Jesús a los discípulos primeramente en el entorno del texto arriba mencionado,  durante la primera parte de su discurso del Cenáculo. Sus palabras, que venían en vísperas de su muerte, dieron mucha consolación a los discípulos; ahora bien, la promesa también es parte del rico legado de Cristo para los cristianos de hoy día.

Esta promesa consiste en cuatro elementos. Primero, Jesús promete un Consolador sobrenatural. Él lo llamó "otro" Consolador, que significa "otro idéntico". Él nos está enviando exactamente la clase de Consolador que Él era, excepto que el Espíritu viviría en nosotros (Juan 14:17).

Segundo, la promesa significa vida sobrenatural para nosotros. Cuando somos salvos y tenemos el Espíritu Santo, nos volvemos sensibles a la labor de Cristo en el mundo, y comenzamos a ver las cosas desde una perspectiva divina (Juan 14:19).

Tercero, el Espíritu viene como un Maestro sobrenatural (Juan 14:26). Este es uno de los aspectos más vitales del ministerio del Espíritu porque nos recuerda nuestra completa dependencia de Cristo.

Finalmente, la promesa de Cristo del Espíritu Santo trae una paz sobrenatural (Juan 14:27). Esta es una paz que agresiva y positivamente trata con nuestros problemas diarios y los convierte en gozo (Filipenses 4:7).

Si conoce y ama al Señor Jesús y le está obedeciendo, la promesa del Espíritu, con todas sus implicaciones, está disponible para que usted la pueda aplicar y disfrutar. (Juan 14:21; 15:5). Agradezca a Dios por la promesa dada del Espíritu Santo, y ore para que pueda entender cabalmente todos los aspectos de esa promesa.

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Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Efesios 2:8-10

Aquellos que conocen y siguen la dirección de Dios experimentarán paz espiritual, alegría y contentamiento. El primer paso para descubrir el propósito de nuestra vida, que hace que todos los otros pasos sean posibles, es recibir a Jesucristo como nuestro Salvador personal. En otras palabras, debemos ser salvos.

Nuestra parte en la salvación es reconocer que somos pecadores, admitir ante Dios que hemos vivido en rebelión contra Él porque queríamos recorrer nuestro propio camino (Isaías 53:6). Entonces pedimos perdón a Dios, profesando en fe que la muerte de Jesús en la cruz pagó por completo nuestra deuda del pecado.

Reconociendo a Jesús como Salvador y Señor personal, entregamos nuestra vida a Él (Romanos 10:9, Gálatas 2:20, 1 Juan 1: 9). Siendo que Él está ahora a cargo, nuestras órdenes y dirección vendrán de Él. Haciéndonos parte de la familia de Dios, tenemos Su Espíritu que nos ayuda a descubrir y llevar a cabo el plan de nuestro Padre.

El propósito de Dios para Sus hijos comprende santificación, mayordomía y servicio. La santificación se describe como el crecimiento continuo de la santidad. El Espíritu Santo, con nuestra cooperación, transformará nuestro carácter para que sea más parecido al del Señor. La mayordomía significa administrar, según las prioridades de Dios y no las nuestras, el tiempo, los talentos y el tesoro que Él nos ha dado. Y el servicio para el reino es para distinguir nuestra vida, así como distinguió la vida de Jesús (Mateo 20:28). Servimos a nuestro Padre obedientemente ministrando a otros.


Mientras buscamos el plan específico del Señor para nosotros, podemos estar seguros de que este incluirá la transformación del carácter, la inversión de nuestros recursos para Su reino y el ministerio a otros.

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Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. 1 Pedro 2:9-12

No siempre tomamos el camino correcto frente a las circunstancias de la vida, muchas son las ocasiones cuando llegamos a la encrucijada de los mil caminos y no alcanzamos a comprender por cual de ellos debemos continuar. Al buscar descubrir el camino correcto y que se conforme al plan de Dios para nuestras vidas, debemos considerar tres cosas antes de llevar a cabo una acción o tomar una decisión:

1. Que glorifique a Dios. Se nos ordena que nuestra luz brille delante de los hombres, así que llevaremos fruto espiritual que glorifique al Señor. A medida que nuestra vida sigue el modelo del Salvador, nuestros pensamientos y respuestas traerán a Jesús alabanza y dirigirá a otras personas hacia Él.

2. Que se conforme a la semejanza de Cristo. Al considerar cualquier decisión, debemos preguntarnos: ¿Esto me ayudará a parecerme más a Jesús o me diferenciará más de Él, permitiendo que vengan tentaciones en mis áreas más débiles y me hagan alejarme de Cristo? Si sometemos nuestros pensamientos y emociones al Señor, Su Espíritu edificará las cualidades de Jesús en nuestra vida. Cuando confiamos en el Espíritu Santo, Él nos ayudará a tomar decisiones sabias y nos guiará con seguridad frente a la tentación.

3. Que se amolde a la voluntad del Señor. Al decidir cómo proceder, es prudente preguntar, ¿Está esto en armonía con la voluntad revelada de Dios? En toda la Escritura, el Padre celestial ha revelado lo que le agrada. Sus mandamientos son claros con respecto a la forma en que los creyentes nacidos de nuevo deben conducirse. Nuestra casa, negocio y nuestro diario vivir deben funcionar de acuerdo a Su voluntad.


Dondequiera que estés, no te dejes presionar por acciones o decisiones que desagradan a Dios. Ejercítate a dar un alto en tu vida y pedirle al Padre que su Espíritu Santo te ilumine y logres entender si cada elección trae gloria a Dios, ayuda a desarrollar el carácter de Cristo en tu vida y te mantiene en el centro del plan y propósito de Dios. Espera en Él, y no te adelantes hasta tener una respuesta.

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“Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre, pero el que persevere hasta el fin, ése será salvo.” Mateo 10:22.

¿Ha leído alguna vez el Salón de la Fama de Dios en Hebreos capítulo 11? Estos hombres y mujeres de fe hicieron cosas milagrosas. Conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros, fueron atormentados, otros experimentaron vituperios y azotes, prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá, pobres, angustiados, maltratados; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

¿Y cómo lo hicieron? Mediante la fe.

De los cuales el mundo no era digno; y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;

Algunos tuvieron fe para escapar; otros tuvieron fe para soportar. Si es la voluntad de Dios, la fe para soportar puede ser la clase de fe que Dios quiere que tengas. ¿Será Dios competente, si Él te permite caminar a través del horno ardiente?

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“Me has dado tu escudo de victoria. Tu mano derecha me sostiene; tu ayuda me ha engrandecido.” Salmos 18:35.

¿Se imaginan si nuestra iglesia hiciera más uso de estas virtudes? La cortesía entre los hermanos: el amor en las pequeñas cosas, el amor que dice: "por favor" y "gracias", el amor que retrocede y le da a la otra persona el primer lugar. La misma gentileza que mostró nuestro Señor.

Nunca deja de sorprender cómo los creyentes pierden tan rápidamente su religión cuando salen de la iglesia el domingo por la mañana. Ellos van hacia la salida lo más rápido posible, no se toman el tiempo para saludar y tener un momento de comunión con sus hermanos. Y nunca trate de ayudar en alguna de las tareas de la iglesia. ¡Usted será visto como un usurpador de funciones; un peligro para el "statu quo", es decir, al conjunto de condiciones que prevalecen dentro de la organización hasta el momento!

Que Dios limpie nuestra iglesia de rectitud y orgullo. Que Él nos purifique de cualquier cosa que busque elevarnos a nosotros mismo sobre otros.

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Ahora bien, Sarai, la esposa de Abram, no había podido darle hijos; pero tenía una sierva egipcia llamada Agar. Entonces Sarai le dijo a Abram: «El Señor no me ha permitido tener hijos. Ve y acuéstate con mi sierva; quizá yo pueda tener hijos por medio de ella». Y Abram aceptó la propuesta de Sarai. Entonces Sarai, la esposa de Abram, tomó a Agar, la sierva egipcia, y la entregó a Abram como mujer. (Esto ocurrió diez años después de que Abram se estableció en la tierra de Canaán).

Así que Abram tuvo relaciones sexuales con Agar, y ella quedó embarazada; pero cuando Agar supo que estaba embarazada, comenzó a tratar con desprecio a su señora, Sarai. Entonces Sarai le dijo a Abram:

  • ¡Todo esto es culpa tuya! Puse a mi sierva en tus brazos pero, ahora que está embarazada, me trata con desprecio. El Señor mostrará quién está equivocado, ¡tú o yo!
Abram respondió:
  • Mira, ella es tu sierva, así que haz con ella como mejor te parezca.
Entonces Sarai comenzó a tratar a Agar con tanta dureza que al final ella huyó.
El ángel del Señor encontró a Agar en el desierto junto a un manantial de agua, en el camino que lleva a Shur. El ángel le dijo:
  • Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes y hacia dónde vas?
  • Estoy huyendo de mi señora, Sarai —contestó ella.
El ángel del Señor le dijo:
  • Regresa a tu señora y sométete a su autridad.
Después añadió:
  • Yo te daré más descendientes de los que puedas contar.
El ángel también dijo:
  • Ahora estás embarazada y darás a luz un hijo. Lo llamarás Ismael (que significa “Dios oye”), porque el Señor ha oído tu clamor de angustia. Este hijo tuyo será un hombre indomable, ¡tan indomable como un burro salvaje! Levantará su puño contra todos, y todos estarán en su contra. Así es, vivirá en franca oposición con todos sus familiares.
A partir de entonces, Agar utilizó otro nombre para referirse al Señor, quien le había hablado. Ella dijo: «Tú eres el Dios que me ve». También dijo: «¿De verdad he visto a Aquel que me ve?». Así que ese pozo fue llamado Beer-lajai-roi (que significa «pozo del Viviente que me ve»). Aún se encuentra entre Cades y Bered.
Entonces Agar le dio un hijo a Abram, y Abram lo llamó Ismael. Abram tenía ochenta y seis años cuando nació Ismael. Génesis 16:1-16 NTV.

Dios responde a la oración de una de tres maneras: "sí", "no" o "sí, pero no todavía". Esta última respuesta parece ser la más temida, a veces incluso más que un rotundo "no". Un rasgo importante para el cristiano, como lo enfatiza la Escritura repetidamente en historias, salmos y epístolas.

Esperar al Señor para desatascar el camino es siempre más sabio que intentar hacerlo nosotros mismo, incluso cuando el retraso ha sido largo. Después de que Dios le prometió a los descendencia a  Abraham, (Génesis 12:2), vivió durante 25 años con una respuesta de "todavía no". Después de ese cuarto de siglo, la respuesta finalmente se convirtió en "sí". su propio plan para obtener un heredero, por medio de la sierva de Sara, Agar, resultó en el nacimiento de Ismael. La pareja pudo haber estado convencida de que estaban "ayudando" a cumplir el plan de Dios, pero realmente estaban actuando en independencia a Sus planes. Las consecuencias fueron desastrosas. La amargura y la culpa afectaban a todos los miembros de la familia (Génesis 16:4-6, Génesis 21:9-10). Es más, el pueblo Ismaelita vivió en enemistad con sus vecinos, y esa hostilidad persiste hoy día en Oriente Medio (Génesis 21:9-14, Génesis 25:18).


Nuestra paciencia permite que Dios prepare el camino del otro lado por lo cual se encuentra obstruido. Incluso si pudiéramos forzar nuestro camino manipulando las circunstancias, no estaríamos contentos con lo que encontraríamos allí. ¡Nadie en el campamento de Abraham estaba satisfecho con la situación que crearon! Sólo podemos tener alegría y gozo cuando tenemos acceso a la voluntad del Señor en el mismo momento en que Él ordene. Las bendiciones que encontraremos al otro lado del camino cuando Dios lo abra, siempre habrá valido la espera.

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Así que las iglesias eran confirmadas en la fe, y aumentaban en número cada día. Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Hechos 16:5-12.

No podemos dejar de sentirnos decepcionados o confundidos cuando se nos cierra el paso frente al camino. Ciertamente nuestro Padre celestial a menudo nos impedirá seguir adelante cuando Él quiere reorientar nuestros pasos hacia un camino diferente. Lo que determina si participamos de Su mayor bendición es nuestra reacción: Insistiremos en avanzar por el camino cerrado o transitaremos por el camino que se nos ha abierto.

El segundo viaje misionero de Pablo incluyó una serie de señales de: "paso cerrado" divino. El apóstol se había dispuesto visitar las iglesias que había iniciado en Asia, pero el Espíritu Santo lo alejó de sus propósitos ciudad tras ciudad. Debe haber sido muy desconcertante ser impedido de llevar a cabo la comisión del evangelio (Mateo 28:19).

Pablo seguía viajando en busca de un terreno fértil donde pudiera plantar una iglesia nueva, y finalmente el Señor desveló el camino a Macedonia. La nueva ruta finalmente lo llevó a ciudades prestigiosas de esa época. Filipos, Corinto y Éfeso eran importantes centros comerciales llenos de dignatarios y comerciantes extranjeros que podían llevar el evangelio más lejos y más rápido que Pablo.

El apóstol partió con un plan sabio y racional, pero el razonamiento humano no siempre es confiable. La Biblia nos dice que debemos confiar en el Señor en lugar de nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:5). Si queremos seguir la voluntad de Dios para nuestra vida, debemos vivir por el impulso del Espíritu. Considera que el Creador del universo está tomando un momento para empujarte en la dirección correcta para que seas fructífero y bendito. Síguele, y Él dirigirá tus pasos por los caminos correctos y por las mejores sendas.

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"Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos." (Mateo 9:37).

En su recorrido por las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, y predicando el evangelio del reino,  Jesús  muestra otra razón de Su ministerio. Él ministraba porque la gente se enfrentaría al juicio final de Dios.

Jesús ministraba compasiva e incansablemente porque podía ver la consumación final del juicio divino al cual debía enfrentar cada persona, cada uno en las multitudes que no creían en Él. Pablo comprendió estas mismas motivaciones por lo que escribió: "Dado que entendemos nuestra temible responsabilidad ante el Señor, trabajamos con esmero para persuadir a otros. Dios sabe que somos sinceros, y espero que ustedes también lo sepan." (2 Corintios 5:11 NTV).

En 2 Tesalonicenses, Pablo describe un cuadro vivo del juicio de Dios: "cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder" (1:7-9).

Es fácil perder la percepción de la inminencia y la inevitabilidad del juicio de Dios, pero el cristiano que pierde de vista ese juicio pierde una parte importante de su razón cristiana, que es la de ser testigo.

Cuando Jesús vio a las multitudes, Él les enseñó, les predicó y las sanó, con el propósito final de que pudieran venir a Él y escapar de la cosecha del juicio que de otra manera no podrían evitar.

Piense en el peso del pecado que ya ha sido quitado de usted, y que  todavía hoy la misericordia de Dios está disponible y la promesa de Su perdón restaurador está activamente en vigor. Imagine peso del pecado en aquellos que pagarán su precio por la eternidad. Asegúrese de que, al ser testigo, no minimice el peso que causa el pecado.

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"Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor." (Mateo 9:36).

Los escribas y los fariseos ofrecían una religión que sólo aumentaba las cargas en vez de quitarlas. Para ellos, el pueblo común era objeto de  menosprecio, no de compasión; individuos para ser explotados, no servidos. En ese sentido, los escribas y los fariseos eran verdaderos descendientes de los falsos pastores contra los que el Señor había hablado fuertemente siglos antes por medio de Ezequiel (34:2-4).

Muchos líderes religiosos de hoy todavía están tratando de mantener a la gente fuera del reino, distorsionando y contradiciendo la Palabra de Dios y pervirtiendo el camino de la salvación. Al decirle a la gente que ya están salvos porque "un Dios bueno nunca condenaría a nadie al infierno", llevan a la gente a contentarse con sí mismas y a no ver la necesidad de arrepentimiento y salvación, cerrando así la puerta de gracia que Dios ha provisto. Del mismo modo, cuando se les dice a las personas que pueden labrar su propio camino hacia Dios, evitando ciertos pecados, realizando ciertas buenas acciones o participando en algún ritual prescrito, también están siendo engañados y abandonados en su condición perdida.

Qué maravillosamente refrescante debe haber sido escuchar a Jesús decir: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga." (Mateo 11:28-30). Qué contraste de esas palabras con la enseñanza de los escribas y fariseos.


Probablemente  usted  no esté consciente, pero ¿el evangelio que usted presenta a otros involucra más requerimientos del que el mismo Jesús pedía? Asegúrese de que el evangelio que proclama es completamente acerca de liberar las cargas del pecador y no acerca de colocar más cargas de las que ya está llevando.

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Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. 2 Timoteo 3:16.

En los últimos años una serie de teólogos semi-conservadores han cuestionado si debemos mantener la doctrina de la inerrancia o infalibilidad Bíblica. Después de todo, dicen, esta búsqueda de absoluta certeza, refleja la "mentalidad aristotélica griega" que en realidad no es compatible con la naturaleza de "fe pura". Dicen que el cristianismo es una cuestión de "fe" y nosotros no necesitamos "absoluta certeza".

De inmediato nos damos cuenta que tales declaraciones presuponen que la fe es incompatible con certeza. Es decir, ellos presuponen en cierta medida el punto de vista existencialista moderno de la fe, que ve la fe como un "salto al vacío".

Con todo, podemos imaginar que Dios podría habernos dado la información acerca de la redención de otra manera. Él podría habernos proporcionado simplemente una gran cantidad de testimonios humanos. Los Evangelios, por ejemplo, podrían ser simplemente las memorias personales de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y nada más. Sin embargo, Dios nos llama a creer en el Evangelio de la misma manera que creemos que Adolf Hitler fue canciller de Alemania entre 1933 y 1945. Existe un debate sobre lo que el señor Hitler en realidad pensó e hizo durante su mandato, pero no hay debate sobre si en realidad fue canciller. De la misma manera, los estudiosos pudieran debatir los detalles registrados en los Evangelios sin dejar de tener "fe" en la "confiabilidad general" del relato.

Pero la Biblia dice ser mucho más. De hecho, afirma ser la misma palabra de Dios. La Biblia dice que es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16). Si Dios es Dios, Él no se equivoca. Si la Biblia es inspirada por Dios, no puede haber "errores menores" en los detalles de la historia. Si la Biblia contiene tales errores, difícilmente puede ser obra de un Dios perfecto. Y si Dios no es perfecto y totalmente digno de confianza, Dios no es Dios.

Si la Biblia contiene errores, aún podría ser corregida en muchas de sus afirmaciones. Pero hay una afirmación que pudiera no ser verdad: la afirmación de que la Biblia son las palabras inspiradas por Dios. Pero todos los padres de la Iglesia, los teólogos medievales, y los reformadores protestantes vieron claramente que la Biblia afirma ser inerrante e infalible. Si esa afirmación es falsa, la Biblia nos está engañando, y ha engañado a las personas durante muchos miles de años.

Podemos regocijarnos que la Biblia está libre de errores en todas sus afirmaciones. Dios quiere que su pueblo tenga confianza en Él, de modo que podamos conocerle a Él y conocer su voluntad, haciendo lo que Él nos ha llamado a hacer sin temores. Ahora bien, considere su grado de compromiso con la verdad Bíblica; este nivel podría ser mejorado y fortalecido con un reconocimiento más enérgico de su confianza en las Escrituras.

Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Lucas 7:8.

Cuando Martín Lutero comenzó a argumentar que nuestra justificación ante Dios es solo a través de la fe, se puso en marcha la Reforma protestante. Pronto las "disputas" y "reuniones" se llevaron a cabo en varios lugares, y Lutero y sus seguidores fueron empujados a defender sus "nuevos" puntos de vista (que no eran en realidad sino una clara manifestación de la antigua fe de la iglesia). Los oponentes católicos de la Reforma intentaron demostrar que los puntos de vista de Lutero no habían sido enseñados en los concilios de la iglesia.

Lutero y los reformadores respondieron que los concilios no contradecían explícitamente la doctrina de la Reforma, y lo más importante, que los credos y los concilios no eran infalibles. Sólo la Biblia, dijeron los reformadores, es infalible y absolutamente autoritativa.

Llamamos a la doctrina de la justificación por la fe el principio sustancial de la Reforma, ya que la doctrina es la "sustancia" o el contenido de la reforma. Llamamos a la doctrina de la supremacía de la autoridad de las escrituras el principio protocolario de la Reforma, porque esa doctrina es la base sobre la cual todo lo demás se construye. La doctrina de la máxima autoridad de la Biblia no quiere decir que no hay autoridades secundarias en la vida, como los padres, los gobernadores, los líderes de la iglesia. Lo que sí significa es que la Biblia y solo la Biblia es la autoridad final y definitiva para nuestras vidas.

Los católicos romanos respondieron afirmando que la única manera de saber lo que debía ser incluido en el "canon" de la Biblia era lo que la iglesia decidía que era canónico y lo que no era. No es así, dijeron los reformadores. Los padres de la iglesia afirmaron que habían "recibido" el canon de las Escritura (la lista de libros autoritativos), en lugar de haberlos "establecido". Cuando recibimos a Cristo como nuestro Señor, eso no quiere decir que lo hacemos Señor o que tenemos autoridad sobre Él. El Padre lo puso por Señor, y simplemente nos limitamos a reconocer ese hecho. Del mismo modo, cuando los padres de la iglesia recibieron la Santa Escritura, ellos no reclamaron tener ninguna autoridad sobre ellas. Muy por el contrario: ellos postraban sus rodillas delante de la máxima autoridad de las Escrituras.

Inclinarse ante la autoridad de la Escritura no es una noción intelectual, abstracta. Como todas las ideas que tienen consecuencias, la consecuencia suprema de esta controversia fue el surgimiento de la iglesia protestante. Las personas de convicción deben tomar decisiones serias. Pregúntese si usted lo entiende, y luego colóquese bajo la autoridad de las Escrituras.

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"Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado" 1 Pedro 1:13.
Gloria a Dios, el sosiego está por venir. Antes de lo esperado usted y yo recibiremos la "herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos" (1 Pedro 1:4). Cuando llegue, comprenderemos plenamente el significado de esa fe más preciosa que el oro (1 Pedro 1:7). Aquí es donde el apóstol Pedro desea que descanse su esperanza.

Pero ahora es un tiempo de guerra y no de paz. Es un momento para conducirnos por fe, no por vista. Es un momento de dolorosas pruebas que evalúen la autenticidad de nuestra fe (1 Pedro 1:6-7). Así que es el momento de prepararnos para la acción de la batalla, momento de mantenernos preparados y alertas.

En el presente las batallas no son contra "carne y sangre", es decir en contra de personas, aun cuando estas sean el instrumento utilizado; sino que nuestras batallas son "contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12), y el engaño del pecado (Hebreos 3:13). Y estas dos fuerzas van a tratar de utilizar las  emociones en contra nuestra. Por lo que podría ser útil, a modo de preparación, recordar el propósito de las emociones para que podamos luchar con mayor eficacia y saber cómo contrarrestarlos.

Dios diseñó las emociones como instrumentos indicadores, no como guías o recomendaciones a seguir. Tienen la intención de informarle, no dictaminarle. El diseño de sus emociones (no inducido por cafeína o cualquier otro estimulante) nos dará la medición de donde está puesta nuestra esperanza, ya que están conectadas a nuestras creencias y valores y a la magnitud de estas. Es por eso que las emociones como el deleite (Salmo 37:4), amor (Romanos 12:10), temor (Lucas 12:5), ira, enojo (Salmo 37:8), alegría (Salmo 5:11), etc., son tan importantes en la Biblia. Revelan aquello que amamos, creemos y tememos en nuestro corazón. Podríamos decir entonces que aquello que nos produce placer es la dimensión de nuestro tesoro, porque la emoción del placer es un indicador que te informa aquello que amas.

Pero debido a que nuestras emociones están conectadas con nuestra naturaleza caída, así como con nuestra naturaleza regenerada, el pecado y Satanás tienen acceso a ellos y los utilizarán para tratar de manipularnos y convencernos de actuar perdidamente. Es por eso que nuestras respuestas emocionales a la tentación pueden parecernos como imperativas (debes hacer tal o cual cosa...) en lugar de indicativas (esto es lo que me está advirtiendo...). Sólo recuerde, eso es engaño.

Las emociones no son órdenes; ellas no son nuestro patrono. Ellas son avisos; son advertencias. Es por eso que Pablo escribió: "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias" (Romanos 6:12).

Así que atendamos hoy al consejo de la Palabra: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). Él le hará promesas y/o tribulación en su contra. Él probablemente intentará golpear ligeramente sus áreas débiles de incredulidad, entonces se dará cuenta que sus emociones están creciendo en la dirección equivocada.

Cuando esto le suceda no quede extremadamente impresionado. Y recuerde que sus emociones son medidores no guías. Permita que le señale por donde está siendo atacado para que pueda luchar tomando "toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo" (Efesios 6:13). Acérquese a un hermano, pastor, consejero de confianza para tener un tiempo de oración, mayor perspectiva y/o consejería, si es necesario.

Siempre tenga presente que "esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria" (2 Corintios 4:17) y muy pronto, va a terminar. Y las riquezas de nuestro poderoso Dios, será nuestra mayor y más grande recompensa, será toda la herencia que necesitaremos por siempre.

Espere completamente en eso. Que Dios te bendiga.

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La unidad entre dos personas o un grupo de personas obtiene su fortaleza plena de algo más que un simple objetivo común. La unidad en sí misma es neutral hasta que se suministra el bien o la maldad con alguna otra cosa. Por tanto si Herodes y Pilato estaban unificados por su desprecio común hacia Jesús (Lucas 23:12), esta no es la noción de una buena unidad. Pero si Pablo y Silas cantan juntos en la cárcel por causa de Cristo (Hechos 16:25), esto  conlleva la idea de una buena unidad.

Entonces, no es suficiente convocar a los cristianos a tener unidad. Eso puede ser bueno o malo. Por ejemplo, el voto unificado en una comunidad cristiana para prohibir la asistencia a los servicios de alguna etnia o raza, o bien el voto unificado para aprobar los actos sexuales prohibidos no es una buena unidad.

¿Qué produce la unidad cristiana?
La unidad cristiana en el Nuevo Testamento alcanza su fruto por medio de la combinación de los siguientes cuatro atributos: su fuente, sus puntos de vista, sus afectos y sus propósitos.

La fuente
La exhortación de Pablo en las Escrituras, es a tener un interés específico, celoso y diligente, de mantener «la santa unidad» que debe caracterizar a la verdadera Iglesia. En efesios 4:3 el apóstol nos anima a ser "solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". Aquí el pasaje implica que tal unidad se produce únicamente por el Espíritu Santo; siendo entonces el causante y quien ha actuado en nuestros corazones para la renovación, deberíamos responder en función de esa unidad que Él proporciona.

Esta unidad, solo puede ser sustentada y perpetuada en la negación del yo. Mientras el yo sea el centro de todas las cosas, esta unidad no podrá existir nunca plenamente. En una sociedad donde el yo predomina, las personas no son más que un conjunto desintegrado de unidades individualistas en guerra. Pero cuando el yo muere y Cristo se establece en el primer lugar de nuestros corazones, entonces se produce la unidad, que es la característica importante de la verdadera Iglesia.

El Espíritu Santo es el gran donador de la unidad.  Una de las más hermosas alegorías de la unidad de la Iglesia es presentada por el apóstol Pablo en  1 Corintios 12:13, "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu". No deja de sorprendernos considerar la forma en que cooperan las diferentes partes del cuerpo. Pablo traza aquí el diseño de la Iglesia como un cuerpo. Un cuerpo consta de muchas partes, pero tiene una unidad esencial. Hay una personalidad que da unidad a las diversas partes del cuerpo. Observe atentamente la siguiente enseñanza de este pasaje: Lo que el yo es al cuerpo, lo es Cristo a la Iglesia. Es en Cristo por medio del Espíritu Santo donde todos los diversos miembros encuentran su unidad.

Los puntos de vista
Pablo dice que Cristo dio a la iglesia los pastores y los maestros para equipar a los santos "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13). En otras palabras, la unidad que buscamos es la unidad en la verdad. Desde luego, entendemos que la unidad cristiana comprende más que verdad compartida, pero no menos.

Existe un peligro que amenaza a la iglesia, este es la desunión. Cuando los miembros de la iglesia están caminando en serio y sus creencias  realmente les importan es cuando emergen los diversos puntos de vista y el peligro de contiendas es más factible. Existen por lo menos tres causas para la desunión:
  1. Está la ambición egoísta. Siempre hay peligro de que las personas hagan las cosas, no para que avance la obra, sino para promocionarse a sí mismas.
  2. Está el deseo de prestigio personal. El prestigio es para muchos una tentación aún mayor que la de la riqueza. El ser admirado y respetado, el sentarse en la plataforma, el buscar la opinión de uno, el deseo de ser conocido de nombre y en persona, hasta el ser adulado, son para muchos las cosas más deseables. El cristiano debe desear que la gente fije la mirada, no en él mismo, sino en Dios.
  3. Está el concentrarse en el ego. Si una persona se preocupa solo de sus propios intereses, es inevitable que choque con otras personas. Si su idea de la vida es la de una contienda competitiva cuyos premios se esfuerza por ganar, siempre considerará a los demás como enemigos, o por lo menos como rivales de los que tiene que librarse. El concentrarse en uno mismo induce inevitablemente a eliminar a los demás; y el objeto de la vida no puede ser ayudar a los demás, sino quitarlos de en medio.
Pablo compila las palabras en un pensamiento común en Filipenses 2:2 diciendo: "completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa". No puede haber felicidad para uno mientras sepa que hay desunión en la iglesia que le es tan querida. Solo es posible completar el gozo cuando los hermanos completan su comunión. No es con amenazas como Pablo se dirige a los cristianos de Filipos, sino con la exhortación en amor y en paciencia, que debería ser el acento del pastor, como fue el acento de su Señor.

Los Afectos
El amor cristiano es esa buena voluntad invencible, que no sucumbe jamás al rencor ni busca más que el bien superior de los demás. No es una mera actitud del corazón, como el amor humano; es la victoria de la voluntad, lograda con la ayuda de Jesucristo. No quiere decir amar solo a los que nos aman; o a aquellos que nos gustan; ni a los que son amables. Quiere decir una buena voluntad invencible aun hacia los que nos odian, los que no nos gustan y que son todo lo contrario de amables. Esta es la misma esencia de la vida cristiana; y nos afecta tanto en el tiempo como en la eternidad.

Apuntalando más esta idea, el amor unificado en el cuerpo de Cristo incluye un compromiso robusto en hacer el bien a la familia de Dios nos agrade o no (Gálatas 6:10). Sin embargo, tan difícil como lo es para diversas personas, la experiencia de la unidad cristiana es más que eso. Comprende amor afectivo, no sólo sacrificar aquello que no le gusta. Es un sentimiento de cariño. Hemos de tener afecto por aquellos que son nuestra familia en Cristo. Los siguientes son pasajes que nos alientan al amor fraternal: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal" (Romanos 12:10). "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1 Pedro 1:22). "Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables" (1 Pedro 3: 8).

Los propósitos
La morada del Espíritu, la manifestación de Cristo, el amor a la verdad y la unidad están diseñadas por Dios para tener al menos dos propósitos: el testimonio al mundo, y la glorificación de Dios. El apóstol Juan hace la primera de ellas muy clara. "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:34-35).

La declaración famosa de Jesús en Juan 17 tienen sus raíces en la profunda unidad espiritual entre el Padre y el Hijo, y con los que Dios ha escogido de entre el mundo (Juan 17:6). "...que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17:21). En estos pasajes anteriores debemos notar que el testimonio al mundo consiste en amarnos los unos a los otros y la unidad con el Padre y con el Hijo, de manera que el mundo crea. Esto es mucho más que estar relacionados a través de una organización común.

A manera de conclusión podemos decir que la unidad cristiana que resplandece con auténtica gloria, de manera que el mundo pueda observarla, es la unión con el Padre y el Hijo, de modo que la gloria del Padre y el Hijo forma parte de nuestras vidas. "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno" (Juan 17:22). Esa gloria se debe a: "Yo en ellos, y tú en mí" (Juan 17:23). De esta unión con Dios, y la gloria que da, brilla algo que el mundo puede ver, si Dios les da ojos para ver.

El objetivo final de dicha unidad cristiana es la gloria de Dios. De ahí que Pablo ora: "Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios" (Romanos 15:5-7).

[right-side]Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 2 Timoteo 2:15.

Puede parecer una pregunta extraña: ¿por qué estudiar la Biblia? - sobre todo cuando probablemente no hubiera continuado leyendo esto, si no creyese que dicho estudio es necesario o al menos de alguna manera beneficioso. Pero con demasiada frecuencia hacemos cosas por el simple hecho de hacerlas. Ciertamente este es un buen momento para preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos o por qué no hacemos lo que deberíamos hacer.

Aunque hay varias razones de peso para estudiar la Biblia, hay dos excusas comunes para no estudiar las Escrituras. La primera, comúnmente manifestada, es que la Biblia es difícil de entender y sólo los teólogos altamente cualificados con formación técnica están equipados para la tarea. Esto es lo que a menudo pensamos y decimos, a fin de acallar nuestras conciencias y descuidar nuestro deber de estudiar las Escrituras.

Los reformadores del siglo XVI respondieron esta excusa defendiendo la perspicuidad de las Escrituras, es decir, la claridad de las Escrituras. Ellos no mantuvieron que todas las partes de la Escritura son igualmente claras, sino que la Biblia es necesariamente clara en su mensaje básico. Esto significa que si leemos, podremos captar lo esencial, con la iluminación del Espíritu Santo.

La segunda excusa es que la Biblia es demasiado aburrida. Nos quejamos de que necesitamos la ayuda de alguien para "hacer que la Biblia cobre vida"; pero la Biblia está viva, y sus palabras nos hacen cobrar vida. No hay nada de aburrimiento en el drama, pasión, crimen, devoción y vida real que está representada en las Escrituras. Las costumbres antiguas pueden parecer ajenas a nosotros, pero las luchas y los problemas que enfrentaron los personajes bíblicos son los mismos que enfrentamos hoy día.

Como seguidores del Señor Jesús debemos estar motivados a estudiar la Biblia, con el fin de seguir creciendo en las cosas que ya hemos aprendido. Necesitamos profundizar en nuestra comprensión sobre los orígenes y contextos de los libros de la Palabra de Dios con el fin de comprender y aplicar mejor a nuestras vidas las verdades que contienen.

Nuestro objetivo final es glorificar a Dios a través de nuestra vida. Ciertamente, para que el creyente pueda alcanzar este objetivo, es fundamental el manejo y comprensión de la Biblia. Comprométase a ser hallado fiel en la tarea de presentarse a sí mismo como un obrero que maneja bien la palabra de verdad. Aun cuando está sea una tarea de por vida, se puede cumplir a través de la paciente práctica diaria.

"Entonces el suegro de Moisés le dijo: —No está bien lo que haces.  Te agotarás del todo, tú y también este pueblo que está contigo. El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Ahora pues, escúchame; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el portavoz del pueblo delante de Dios, y lleva los asuntos a Dios. Enséñales las leyes y las instrucciones, y muéstrales el camino a seguir y lo que han de hacer. Pero selecciona de entre todo el pueblo a hombres capaces, temerosos de Dios, hombres íntegros que aborrezcan las ganancias deshonestas, y ponlos al frente de ellos como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez". Éxodo 18:17-21.

La gente a menudo desarrolla un deseo de algo que no está en el plan de Dios para ellos. Cuando no pueden alcanzar lo que está puesto en el deseo de su corazón pueden construir una intensa e implacable presión.

Los cristianos que son consumidos por la avaricia han dejado de depender de Dios. Para alcanzar una meta, algunos manipulan las circunstancias, porque ellos han perdido la fe en la capacidad del Señor para saber qué es lo mejor y como proporcionarlo. Tal comportamiento indica un rechazo de la soberanía de Dios. Entonces el miedo se convierte en un problema, ya que la persona persigue más y más el objeto de su deseo.

Las consecuencias de la codicia son dolorosas: la sensibilidad espiritual de un creyente puede debilitarse hasta el punto de que ya no es sensible a la voz del Espíritu. A medida que un cristiano se distancia a sí mismo del Señor, una actitud codiciosa probablemente lo conviertan en un desagradecido. Es difícil ser agradecido por las cosas que uno no tiene, y la atención esté centrada en lo que le falta.


La codicia lleva a una vida de tensión y preocupación. Jetro sabiamente aconsejó a su yerno Moisés a buscar ayudantes que odiaran las ganancias mal habidas. Estos hombres estaban más interesados en lo que Dios proveyera para ellos, que en lo que podían adquirir por sí mismos. Si queremos ser como ellos, hay que centrarse en los propósitos de Dios para nuestra vida. Cuando somos sensibles a su voz, Él nos enseña a distinguir entre los deseos que están dentro de su voluntad y los que se encuentran fuera de ella. Como creyentes, tenemos el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros y nos ayuda a resistir la tentación de los malos deseos. La codicia no tiene que ser nuestra perdición.

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"Por tanto, sed imitadores de Dios como hijos amados, y andad en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios. Pero la inmoralidad sexual y toda impureza o avaricia no se nombren más entre vosotros, como corresponde a santos; ni tampoco la conducta indecente, ni tonterías ni bromas groseras, cosas que no son apropiadas; sino más bien, acciones de gracias. Porque esto lo sabéis muy bien: que ningún inmoral ni impuro ni avaro, el cual es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios". Efesios 5:1-5.

Una de las toxinas mejor ocultas en la vida de un creyente es la codicia. Tendemos a pensar que el término describe simplemente un deseo de un elemento que pertenece a otra persona, pero es algo más profundo que eso. La codicia es un intenso anhelo de algo que no tenemos, junto con la creencia de que no vamos a ser felices o estar satisfechos hasta que lo consigamos.

Si estamos impulsados por un deseo insaciable que nos distrae de nuestra relación con Dios, entonces estamos en peligro; tal deseo intenso es realmente una forma de idolatría. Nuestra ansiedad por satisfacer el deseo se traduce en la colocación del objeto antes que Dios. Esa es la naturaleza misma de la adoración de ídolos.

Todos tenemos deseos en el corazón, y muchos de ellos han sido plantados por el Señor mismo. Cualquier deseo en el marco de la voluntad de Dios es aceptable. Por ejemplo, no hay nada en las Escrituras que diga que es malo el deseo una bonita casa o un automóvil. Dios tiene un propósito, el plan y el tiempo determinado para satisfacer nuestras necesidades y suministrar nuestros deseos legítimos. Sin embargo, cuando elegimos cumplir un legítimo deseo dado por Dios de una manera que no está en consonancia con la voluntad del Señor, somos culpables de codicia.


La razón por la cual la codicia es tan perjudicial es que no tiene fin. Cuando alcanzamos un objetivo que pensamos que nos satisfará, descubrimos que todavía no estamos satisfechos. Así que apuntamos a otra cosa que creemos que traerá satisfacción y quedamos atrapados en un ciclo de insatisfacción/satisfacción. Pero nada puede traer la paz y la verdadera alegría a nuestro corazón que no sea una estrecha relación con Jesucristo.

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Les suplico que lleven una vida digna del llamado que han recibido de Dios, porque en verdad han sido llamados. Sean siempre humildes y amables. Sean pacientes unos con otros y tolérense las faltas por amor. Hagan todo lo posible por mantenerse unidos en el Espíritu y enlazados mediante la paz. Pues hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, tal como ustedes fueron llamados a una misma esperanza gloriosa para el futuro”. (Efesios 4:1-4).

La unidad del Espíritu debe ser seriamente mantenida en humildad, mansedumbre, paciencia y amor entre los cristianos. El pasaje arriba describe el objetivo de un andar íntegro: la unidad en el Espíritu. Jesús oró por los creyentes: "para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste". (Juan 17:21). Nuestro testimonio al mundo depende de nuestra unidad como creyentes.

El mundo está lleno de discordia, hostilidad, amargura y resentimiento. Si en medio del mundo hay un oasis de unidad y armonía, la gente se preguntará, qué tienen estas personas. Es entonces cuando tenemos la oportunidad de decir: "Esto es lo que Cristo hace". El mundo necesita ver que la iglesia de Cristo no es otro club social, sino un organismo de Dios; nacido sobrenaturalmente, sostenido sobrenaturalmente, y con un destino sobrenatural.

Nuestra unidad dependerá de las virtudes que hayamos ejercitado: mansedumbre, paciencia y el amor benigno. Sin ellos, la unidad es imposible. Además, nuestra unidad requiere de diligencia. La palabra traducida como "diligente" en Efesios 4:3 lleva la idea tanto de celo como de urgencia. La diligencia, en su sentido más alto, es el esmero y el cuidado en ejecutar algo. Una prontitud de hacer algo con gran agilidad tanto interior como exterior. Como toda virtud se trabaja, netamente poniéndola en práctica. Vamos entonces a trabajar por la unidad en el Espíritu, y a trabajar desde ahora. Necesitamos plena dedicación. Este es un paso personal, no de equipo, y si quiere darse prisa y empezar a trabajar en la unidad, necesita comenzar en su corazón. Comprométase primero en caminar dignamente, haciendo coincidir su vida con su teología.

Es doloroso observar todo el aislamiento y discordia que existe en  las iglesias hoy. Una de las principales causas que nos divide, es el enfoque en los distintivos denominacionales. En cambio, deberíamos centrarnos en los distintivos bíblicos, que es lo que nos une. Tenemos que humillarnos y aprender a amarnos unos a otros. Ahora entiéndase bien, la unidad no se alcanza iniciando un movimiento ecuménico mundial; pero la obtendremos cuando lleguemos a ser lo que Dios desea que seamos. Trabajar en la unidad es una tarea de tiempo completo que exige la máxima dedicación y obediencia de todo cristiano.


Oremos para que Dios nos de el entendimiento y fortaleza necesaria para trabajar con esmero en función de un cambio que empieza con cada uno de nosotros mismos.

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“Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados: con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor”. (Efesios 4:1-2).

Los cristianos pacientes soportan las circunstancias negativas; hacen frente a personas difíciles, y aceptan el plan de Dios para toda situación. En nuestra  cultura instantánea, "lo quiero ahora", la paciencia es difícil de conquistar. Nos enojamos si tenemos que esperar demasiado tiempo en la cola del supermercado, o si quedamos atrapado detrás del tipo que conduce a veinte kilómetros por hora, por debajo del límite de velocidad.

La paciencia es el rasgo de una personalidad madura. Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan, ya que entienden que las cosas no dependen estrictamente de uno. El pasaje arriba nos dice que nuestras vidas deben estar marcadas por la paciencia. Una persona paciente no tiene una mecha corta o pierde los estribos.

Hay tres aspectos en la paciencia bíblica:
En primer lugar, la paciencia nunca cede frente a las circunstancias negativas, por muy difíciles que estas sean. Dios le dijo a Abraham que lo convertiría en una nación grande y le daría la tierra de Canaán a sus descendientes (Génesis 12:2, 7). Cuando Dios hizo esta promesa, Abraham y Sara ni siquiera tenían hijos. Tuvieron que esperar mucho más allá de sus años fértiles antes de que Dios les diera un hijo. Pero Hebreos 6:15 dice: "Y así Abraham, esperando con suma paciencia, alcanzó la promesa". "Sin debilitarse en la fe, él tuvo muy en cuenta su cuerpo ya muerto (pues tenía casi cien años) y la matriz muerta de Sara. Pero no dudó de la promesa de Dios por falta de fe. Al contrario, fue fortalecido en su fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios, quien había prometido, era poderoso para hacerlo". (Romanos 4:19-21). Él confió en Dios y esperó pacientemente a que cumpliera su promesa.

En segundo lugar la paciencia hace frente a las personas difíciles. Pablo nos dice: "Hermanos, también os exhortamos a que amonestéis a los desordenados, a que alentéis a los de poco ánimo, a que deis apoyo a los débiles, y a que tengáis paciencia hacia todos". (1 Tesalonicenses 5:14). Esto es aplicar mansedumbre; proviene de un espíritu que se niega a tomar represalias. Nuestra reacción normal es estar a la defensiva cuando se nos provoca. Pero una persona paciente soporta el insulto, la persecución, el trato injusto, la calumnia y el odio. Atiende a Dios, no a sí mismo, sabiendo que Dios pagará todo pecado en el momento adecuado. No se puede iniciar una pelea con una persona paciente.

En tercer lugar, la paciencia acepta el plan de Dios para todo. No cuestiona, ni reniega de Dios. Una persona paciente entiende, acepta y dice: "Señor, si esto es lo que usted ha planeado para mí, entonces esto está bien". Romanos 8:28 dice: "Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito". Puesto que Dios está en control de todas las cosas, podemos ser pacientes, a la espera de que Él llevará a cabo su voluntad.


Pídale a Dios que le ayude a reconocer cuando las situaciones tienden a volverlo impaciente. Cuando esos tiempos lleguen, ore a Dios por fortaleza para poder soportar.

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