Muestra una perspectiva bíblica y relevante sobre diversos temas en la vida del cristiano, además de presentar mensajes que contienen puntos prácticos que se pueden aplicar en la vida cotidiana.

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Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen;
    será un lugar santo.
Y el pueblo de Israel regresará
    para reclamar su herencia.
El pueblo de Israel será un fuego violento
    y Edom un campo de hierba seca.
Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo,
    devorándolo todo.
No quedará nadie con vida en Edom.
    ¡Yo, el Señor, he hablado!
»Entonces mi pueblo que vive en el Neguev
    ocupará las montañas de Edom.
Los que viven en las colinas de Judá
    poseerán las llanuras de los filisteos
    y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria,
y el pueblo de Benjamín
    ocupará la tierra de Galaad.
Los desterrados de Israel volverán a su tierra
    y ocuparán la costa de Fenicia hasta Sarepta, al norte.
Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte
    volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev.
Los que hayan sido rescatados subirán al monte Sión en Jerusalén
    para gobernar sobre las montañas de Edom.
¡Y el Señor mismo será rey!».

Introducción

Con la exposición de hoy, completamos nuestro estudio sobre el libro de Abdías. Vamos a exponer los versículos finales de esta palabra profética. El texto es: Abdías 1:17-21 y, en estos versículos encontraremos el mensaje final del profeta, que incluye no sólo el castigo de Edom y de otras naciones, sino también la restauración, la salvación y la renovación del pueblo de Dios.

Antes de considerar cada aspecto en particular, vale la pena recordar toda la idea que se percibe en esta profecía de Abdías.

Cuando abrimos los periódicos o vemos los noticieros televisivos, lo que más nos llama la atención es que siempre encontramos algo acerca de la disputa entre los árabes, los musulmanes y los israelíes. Estas personas realmente conforman los titulares de los principales noticieros del mundo. Escuchamos y leemos noticias de ataques de ambos lados, el uno culpando al otro por haber iniciado el conflicto y el otro diciendo que debido a que fue atacado respondió con objetividad.

Tristemente observamos cómo los líderes de ambos países están contentos cuando el ataque realizado contra el enemigo golpea efectivamente los blancos y coloca al otro en la defensiva. Por desgracia, lo que vemos es la realización del viejo dicho: "La desgracia de uno es la felicidad del otro". Esta es la historia de la lucha cruel y sangrienta que ha diezmado vidas durante tantos siglos, como hemos visto. Esto es así porque desde el Antiguo Testamento conforme al relato Bíblico, hemos visto esta misma historia repetirse. La profecía de Abdías, que estudiamos hoy en su parte final está incorporada en esta situación secular.

El imperio de Babilonia se había fortalecido y comenzó a someter a las naciones a su alrededor, e Israel/Judá fue una de ellas. Y de la misma manera como se había alegrado con otras derrotas de Israel, Edom, en esta ocasión, demostró su verdadera conexión con el pueblo de Dios. Edom apoyó a los babilonios en el saqueo y la destrucción de Jerusalén y la opresión del pueblo elegido.

Edom sería juzgado, así como las demás naciones también enfrentarían la justicia de Dios, y parte de ese juicio del día del Señor. Además de castigar a los enemigos de su pueblo, también se constituía en la salvación, la renovación y la restauración del pueblo de Dios. Implícito en el día del Señor estaba el cambio del destino del pueblo de Dios. A través de un remanente resurgiría con vigor el pueblo de Dios.

Como hemos venido observando cosechamos lo que sembramos. Edom siempre traicionó a sus aliados y estos harían lo mismo con ellos. Edom robó y saqueó al pueblo de Dios. Lo mismo les sucedería a ellos más tarde. Edom actuó con violencia contra los hijos de Dios y los mismos israelitas, judíos, los tratarían con violencia. Edom quería la aniquilación de los Judíos, pero ellos no sabían que pronto, Babilonia con quienes se habían aliado, los traicionarían y destruirían. Siendo que Dios tiene el control de todas las naciones, Proverbios 21:1, después de esta destrucción, el mismo pueblo de Israel sería utilizado como instrumento divino para castigar al orgulloso pueblo Edomita.

Porque Dios ama a su pueblo, su pueblo elegido, Dios usó a Abdías para enviar su mensaje específicamente a Edom, pero ese mensaje sirve también de advertencia para todos nosotros. Es en este contexto que el profeta Abdías describe la reacción de Dios de cara a la calamidad que Israel sufría.

Abdías se destaca entre todos los profetas mayores y menores, y es considerado el mejor expositor del gran sueño profético de Israel, expresado en la declaración final del libro: y el reino será de Jehová (cf. vs. 21 RV60).

Como ya hemos visto, Abdías denunció la autosuficiencia y el orgullo de Edom y su actitud sarcástica de alegría frente al sufrimiento de Israel/Judá. Además de traer el mensaje de condenación a Edom, Abdías también trajo un mensaje de esperanza y consuelo para el pueblo de Dios. Abdías inicialmente destacó la inminente destrucción de los edomitas, descendientes de Esaú que por habitar en las montañas pensaban que eran fuertes, poderosos e inexpugnables. Después que Abdías describe el pecado de Edom, Abdías revela la palabra de Dios para Israel/Judá. Esta palabra es una palabra de esperanza, de aliento, una palabra de ánimo. Cuando Dios revela su justo juicio Él también revela su gran misericordia con la cual Él nos trata a todos. ¿Será que hemos aprovechado esa maravillosa misericordia?

El principio de estos versículos finales de Abdías nos trae el siguiente mensaje: La liberación del pueblo de Dios es siempre una demostración del justo juicio y la misericordia divina.

En este texto encontramos tres resultados de la salvación del pueblo de Dios:

El propio pueblo será el instrumento de castigo divino, vs. 17-18

Sin embargo, Jerusalén será un refugio para los que escapen; será un lugar santo. Y el pueblo de Israel regresará para reclamar su herencia. El pueblo de Israel será un fuego violento y Edom un campo de hierba seca. Los descendientes de José serán una llama que rugirá a través del campo, devorándolo todo. No quedará nadie con vida en Edom. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado! NTV.

En el versículo 17 encontramos el mensaje para aquellos que escaparían del juicio de Dios; puesto que Él también castiga a su pueblo, y porque es justo y no hace acepción de personas, entonces, esos que escapen formarían un remanente santo que capacitaría a la "casa de Jacob", a retomar sus posesiones perdidas. El remanente de Israel se establecerá sobre el monte Sion, que la visión mesiánica la presenta como inviolable y casa santa de Dios (cf. Joel 3:17).

En el versículo 18, es evidente que la casa de Jacob que es el reino del sur, o el reino de Judá y la casa de José, que es el reino del norte o el reino de Israel será fuego que consumirá la casa de Esaú, que es, la nación de Edom que se convertirá en  rastrojo, que será aniquilada. Pero en este versículo 18 vemos que nadie va a quedar de la casa de Esaú, o no quedará ningún remanente que escape. Esto significa que el profeta Abdías está contrastando el monte de Sion como casa de Dios con el monte de Seir como la casa de Esaú, la casa de perdición. Abdías confronta el remanente de Israel que será salvo con ningún remanente de Esaú, porque todo será desolado. Abdías hace esas comparaciones mostrando cuan cierto es el principio de retribución mencionado anteriormente, en el versículo 15.

Debemos hacer hincapié en dos puntos aquí:
  1. La diferenciación que Abdías hace de la "casa de Jacob" con la "casa de José" es hecha para marcar el concepto del Israel afirmado en las tribus de Efraín y Manasés, mostrando que Abdías separa el reino del norte del reino del sur, haciendo referencia a Judá y a las tribus de Benjamín, y por asociación a la tribu de Simeón.
  2. Cuando Abdías combina las dos "casas" demuestra que este es un hecho que vamos a ver en la era mesiánica, cuando los dos reinos de nuevo serán tratados juntos (cf. Ezequiel 37:16-22; Oseas 1:11).

El propio pueblo reconquistará lo que le pertenecía, vs. 19-20

Entonces mi pueblo que vive en el Neguev ocupará las montañas de Edom. Los que viven en las colinas de Judá poseerán las llanuras de los filisteos y se apoderarán de los campos de Efraín y de Samaria, y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Los desterrados de Israel volverán a su tierra y ocuparán la costa de Fenicia hasta el norte de Sarepta. Los cautivos de Jerusalén desterrados en el norte volverán a casa y repoblarán los pueblos del Neguev. NTV.

En estos versículos Abdías nos muestra la consecuencia de la caída de Edom, nos muestra cómo será el día del Señor, cuando él use a su pueblo como un instrumento de justicia.

Estos versículos contienen información y tratan acerca de la restauración de Israel y Judá como instrumentos en la derrota de Edom. Estos versículos explican que la recomposición de las posesiones geográficas proporcionará beneficios a los hijos de Israel y la restauración de Judá incluirá una expansión de sus antiguos territorios.

El versículo 19 establece que los israelitas del Neguev heredarán la tierra de Edom, es decir, las montañas de Seir, las montañas de Esaú. El Neguev es la región del desierto del sur de Judá, que era a menudo el lugar de los ataques y abusos de los edomitas. También en el verso 19 leemos que los israelitas al pie de las montañas (Sefela) ocuparán la costa conocida como la tierra de los filisteos. Sefela es la región montañosa al suroeste de Judá. Además, tenemos la declaración de que el Neguev y Sefela también poseerían el antiguo territorio del Reino del Norte (Efraín y Samaria) así como el Neguev y Sefela eran parte del reino de Judá.

El versículo 19 nos dice también: y el pueblo de Benjamín ocupará la tierra de Galaad. Esta frase es una referencia al territorio al oeste del río Jordán que fue asignada a la media tribu de Manasés, y para las tribus de Rubén y Gad (cf. Números 32; Deuteronomio 3:8-22 y Josué 13:8-32). Benjamín estaba lejos de Galaad y tendría que viajar a través de Samaria y Efraín para llegar a aquella región, y eso nos recuerda que había una relación especial con el rey Saúl, que era Benjamita. Esta relación fue con Jabes Galaad (cf. 1 Samuel 11:1-11) Y en este sentido, es interesante observar que existe una clara identificación de Judá y Benjamín, y las tribus que sobrevivieron a la deportación del reino del norte por Asiria, constituyéndose así, más adelante, en el remanente de Israel (cf. 1 Crónicas y 2 Crónicas). Y esta declaración refleja la perspectiva del período tardío o posterior al exilio, lo que significa que ambos, Judá y Benjamín, verían la restauración de todo Israel en la tierra, en aquella que fuera la tierra de la promesa.

El versículo 20 declara que los exiliados del pueblo de Israel que estaban entre los cananeos hasta Sarepta y los exiliados de Jerusalén que estaban en Sefarad, retomarían la posesión de las ciudades del Neguev. Eso quiere decir que los del reino del norte que viviera en los territorios fenicios y cananeos hasta Sarepta unirían a los exiliados de Judá. Incluso en la literatura rabínica utilizar Sefarad se refiere a España, en el hebreo Bíblico puede referirse a Sardis, la capital del antiguo reino Lidio al centro oriente de Turquía, que aparentemente era la morada de algunos Judíos exiliados.

También podría ser identificado con la ciudad al oriente de Asiria. De cualquier manera, este versículo destaca como los exiliados del pueblo de Israel y Jerusalén, o los que escaparan, podrían habitar nuevamente en estas regiones. Lo notable es que las escenas colocadas en estos versículos implican directamente una acción divina en la cual la tierra misma viene a ser un agente que vencerá a los enemigos del pueblo de Dios.

El propio pueblo será gobernado por Dios, vs. 21

Los que hayan sido rescatados* subirán al* monte Sión en Jerusalén para gobernar sobre las montañas de Edom. ¡Y el SEÑOR mismo será rey!

En este versículo nos encontramos con esta expresión: Rescatadores. Este es un término que se utiliza en el libro de Jueces para nombrar a los jueces que liberaron a Israel de la opresión extranjera (cf. Jueces 2:16; Isaías 19:20). Estos subirían a, o desde el monte de Sion, símbolo del reino de Dios, para juzgar la región montañosa de Esaú, para administrar, establecer la justicia que en el Antiguo Testamento llevaba consigo la idea de gobernar. Resumiendo el mensaje de su profecía, Abdías destacó que el juicio sobre Edom, se llevaría a cabo por estos Rescatadores, que estaban en Jerusalén.

Es de notar que Joel dice algo similar en relación con otras naciones (cf. Joel 3:12).

Conclusión

Este versículo 21 es visto también como una conclusión de este libro. Él concluye con una profecía y termina el libro con el mismo principio teológico con que inició  el libro. Jehová el Señor es soberano sobre todas las naciones.

La expresión "¡Y el Señor mismo será rey!" (cf. vs. 21b) nos muestra la realidad del reino anunciado, pero no establecido, convirtiéndose así en un mensaje profético. Aquí tenemos un significado especial: todas las expectativas son superadas por la esperanza de que el reino será del Señor, porque Él es el gobernante de la historia de las naciones y el universo (cf. Sofonías 3:15; Zacarías 14:9). Para Abdías sólo con la destrucción de Edom, símbolo de las fuerzas humanas que se levantan contra Dios, podría la restauración, la liberación ser completada y ser inaugurado el reino escatológico de Dios, toda vez que en un gobierno soberano, Dios está por encima de todos los poderes humanos.

Esta es la esperanza segura de la verdad cristiana. Usted sabe que el reino es de Dios.

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¡Se acerca el día cuando yo, el Señor,
    juzgaré a todas las naciones paganas!
Como le hiciste a Israel,
    así se hará contigo.
Todas tus malas acciones
    recaerán sobre tu cabeza.
Así como te tragaste a mi pueblo
    en mi monte santo,
así tú y las naciones vecinas
    se tragarán el castigo que derramaré sobre ti.
Sí, todas las naciones beberán, se tambalearán
    y desaparecerán de la historia. Abdías 15-16 NTV.

Introducción 

Nuestro objetivo hoy es estudiar el penúltimo verso del profeta Abdías. Vamos a estudiar hoy Abdías 15-16. En este texto vamos a encontrar otra profecía condenatoria para Edom. Así como ellos habían maltratado al pueblo de Israel, el Señor, soberano y controlador de todo el universo y, por lo tanto, de todas las naciones, iba a retribuir sus malas acciones.

Esta retribución de nuestros actos pecaminosos nos debería recordar dos textos importantes. El primero está en el Antiguo Testamento en el libro de Proverbios: “Aunque su odio se cubra con disimulo, Su maldad será descubierta en la congregación. El que cava foso caerá en él; Y al que revuelve la piedra, sobre él le volverá”, Proverbios 26:26-27; y nos muestra que nuestras malas acciones, tienen consecuencias en contra de nosotros mismos. El segundo texto está en el Nuevo Testamento, escrito en la carta de Pablo a los Gálatas: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna”, Gálatas 6:7-8.

Ahora bien, ante estas verdades, ciertamente es posible entender claramente el mensaje de estos dos versículos. Siendo nuestro Dios, un Dios creador, soberano, omnisciente, omnipotente y omnipresente, sin duda no dejará pasar impunes nuestras actitudes carnales, que revelan todo lo que hay de malo en nuestro interior. Dios quien es soberano, juzgará a todos los impíos de acuerdo con su justo juicio. Este juicio es universal y ningún reino, nación, gente, familia, individuo será libre de este encuentro con el Señor.

Porque Dios es soberano, desde el Antiguo Testamento leemos acerca del reino de Dios, y sobre la posibilidad de pertenecer a ese reino, pero es necesario someternos a él y a sus leyes, que revelan su carácter santo y justo. El gobierno, el dominio soberano de Dios es universal, absoluto e inmutable (inalterable). Y esta verdad puede ser comprobada a través de las siguientes afirmaciones:


  1. La soberanía de Dios es universal. Ella se extiende sobre toda su creación; animada e inanimada. En el reino de los seres vivos, Dios ejerce dominio sobre los ángeles, la humanidad y los animales inferiores. Ni siquiera un pájaro cae sin la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos (Mateo 10:29-31 cf. Lucas 21:18). Asimismo, ya anteriormente el salmista había proclamado: “Jehová estableció en los cielos su trono, Y su reino domina sobre todos”, Salmos 103:19. 
  2. La soberanía de Dios es absoluta. La autoridad de Dios es perfecta en su administración; ella es ejercida a través de la infinita sabiduría de Dios, y es potente en la extensión de su poder, gloria y dominio. No hay, ni habrá quien ponga límites, en el lugar de autoridad, ni al poder del Dios soberano. En el desarrollo de sus propósitos y planes eternos, el Señor actúa según su voluntad en los habitantes del cielo y en los habitantes de la tierra. Nada en toda la creación es capaz de resistir la voluntad de Dios, o frustrar sus propósitos, ya sea por medio de hombres, superhombres, ángeles caídos, espíritus malignos, o cualquier otra cosa. Isaías declaró esta gran verdad cuando, inspirado por el mismo Dios escribió: “Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado”, Isaías 14:24.
  3. La soberanía de Dios es inmutable. Se mantiene inalterable en el tiempo y bajo cualquier circunstancia. El gobierno y dominio soberano de Dios no pueden ser ignorados; no pueden ser rechazados y no pueden ser frustrados o impedidos por la humanidad o cualquier otra cosa en la creación. El poder y dominio soberano de Dios sujeta a todas las criaturas tan completamente como las leyes físicas sujetan el universo material. Lo que Dios ha decretado o preordenado acontece inevitablemente. Así dice la Escritura: “Jehová hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones”, Salmo 33:10-11.


El dominio universal de Dios en los cielos y la tierra es eterno y universal, y se basa en su papel como creador y sustentador. Y porque Él es santo y justo, podemos confiar que en Dios no hay acepción de personas. Pedro entendió este situación cuando predicó por primera vez a los gentiles (Hechos 10:34). Por lo tanto, esa misma verdad es reafirmada en toda la Escritura cuando nos muestra la necesidad de que todos se inclinen ante él. Dios es un juez justo. Corresponde al hombre conformarse a la voluntad del Señor, porque todos serán juzgados. Por desgracia, al igual que Israel fracasó en ser la nación santa que Dios deseaba, también fracasaron otras naciones en gobernar con justicia y equidad. Frente a esta evidencia todos se enfrentan al juicio del Señor.

Aunque hemos dado estas referencias tan claras, tenemos que reconocer que uno de los problemas del hombre es negarse a aceptar la soberanía de Dios en su vida. Esto sucede porque el hombre no entiende el derecho absoluto de Dios para gobernar su vida. Dios tiene este derecho inherente, porque Él es el Creador. Tenemos que entender que nada acontece en la tierra sin la autorización o aprobación de Él. Hago esta precisión porque Él permite que ciertas cosas sucedan aun cuando están en contra de su voluntad, pero eso no quiere decir que él las apruebe. De alguna manera el hombre tiene elecciones que debe hacer. Incluso, que Dios permita el ejercicio de esa libertad, no significa que Él apruebe las escogencias del hombre que sean contrarias a su santa voluntad. Mientras tanto, la soberanía de Dios no se ve disminuida por el ejercicio de la voluntad del hombre, y por eso, todos seremos juzgados.

Dios hizo del Mesías un rey: “Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte”, Salmo 2:6. Cristo fue el gobernador elegido por Dios: “de ti me saldrá el que será Señor en Israel”, Miqueas 5:2. Y debido a que el Mesías será el rey, Él gobernará por el Padre (cf. Abdías 1:21).

El Juez estará sentado. Millones y millones de personas estarán delante de Él, esperando la sentencia. A la orden del Juez, toda la multitud comienza a moverse. Serán separados de acuerdo a su carácter y colocados a la derecha y a la izquierda. Millones de personas que alguna vez estuvieron entre los santos y fueron estimados por otros debido a su piedad, ahora se encuentran aislados de aquellos y situados entre los malvados, a la izquierda. Por otro lado, un número de almas desdichadas, pero de corazón sincero e impotentes, que a juicio de otros eran considerados como los insensibles de entre la izquierda, pero ahora, con gozo inefable, se encuentran situados de entre los de la derecha del juez, que los contempla con amor y bondad.

El juicio se inicia. Dios juzgará los secretos de los hombres por medio de Jesucristo. Todas las obras de todos los hijos de los hombres serán juzgados. ¿Qué extrañas revelaciones manifestará este juicio? Serán juzgadas las obras, las creencias, la fe, serán evaluadas en Dios, el Mesías, el Rey, el Juez, el Señor Jesucristo.

Los salvos, justificados, regenerados, redimidos, oirán de Jesús las palabras más hermosas de toda su vida: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”, Mateo 25:34. Pero, por desgracia, los perdidos, los que no fueron justificados, los que se mantuvieron rebeldes contra el Hijo y el Padre van a escuchar del Supremo Juez las palabras que serán llevadas por toda la eternidad: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles”, Mateo 25:41.

Así como seamos, todos daremos cuenta a nuestro Dios y Juez Supremo, individuos, familias, pueblos, naciones estarán en ese tribunal. Edom y muchas otras naciones serán juzgadas. Entonces estos versículos nos advierten que: Todos los soberbios que actúan impíamente enfrentarán el juicio universal divino.

En este texto encontramos tres declaraciones sobre el juicio universal divino.

1° El juicio divino universal, llegará a todas las naciones, v. 15 

“Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones”.

El Día del Señor sobre Edom y otras naciones se presenta claramente en estos versículos. En la primera parte de este versículo, el día del Señor que está por venir, es un tiempo de juicio espantoso. Se está aproximando, está cada vez más cerca y se aplica a Edom y todas las naciones, incluyendo a aquellos que fueron llamados para levantarse contra Edom (cf. vs. 1). Abdías, siguiendo la tradición de Isaías 34 adjudica el "día del Señor" a Edom y a las demás naciones, estableciendo de esta manera la soberanía y el poder del Señor sobre todos.

2° El juicio divino universal es la recompensa por el daño causado, v. 15 

“como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza”.

En la segunda parte del versículo 15, Abdías toma un principio del antiguo Israel y el sistema de justicia judío. "Cualquiera que haga sufrir a otro, el mismo sufrimiento se le causará", o en otras palabras: “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie”, Éxodo 21:24. En este pasaje se apoya el profeta; además de este, en textos como Levítico 24:16-22, Deuteronomio 19:21 y ahora aplicados a Edom y las demás naciones.

Esta enseñanza proverbial sirve de discernimiento y sirve también como la base para el juicio de Dios contra Edom. Así como Edom participó activamente cuando las naciones de Judá e Israel estaban siendo devastadas, así también Edom sería devastada en el futuro. En cierto modo, esta segunda parte del versículo quince es un complemento, una conclusión de lo que hemos visto hasta ahora, es decir, todo el contenido del versículo uno al catorce.

3° El juicio universal divino reducirá  a nada a los poderosos, v. 16

“De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán continuamente todas las naciones; beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido”.

El versículo 16, que trata sobre el juicio de Dios sobre todas las naciones, también se puede dividir en dos partes:

  1. Comer y beber eran parte importante de la ceremonia cuando se establecían  los pactos, los acuerdos. La frase: De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte... se refiere a esta etapa del establecimiento de pactos realizados entre las naciones antiguas. Abdías probablemente se refiere a la traición de Edom contra Israel y Judá, después de haber hecho un pacto con Israel en el Monte Sion, sellándolo con la bebida y comida durante los siglos X y IX antes de Cristo (cf. 2 Samuel 8:13-14; 1 Reyes 11:14-22; 2 Reyes 3:9-27) y Judá en el siglo VI antes de Cristo (cf. Jeremías 27:2-3). Y además de esa referencia directa a la traición de Edom, Abdías extiende su proclama contra otras naciones que también estaban aliados a Israel y Judá durante su tiempo de angustia.

    Siguiendo la metáfora frecuente de los otros profetas que beben la ira de Jehová, la copa (cf. Isaías 51:17-23; Jeremías 25:15-16; Lamentaciones 4:21; Habacuc 2:16), Abdías se refiere probablemente a la destrucción de Jerusalén como parte del juicio de Dios sobre su pueblo a
    causa de sus pecados.

    Tenemos que entender claramente: el hecho de que Israel y Judá hayan bebido la copa de la ira de Jehová y hayan sido disciplinados con la justa justicia divina, no impediría a Dios dar a beber de la misma copa de su ira, disciplinando, castigando y destruyendo a Edom y las demás naciones que también eran pecadoras y, específicamente, habían traicionado a Israel y Judá cuando estas estaban siendo disciplinadas por el Señor. Nadie que anduvo contrariamente a los principios éticos y espirituales del Señor estuvo, está o estará exento de enfrentar al Señor.
  2. La segunda parte del versículo 16 muestra, entonces, que esta sentencia incluye todas las naciones. Todos bebieron la copa de la ira del Señor. Por lo tanto el versículo 16 está mostrando claramente que el juicio divino sobre los edomitas es uno de los aspectos del día del Señor, que había llegado a su pueblo y que llegaría a todas las naciones de la tierra, convirtiéndose así estas palabras, en palabras profética del juicio universal.

    Y, como veremos en el último párrafo que examinaremos en el próximo estudio, esos versículos amplían esta profecía de condenación de Edom y la salvación del remanente de Judá a través de conceptos teológicos opuestos, al contrastar: "el monte de Sion con el monte de Esaú" y "el remanente con ningún remanente".

Conclusión

¿Qué lecciones o castigo Edom nos ofrece?

  1. Nadie que pretenda perjudicar al pueblo de Dios quedará impune por el Señor. 
  2. Los que están del lado de Dios están protegidos y esperan mejores días. 
  3. Aunque parezca lo contrario, Dios tiene en sus manos el curso de la historia y ejerce de acuerdo a su soberanía. 
  4. La historia de la salvación es lineal y no cíclica, y se mueve objetivamente hacia el final que Dios ha preparado para ella. 
  5. Es conveniente para todo hombre sabio, ser parte del pueblo de Dios, que es la iglesia, para que pueda obtener ventaja de las futuras bendiciones que Él tiene reservada para los suyos. 


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A causa de la violencia con la que trataste a tus parientes cercanos de Israel, te llenarás de vergüenza y serás destruido para siempre. Cuando tus parientes fueron invadidos, te mantuviste al margen y te negaste a ayudarlos.  Los invasores se llevaron su riqueza y echaron suertes para repartirse Jerusalén,  pero tú actuaste como un enemigo de Israel. No debiste alegrarte cuando desterraron a tus parientes a tierras lejanas. No debiste gozarte cuando el pueblo de Judá sufría semejante desgracia. No debiste hablar con arrogancia en ese terrible tiempo de angustia. No debiste saquear la tierra de Israel mientras ellos sufrían semejante calamidad. No debiste regodearte de su destrucción mientras sufrían semejante calamidad. No debiste robar sus riquezas mientras sufrían semejante calamidad. No debiste pararte en la encrucijada para matar a los que intentaban escapar. No debiste capturar y entregar a los sobrevivientes  en su terrible tiempo de angustia. Abdías 1:10-14.

Introducción

Hoy tenemos como objetivo examinar otro párrafo de la profecía de Abdías. Vamos a estar estudiando los versículos de Abdías 1:10-14.

Los libros proféticos del Antiguo Testamento son mensajes inspirados y enviados por diferentes predicadores, quienes fueron llamados por Dios a este ministerio profético, para llevar Su palabra a su pueblo y a otras naciones que también están bajo Su autoridad. Los profetas ejercieron su ministerio en el mismo período de tiempo comprendido en los libros históricos; especialmente los libros de Reyes y los libros de Crónicas. La mayoría de ellos proclaman la voluntad de Dios a los descendientes de Abraham, hebreos, identificados como los israelíes y los judíos. Sin embargo algunos de ellos en sus escritos tienen también referencia a otras naciones. El libro de Abdías es un libro profético sobre la gente de Edom, descendientes de Esaú, el primogénito de Isaac.

Los libros proféticos incluyen referencias ocasionales al futuro, especialmente profecías acerca de la primera venida de Jesucristo. Los primeros cinco de estos libros porque son más largos, son conocidos como los profetas mayores. Isaías escribió unos 700 años antes de Cristo y se utilizó la caída de Israel (la mayor parte de los descendientes de Abraham) para advertir a Judá (las otras tribus) que necesitaban arrepentirse. Jeremías llegó unos 100 años más tarde y dio la última advertencia de Dios para el pueblo rebelde de Judá antes de su caída. Jeremías también escribió Lamentaciones, un libro de duelo a causa de la destrucción de Jerusalén. Ezequiel y Daniel estaban entre los cautivos de Judá en Babilonia. Instaron al pueblo al arrepentimiento y la confianza de que Dios los iba a rescatar de su cautiverio.

Hay que recordar que los restantes doce libros del Antiguo Testamento son llamados los Profetas Menores porque son más cortos. Sus mensajes son también muy significativos e importantes. Algunos de ellos fueron escritos en la época de la caída de Israel (Amós, Oseas y Miqueas), mientras que otros fueron escritos en el momento de la caída de Judá (Sofonías y Habacuc). Joel advirtió al pueblo de Judá acerca de la necesidad de arrepentimiento. Jonás y Nahum hablaron de las consecuencias de los pecados de la gente asiria, la gente de Nínive; en tanto que Abdías advirtió a los edomitas sobre su inminente castigo. Los tres últimos profetas del Antiguo Testamento (Hageo, Zacarías y Malaquías) animaron a las personas que habían regresado del cautiverio para servir fielmente a Dios. Después de haber hecho este breve resumen, podremos entender mejor el contexto de esta profecía contra Edom. Dios llamó a Abdías, probablemente un profeta del reino del sur, para declarar Su juicio contra Edom.

Además de Abdías, otros profetas trajeron mensajes contra Edom. Por ejemplo, en Ezequiel donde se lee esta declaración: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el monte de Seir, y profetiza contra él, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh monte de Seir, y extenderé mi mano contra ti, y te convertiré en desierto y en soledad. A tus ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy Jehová. Por cuanto tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo extremadamente malo, por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, que a sangre te destinaré, y sangre te perseguirá; y porque la sangre no aborreciste, sangre te perseguirá. Y convertiré al monte de Seir en desierto y en soledad, y cortaré de él al que vaya y al que venga. Y llenaré sus montes de sus muertos; en tus collados, en tus valles y en todos tus arroyos, caerán muertos a espada. Yo te pondré en asolamiento perpetuo, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis que yo soy Jehová. Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y tomaré posesión de ellas; estando allí Jehová; por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, yo haré conforme a tu ira, y conforme a tu celo con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos; y seré conocido en ellos, cuando te juzgue. Y sabrás que yo Jehová he oído todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: Destruidos son, nos han sido dados para que los devoremos. Y os engrandecisteis contra mí con vuestra boca, y multiplicasteis contra mí vuestras palabras. Yo lo oí. Así ha dicho Jehová el Señor: Para que toda la tierra se regocije, yo te haré una desolación. Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fue asolada, así te haré a ti; asolado será el monte de Seir, y todo Edom, todo él; y sabrán que yo soy Jehová”, Ezequiel 35:1-15.

En Joel, leemos esta frase: “Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente”, Joel 3:19. Del mismo modo encontramos esa reprensión en las palabras del profeta Miqueas al referirse a la actitud de Edom que no dejó pasar a Israel por su territorio cuando caminaba hacia la tierra prometida (cf. Números 20:14-21). Este fue el mensaje de Miqueas: “Por eso yo también te hice enflaquecer hiriéndote, asolándote por tus pecados”, Miqueas 6:13.

Debido a que Edom no actuó misericordiosamente hacia su hermano Israel/Judá, Dios lo condenó irrevocablemente. Cuando leemos estos versículos sobre los cuales vamos a reflexionar, entendemos por qué el título de este estudio: El juicio divino es causado por la falta de misericordia.

En el texto de Abdías encontramos una etapa más acerca de la condena hacia Edom luego de haber observado su ruda actitud frente a la consternación de Israel/Judá. A lo largo de la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento observamos que existe un espíritu de contienda, hostilidad, combate. El diablo está combatiendo contra nosotros, contra el pueblo de Dios con todas sus fuerzas. Él es el enemigo, es necesario entonces percibir que estamos en guerra y que debemos luchar con diligencia por la fe que una vez nos fue dada (Judas 3). Satanás ha introducido ampliamente la idea de que todo está bien, que no existen actitudes equivocadas en los procederes humanos, con la finalidad de depositar aún más orgullo en el corazón de las personas, que por naturaleza ya son orgullosos y deteriorar de esta manera la dependencia de Dios. El diablo quiere mostrarnos algo bueno en todo lo que hacemos. Él trata de colorear nuestras actitudes en tonos de gris. Sin embargo, la Biblia, está llena de un fuerte lenguaje contra el pecado y la falsa modestia.

Muchas de las palabras que Cristo le dijo a los fariseos, en el mundo “modernizado” de hoy son interpretadas como de cristianos de poca categoría; ejemplo de ello lo encontramos en Mateo 23. Esto nos lleva a reflexionar en lo que se ha convertido el cristianismo y si Cristo está siendo excluido. Pasajes como Tito 1, 2 Pedro 2; Judas; Apocalipsis 2:6; 19:1-6 son muy fuertes en cuanto a la batalla contra el error y en contra de los que lo propician. No deberemos ceder o armonizar con ellos, ni con sus prácticas. Cuando la iglesia de Laodicea intentó comprometer la verdad del evangelio (Apocalipsis 3:14-22), en la práctica ella dejó al Señor del lado de afuera llamando a la puerta de Su propia iglesia exhortándoles que le permitieran entrar. Nuestras alianzas pueden colocar al Señor a un lado de nuestras vidas. Nuestros puntos de vista distorsionados pueden hacernos llegar al punto de rechazar los principios del Evangelio.

Cuando el mundo dice que hay que: "aprovechar las oportunidades", cuando el mundo dice que: "No podemos dejar pasar la oportunidad", estamos siendo conducidos a eludir las condiciones de nuestro prójimo, incluso en una situación de peligro, de dificultad, de abatimiento. Lo que el mundo enseña es que debemos exhibirnos poderosos y fuertes en todas las situaciones, aun a costa de hundir más a nuestro hermano, o prójimo. El mundo inculca la idea de egoísmo, y nosotros nos dejamos envolver.

Sin embargo, así como satanás trata de atraernos a lo malo, Dios, en infinita gracia, bondad y misericordia nos llama siempre la atención y nos advierte en contra de nuestras malas obras. En los días del Antiguo Testamento, en época de los profetas, estos hombres fueron usados por Dios para llamar la atención, no sólo de su pueblo, sino también de otras naciones por los pecados de orgullo, egoísmo e insensibilidad, como lo vemos en este caso particular, en las palabras de Abdías contra la nación edomita.

La expresión "A causa de..." era parte del vocabulario de los profetas, y era la explicación que Dios daba a su pueblo u otras naciones acerca de los juicios venideros que Él haría de derramar sobre los injustos y malvados. Dios desea enseñarnos que tenemos un patrón de vida que seguir; nos ha proporcionado unas normas de comportamiento para modelar nuestras motivaciones, actitudes y reacciones. Siendo que nuestro Dios es Santo, debemos ser santos. Siendo nuestro Dios perdonador, debemos perdonar, siendo misericordioso debemos actuar con misericordia.

Debido a que, a menudo, actuamos como los edomitas, insensibles al sufrimiento de los demás, el principio que este texto nos presenta como desafío  se observa en la siguiente frase: La falta de misericordia para con los abatidos resultará en el juicio divino contra el insensible.

Vamos a encontrar en este texto, tres consecuencias causadas por la falta de misericordia.

La vergüenza por la crueldad, v. 10

A causa de la violencia con la que trataste a tus parientes cercanos de Israel, te llenarás de vergüenza y serás destruido para siempre.

En el versículo 10, encontramos nuevamente el fundamento teológico de la profecía de condenación dado por Abdías contra el pueblo de Edom. La razón de esa condena fue la traición que cometió Edom contra su hermano Israel/Judá. Edom se colocó del lado de los enemigos de Israel en el momento en que Jerusalén y Judá estaban viviendo en gran angustia. En palabras de Abdías, la visión de Dios, esta actitud de Edom, fue una crueldad contra Israel.

Como vimos en la introducción al estudio de esta profecía, Esaú era el hermano gemelo de Jacob/Israel. Entre los hermanos tiene que haber protección y cuidado especial por el hecho de ser hermano, Romanos 12:10. Esa protección debía ser parte de la conciencia fraternal y moral, pero Edom había abandonado estas prácticas. No proteger a tu hermano, no apoyarlo, pero además asociarse con los que se levantan contra él, es crueldad. La sentencia es definitiva y el castigo es que no habría ninguna esperanza. Edom sería avergonzado por el Señor, porque él había abandonado los principios básicos de la relación humana.

El mensaje por el desprecio, vs.11

Cuando tus parientes fueron invadidos, te mantuviste al margen y te negaste a ayudarlos. Los invasores se llevaron sus riquezas y echaron suertes para repartirse Jerusalén, pero tú actuaste como un enemigo de Israel.

El versículo 11 destaca cómo había sucedido esta crueldad edomita. Es probable que Abdías se refiriera a algún acontecimiento histórico, como vimos en la introducción, o en los días del rey Joram o en los días de la invasión de Babilonia, cuando Jerusalén fue mancillada por el enemigo. Cuando tomaron la ciudad y se llevaron a muchos judíos cautivos. Sea cuando sea que ocurrió este siniestro, esta derrota israelí, los edomitas no cumplieron el mandamiento de conciencia moral y el deber de hermano. La protección de su gemelo. Pero más allá de eso Abdías también dijo que la indiferencia, la insensibilidad edomita frente a la desgracia de los Israelitas fue más allá. Los edomitas se aprovecharon de las circunstancias y se comportaron como enemigos; también saquearon a sus hermanos que estaban sufriendo.

Frente a esta actitud, el profeta Ezequiel fue usado por Dios para también advertir a Edom, con estas palabras: “Así ha dicho Jehová el Señor: Por lo que hizo Edom, tomando venganza de la casa de Judá, pues delinquieron en extremo, y se vengaron de ellos; por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Yo también extenderé mi mano sobre Edom, y cortaré de ella hombres y bestias, y la asolaré; desde Temán hasta Dedán caerán a espada. Y pondré mi venganza contra Edom en manos de mi pueblo Israel, y harán en Edom según mi enojo y conforme a mi ira; y conocerán mi venganza, dice Jehová el Señor”, Ezequiel 25:12-14.

Reprobar el orgullo, vs. 12-14

No debiste alegrarte cuando desterraron a tus parientes a tierras lejanas. No debiste gozarte  cuando el pueblo de Judá sufría semejante desgracia. No debiste hablar con arrogancia en ese terrible tiempo de angustia. No debiste saquear la tierra de Israel mientras ellos sufrían semejante calamidad. No debiste regodearte de su destrucción mientras sufrían semejante calamidad. No debiste robar sus riquezas mientras sufrían semejante calamidad. No debiste pararte en la encrucijada  para matar a los que intentaban escapar. No debiste capturar y entregar a los sobrevivientes en su terrible tiempo de angustia.

Antes de analizar estos versículos, examinemos lo siguiente: ¿Por qué Dios se identifica a sí mismo en las Escrituras, como el Dios de Jacob, su pueblo? Al estudiar la historia de estos pueblos vemos que existieron grandes contrastes entre Jacob y Esaú. Jacob fue sin duda una persona egoísta y engañadora. Entonces, ¿Por qué no se presenta Dios, como el Dios de Esaú? Para responder a esta pregunta debemos comprender una valiosa lección. Dios no piensa como nosotros pensamos. Dios no actúa de acuerdo a nuestra visión. Esta elección de Dios es una manifestación de su gracia y soberanía. El hombre nunca tendrá suficiente mérito delante de Dios como para actuar de manera diferente. Así como David, que cometió adulterio y asesinato, fue considerado para ser un hombre conformado al corazón de Dios; así como Pablo perseguidor de la iglesia, fue elegido para llevar el Evangelio a los gentiles; así también Jacob, el engañador, fue escogido para ser padre de una nación de donde descendería el Mesías, Jesús, nuestro Salvador. Esta es una lección acerca de la soberanía y la gracia de Dios.

Debido a que Edom se condujo de manera no aceptable a los ojos de Dios, Edom sería avergonzado, fue advertido, y reprendido.

En estos versículos 12 al 14 encontramos siete razones por las que Edom fue condenado:

  1. No debió haber mirado con placer en el día en que su hermano estaba siendo quebrantado;
  2. No debió haberse alegrado de los hijos de Judá en el día de su quebrantamiento;
  3. No debió haber hablado a boca llena, el día de su angustia;
  4. No debió haber entrado por la puerta del pueblo de Dios en el día de su quebrantamiento;
  5. No debió haber echado mano los bienes de su hermano el día de su quebrantamiento;
  6. No debió haberse parado en las encrucijadas para matar a los que escapaban;
  7. No debió haber entregado a los que quedaron el día de la angustia.

Conclusión

¿No es cierto que a veces pareciera que actuáramos de la misma forma? Siempre tenemos que evaluarnos a la luz de las Sagradas Escrituras.

Estos pecados de Edom, que trajeron el juicio de Dios contra ellos deben ser comprendidos y no deberán ser practicados por aquellos que desean vivir una vida que agrada y glorifica el nombre de Dios.

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Visión de Abdías.  Jehová el Señor ha dicho así en cuanto a Edom: Hemos oído el pregón de Jehová,  y mensajero ha sido enviado a las naciones.  Levantaos,  y levantémonos contra este pueblo en batalla.  He aquí,  pequeño te he hecho entre las naciones;  estás abatido en gran manera. La soberbia de tu corazón te ha engañado,  tú que moras en las hendiduras de las peñas,  en tu altísima morada;  que dices en tu corazón:   ¿Quién me derribará a tierra? Si te remontares como águila,  y aunque entre las estrellas pusieres tu nido,  de ahí te derribaré,  dice Jehová. Si ladrones vinieran a ti,  o robadores de noche (¡cómo has sido destruido!),   ¿no hurtarían lo que les bastase?  Si entraran a ti vendimiadores,   ¿no dejarían algún rebusco? ¡Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú!  Sus tesoros escondidos fueron buscados. Todos tus aliados te han engañado;  hasta los confines te hicieron llegar;  los que estaban en paz contigo prevalecieron contra ti;  los que comían tu pan pusieron lazo debajo de ti;  no hay en ello entendimiento. ¿No haré que perezcan en aquel día,  dice Jehová,  los sabios de Edom,  y la prudencia del monte de Esaú? Y tus valientes,  oh Temán,  serán amedrentados;  porque todo hombre será cortado del monte de Esaú por el estrago. Abdías 1-9.

Introducción

Hoy tenemos como objetivo comenzar el estudio del texto del profeta Abdías. Vamos a estudiar Abdías 1-9. Este texto nos presenta la sentencia de Dios contra Edom. Y esta sentencia condenatoria de Dios fue causada por el orgullo de Edom, que se consideraba como una nación impenetrable.

Este pecado de Edom nos recuerda Proverbios 6:16-19 donde lista las actitudes que no agradan a Dios:
Seis cosas aborrece Jehová,
Y aun siete abomina su alma:
Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre inocente,
El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal,
El testigo falso que habla mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
Todas estas actitudes son rechazadas por Dios; y es interesante notar que una de ellas es los ojos altivos. Esto merece nuestra reflexión. Dios aborrece el orgullo. El orgullo carece de todo fundamento, por lo tanto es estúpido e irracional.

La persona orgullosa es sabia en su propia opinión (Proverbios 3:7; Romanos 12:16), y esta es la razón por la cual el orgulloso se cierra a la enseñanza o consejo (Proverbios 9:7-8).
No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal. 
Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. 
El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; El que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; Corrige al sabio, y te amará.
La persona que es orgullosa, soberbia presume conocer mejor todas las situaciones y circunstancias, y considera que no será abatida por ninguna de ellas. El orgullo se evidencia en el amor a sí mismo, la  avaricia,  vanagloria,  soberbia, jactancia etc. (Romanos 1:30; 2 Timoteo 3:2); o en la presunción de que se tiene más control sobre la vida de lo que realmente se tiene (Santiago 4:13-16, contexto); o una pretenciosa exhibición con respecto a posiciones y logros materiales (1 Juan 2:16; Filipenses 3:4-8).

En el soberbio se puede observar un aire de superioridad, (Proverbios 21:4), en un hablar insolente (Salmo 17:10), lucen su orgullo como un collar de piedras preciosas y se visten de crueldad (Salmo 73:6). El orgullo se manifiesta en el tratamiento despectivo hacia las personas que les parece inferiores, o que están pasando por necesidades y tribulaciones (Lucas 18:9-14; Romanos 14:1-3). El orgullo puede conducir a cierta intrepidez y exceso de confianza con respecto a permanecer de pie (Proverbios 14:6; Mateo 26:31-35; 1 Corintios 10:12).

Santiago llama a los soberbios al arrepentimiento porque "… Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes…  limpiad las manos… purificad vuestros corazones... Humillaos delante del Señor, y él os exaltará" Santiago 4:6-10. La Palabra debe convertirse en el espejo en el cual nos vemos a nosotros mismos, Santiago 1:22-25, exponiendo el pecado escondido en nuestro corazón, Salmo 19: 11-14.

Edom no se humilló, no se molestó en conocer la voluntad de Dios, no trató de conocer la ley del Señor y por lo tanto llegó a ser cada vez más orgulloso, no teniendo compasión del pueblo de Dios cuando este estaba siendo victimizado.

De manera que, lo que la Biblia nos muestra, en relación con el orgullo, un tema tan serio y tan común en nuestra experiencia de vida, es que el orgulloso será avergonzado; y ese es el mensaje de Abdías en estos versículos, ese es el juicio de Dios contra Edom.

Cuando Jerusalén fue masacrada,  cuando fue invadida y derrotada en una de sus muchas luchas contra los enemigos, Edom, una nación tan cercana, no ayudó. Enorgulleciéndose de su seguridad y tomando ventaja de la debilidad de los hijos de Israel, los edomitas los perjudicaron aún más. Hubo enemistad entre las dos naciones durante mucho tiempo y después de muchas circunstancias, entonces vino la Palabra de Dios a través de su profeta, con una palabra de juicio y condenación. Por lo tanto, el desafío para nosotros en este pasaje podría resumirse en esta frase: Las actitudes impías contrarias a la voluntad de Dios resultarán en juicio divino.

En este texto encontramos tres consecuencias como resultado de las actitudes impías contrarias a la voluntad de Dios que producen juicio divino.


La 1ª el orgullo será derrotado

Versículos 1-4:
Esta es la visión que el Señor Soberano reveló a Abdías acerca de la tierra de Edom. Hemos oído un mensaje del Señor, que un embajador fue enviado a las naciones para decir: «¡Prepárense todos! ¡Convoquemos a nuestros ejércitos y ataquemos a Edom!». El Señor dice a Edom: «Te haré pequeña entre las naciones; serás muy despreciada. Has sido engañada por tu propio orgullo  porque vives en una fortaleza de piedra  y haces tu morada en lo alto de las montañas. “¿Quién puede tocarnos aquí en las remotas alturas?”, te preguntas con arrogancia; pero aunque te remontes tan alto como las águilas y construyas tu nido entre las estrellas, te haré caer estrepitosamente», dice el Señor. NTV. 
En estos versículos tenemos el pronunciamiento del juicio contra Edom. El versículo 1 es introductorio, pero es importante, debido a su gran mensaje teológico. Este primer versículo podría dividirse en cinco partes:

  1. El profeta comienza haciendo una referencia a su visión específica, que nos muestra la naturaleza de su mensaje. Las visiones eran una manera por la cual los profetas interpretaban el mensaje de Dios a los Israelitas y al mundo de una situación histórica específica.
  2. El profeta introduce su nombre: Abdías, que significa, como hemos visto anteriormente: siervo o adorador de Jehová, pero no hace ninguna mención acerca de su familia, la fecha o el contexto de su profecía.
  3. La expresión hebrea: Jehová el Señor, pone de relieve o da significación a la autoridad divina sobre los pueblos y los reyes de la tierra. Es la majestad suprema de nuestro Dios, que tiene algo que decir acerca de Edom, un pueblo no reconocido como pueblo de Dios, pero sobre el cual Jehová también tiene autoridad.
  4. Aquí Abdías habla como un miembro de la comunidad de los profetas que interpretan el mensaje divino y después envían un mensajero a las naciones con su proclamación. Este mensajero desempeña el papel de "Ángel", pues es enviado con el mensaje particular.
  5. Esta declaración es un llamado a los pueblos vecinos a unirse para el juicio contra Edom por causa de su mal comportamiento hacia una nación hermana de Israel/Judá.

Los versículos dos al cuatro nos proporcionan el fundamento teológico de la predicción de condenación formulada por Abdías.

El versículo 2 resalta la condenación de una nación orgullosa, destacando su destino final: será reducida porque se enalteció a sí misma con soberbia y arrogancia. Será abandonada y menospreciada, porque se remontó sobre otros.

El mensaje divino a través de sus profetas fue y sigue siendo:
Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios, Miqueas 6:8.
Este mensaje tiene un carácter universal y eterno;  esto es confirmado por la misma Palabra, porque Jehová estaba juzgando a Edom basado en esa premisa moral para todas las naciones.

En los versículos 3-4 nos encontramos con las razones de la destrucción de Edom.

En el versículo 3, constatamos que la soberbia es el peor consejero y un mal conductor de la vida, ya que ninguno de sus consejos son verdaderos; de hecho, se han comprobado como falsos. También se apunta a Edom, como el pueblo que vivía en las grietas de las rocas, porque particularmente Edom se había establecido y fortalecido en esa zona y allí habían construido una fortaleza (cf. 2 Reyes 14:7), más adelante ese sería el lugar donde construirían la ciudad de Petra, por los nabateos.

Este sitio se caracterizaba por la seguridad militar que ofrecía y por la seguridad geográfica que proporcionaba en comparación con otros lugares.

El versículo 4 utiliza dos imágenes para mostrarnos la insensatez de la soberbia de Edom, pues se habían imaginado que como nación, podrían exaltarse tantas veces como quisieran; como "las águilas" que emprenden vuelo, escapando siempre de sus enemigos; como remontando a "las estrellas" asumiendo que las alturas los protegerán de los ataques de sus enemigos. El profeta anuncia la condenación de Dios diciendo: de ahí te derribaré, dice Jehová. Sin lugar a dudas, una lección para aprender es que no hay un lugar lo suficientemente resguardado como para proteger a cualquier nación del juicio de Dios.

La 2ª las riquezas serán esparcidas

Versículos 5-7:
«Si vinieran ladrones en la noche y te robaran, (¡qué desastre te espera!) no se llevarían todo. Los que cosechan uvas siempre dejan unas cuantas para los pobres. ¡Pero tus enemigos te aniquilarán por completo! Registrarán y saquearán cada rincón y cada grieta de Edom. Se llevarán hasta el último de los tesoros escondidos.» Todos tus aliados se volverán contra ti y ayudarán a expulsarte de tu tierra. Te prometerán paz mientras traman engañarte y destruirte. Tus amigos de confianza te tenderán trampas  y ni siquiera te darás cuenta. NTV.
El versículo 5 introduce, un lamento irónico de la destrucción de Edom, utilizando otras dos figuras: los ladrones y los vendimiadores, contrastando de esta manera el pequeño daño que harían estos ladrones y vendimiadores en comparación con la gran destrucción que le esperaba a Edom, de manos de aquellos que fueron convocados por nuestro Dios para castigar a Edom. A diferencia de los ladrones que sólo toman lo que quieren, los que castigarán a Edom no van a dejar nada, tomarán todo. La destrucción será completa. La diferencia con los vendimiadores es que estos en tiempo de cosecha dejan algo para los pobres (cf. Lucas 19:10), pero aquellos que se levantarían contra Edom no dejarían absolutamente nada. El saqueo sería completo. La predicción introduce la destrucción total de Edom y es descrita utilizando el perfecto profético, es decir, que el futuro es tan cierto que el profeta lo expresa como ya realizado; mostrando la convicción de que su mensaje es divino y que sin duda se cumplirá.

En el versículo 6 tenemos la declaración de la pérdida de la seguridad y protección de Esaú o Edom. Todo lo que estaba oculto y que daba seguridad nacional a Edom habían sido descubiertos y sus tesoros saqueados. Esos tesoros escondidos eran el resultado del comercio de las caravanas en el desierto. Los bienes y tesoros de los cuales se enorgullecía Esaú se habían perdido.

Cabe señalar que Abdías utiliza el nombre Esaú para referirse a Edom, utiliza el nombre de una persona para referirse a un grupo. Esto es lo que se llama "personalidad corporativa". Así Esaú fue descubierto, y por lo tanto no estaría bajo la ilusión que proporcionaba la falsa sensación de seguridad y protección.

Y el versículo 7 que ya condena Edom comienza declarando porqué es incierta la seguridad y protección que disfrutaba Edom. Sus antiguos aliados, los moabitas, los amonitas y los árabes beduinos ahora serían sus adversarios. Los aliados de Edom, con los que había firmado alianzas de mutua defensa ahora no cumplirían sus acuerdos; aquellos que habían firmado un acuerdo de paz con Edom ahora se levantarían contra él para hacerle la guerra. Los antiguos compañeros de Edom ahora lo traicionarían.

Para Abdías esta situación no sería entendida por Edom. Estos tres comportamientos por parte de los antiguos aliados mostraron cuan incierta es la seguridad y protección humana de la cual Edom se enorgullecía. Esta situación recuerda el momento en que los babilonios se volvieron contra Edom, después de destruir Jerusalén. El rey Nabonido (556-539 a.C.) levantó una campaña contra Edom que puede haber destruido la ciudad de Bosrah y acelerado el proceso por el cual los edomitas se desintegraran durante los siglos VI y V a.C. por esa época. Edom desaparecería y un nuevo reino, los nabateos, surgirían en su lugar.

La 3ª la sabiduría será destruida

Versículos 8-9:
En aquel día ni una sola persona sabia quedará en toda la tierra de Edom —dice el Señor—. Pues destruiré en las montañas de Edom a todos los que tengan entendimiento. Los más poderosos guerreros de Temán sentirán terror, y todos en las montañas de Edom serán exterminados en la masacre. NTV. 
En el versículo 8 es condenada la sabiduría y la prudencia del monte de Esaú, las cuales se exhibían de manera implícita opuestas a la sabiduría y la prudencia del monte Sión. La sabiduría y la prudencia de Edom descansaban en sus aliados, en acuerdos y alianzas de paz con los pueblos vecinos que, a decir verdad, eran potencialmente una amenaza para la estabilidad y seguridad de Edom. Por otro lado, la sabiduría y la prudencia de Sión, es decir, de Israel y Judá, descansaba en el temor de Jehová y no "apartarse del mal" (cf. Proverbios 1:7; 3:5-7).

Como mencionamos anteriormente, practicar la justicia y amar la misericordia era la verdadera sabiduría y la mejor consejera para las naciones (cf. Miqueas 6:8).

Por lo tanto, la confianza en las fuerzas humanas se convierte en gran maldición, mientras que la confianza en Dios es una bendición (cf. Jeremías 17:5-7). Cabe señalar que Edom era famoso por sus sabios (cf. Job 15:1; Jeremías 49:7 y Baruc 3:23), pero esa sabiduría no valdría de nada cuando llegase el juicio divino. ¿En qué o en quién hemos basado nuestra sabiduría?

En el versículo 9 tenemos la condenación a la valentía de Temán, la principal ciudad de Edom y que estaba protegida por Sela (roca) y todos sus hombres de guerra. Este valor era presentado como circunstancial, sustentado en las ventajas geográficas de la ciudad y su ejército. Sin embargo, todo el ejército se derrumbó delante del señorío de Jehová, y toda la ventaja geográfica de una nación no fue nada delante del poder del reino de Dios que se manifiesta y cambia la historia de cualquier nación.

Conclusión

Al concluir nuestra reflexión, creo que podemos enumerar siete actitudes vistas en Edom que no debemos practicar para evitar el juicio divino:

  1. No debemos quedar observando la desgracia de nuestro hermano.
  2. No debemos alegrarnos en el día de la ruina de nuestro hermano.
  3. No debemos hablar demasiado en el día de la angustia del hermano.
  4. No debemos poner las manos en los bienes de nuestro hermano.
  5. No debemos perseguir y traicionar a los perseguidos.
  6. No debemos aniquilar a los perseguidos.
  7. No debemos entregar a los supervivientes al enemigo.

Oro para que usted obtenga del Señor la capacitación para prevenir esas actitudes que atraen su juicio contra los que la practican.

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Este estudio está basado en el libro de uno de los profetas menores. Estaremos iniciando con los aspectos introductorios del profeta Abdías. Es de suma importancia dedicar un tiempo para estudiar estos aspectos que nos darán el contexto y los detalles que rodean este libro de la Biblia y su autor. Al conocer el contexto del libro, el autor, los destinatarios, la época y el lugar donde fue escrito y hacia donde estaba dirigido, tendremos mejores condiciones para entender el texto inspirado, y así aprovechar por completo el mensaje que Dios quiere que aprendamos. Comencemos entonces con los aspectos introductorios del libro.

Autoría.

El nombre Abdías significa "siervo de Jehová", "adorador de Jehová". Este nombre expresa el carácter de la persona que lo tiene, conforme a la costumbre del Medio Oriente de aquellos días, cuando colocaban el nombre de acuerdo con el deseo personal de los padres. Abdías era un nombre común en el Antiguo Testamento, así que nos encontramos con varias referencias a este nombre:
  1. El mayordomo del palacio de Acab (cf. 1 Reyes 18:3-16);
  2. Un descendiente del rey David (cf. 1 Crónicas 3:21);
  3. Un descendiente de Isacar (cf. 1 Crónicas 7:3);
  4. Uno de los seis hijos de Azel de Benjamín (cf. 1 Crónicas 8:38 y 9:44);
  5. Un levita que volvió de la cautividad (cf. 1 Crónicas 9:16);
  6. Uno de los guerreros Gaditas que se unieron a David en el desierto (cf. 1 Crónicas 12:9);
  7. Un empleado enviado por Josafat para enseñar la ley de Dios (cf. 2 Crónicas 17:7);
  8. Un levita  supervisor de la reforma del templo (cf. 2 Crónicas 34:12);
  9. Uno de los sacerdotes que firmaron el compromiso de mantener la ley, junto con Nehemías (cf. Nehemías 10:5).
Incluso con tantos personajes con el mismo nombre, es difícil querer identificar a uno de estos con el profeta que Dios había llamado para llevar su mensaje al pueblo de Edom. Este nombre común en el tiempo del Antiguo Testamento, era tan común como Onésimo en el Nuevo Testamento. Sin duda, este es el décimo personaje con el nombre de Abdías.

En relación a este profeta debemos señalar que no tenemos referencias personales sobre él, ni tampoco datos que se puedan utilizar para cualquier inferencia. Sin embargo existe la tradición rabínica del Talmud de Babilonia que identifica al autor del libro como el mayordomo, o funcionario del palacio del reino del norte, el reino de Israel en los días del rey Acab (cf. 1 Reyes 18:3-16), pero no hay ninguna base histórica para esta posición.

Sin embargo, debido al hecho de que Abdías se enfoca en Jerusalén es posible que el profeta que escribió fuera un judío, así como también el  editor final del libro.

Acerca de la fecha.

Debido a la imprecisión en cuanto a la autoría, la cuestión de la fecha también es difícil de definir. Tenemos dos posibles teorías:
  1. Muchos adoptan la fecha postexílica, después del 586 a.C., en base a una referencia vaga al Salmo 137:7 y posible referencia de Jeremías 49:7-22. También es posible que así como Jeremías citara otros dos profetas, Isaías y Miqueas, es muy posible que él haya citado a Abdías y no lo contrario, o entonces que los dos profetas Abdías y Jeremías hayan tenido acceso a una fuente común, que luego con el tiempo se perdió.
  2. Otros adoptan la fecha preexílica, alrededor de 848 a 841 a.C., durante el reinado de Joram, cuando el reino del sur, el reino de Judá, fue atacado por una coalición de naciones Palestinas (cf. 2 Reyes 8:20-22). La profecía de Abdías habría sido de esa época por ser más concisa, en comparación con la profecía de Jeremías, mucho más detallada (cf. Jeremías 49:7-22). Además, aceptando esa fecha, el pasaje: Porque también los edomitas habían venido y atacado a los de Judá, y habían llevado cautivos (2 Crónicas 28:17), aproximadamente un siglo después, en los días de Acaz, tendría más sentido, porque informaba de un ataque edomita sufrido antes (en la época de Joram) (cf. 2 Crónicas 21:1-20).
Aunque existe la incertidumbre acerca de la fecha, podemos adoptar cualquier teoría sin perjuicio de la inspiración divina, sin embargo, es más probable que el libro fuera escrito en el período del  rey Joram.

Contexto histórico

Edom fue un pequeño reino situado al sureste de Judá, al este del Mar Muerto, entre el Golfo de Aqaba y el mar muerto (Génesis 36:6-8) cerca del monte de Seir. Por el difícil acceso que las montañas producían, sus habitantes eran orgullosos y se sentían seguros.

Edom estaba formada por los descendientes de Esaú, gemelo de Jacob (Israel), pero siempre hubo tensiones en esa relación. Las relaciones entre Jacob, después Israel, y Edom fueron siempre hostiles. Históricamente, la rivalidad comenzó desde temprano, cuando Jacob engañó a su hermano tomando la bendición de la primogenitura, aun cuando este la había despreciado (cf. Génesis 27) y continuó cuando los dos se separaron y luego volvieran a reunirse después de mucho tiempo (cf. Génesis 32-33). Este conflicto se incrementó en los días en que Israel, después de salir de Egipto, marchaba a la tierra prometida; el pueblo de Edom le impidió cruzar sus tierras. Había odio entre los dos pueblos (Números 20:14-21; Deuteronomio 2:4-6; Salmo 137:7-8). Este antagonismo continuó aun después de asentado Israel en Canaán (cf. 2 Samuel 8:14; 2 Reyes 14:7; 2 Crónicas 28:17).

Los profetas también registrarían este antagonismo en profecías anti edomitas como se ve en Isaías, Jeremías, Ezequiel, Joel, Amós (Isaías 34:5; Jeremías 49:7-22; Lamentaciones 4:21-22; Ezequiel 25:12-14; 35; Joel 3:19; Amós 1:11 ss.).

Mucho después de eso, siendo Babilonia el imperio mundial, Edom y otras naciones hicieron, junto con Israel, una alianza contra los caldeos. Posteriormente Edom traicionando el acuerdo se unió a Babilonia y en el 587 a.C., cuando las fuerzas de Nabucodonosor rodearan Jerusalén, (2 Reyes 25:3-7), y poco después que la destruyó, habiendo intentado el rey de Judá huir hacia Jordania, no lo consiguió, porque como relatan los libros de Salmos y Lamentaciones, junto con Abdías, Edom ayudó a Babilonia para capturarlo.

Para Israel, Edom es un símbolo para referirse al enemigo. Y esta tradición presenta a Edom como el mundo hostil que se opone a los propósitos divinos (cf. Isaías 63:1-6). Los profetas consideraban a Edom y Asiria los enemigos que se levantaron contra Dios y su pueblo. Este antagonismo entre los dos pueblos continuó hasta la época del Nuevo Testamento, con la comparación entre la religiosidad de Israel y la impiedad de Edom (cf. Romanos 9:13; Hebreos 12:16). Pero este enemigo sería derrotado en la era mesiánica (Cf. Isaías 34:8 ss.; Ezequiel 35).

Acerca del libro

El libro de Abdías es el más corto del Antiguo Testamento y se encuentra en la Biblia hebrea (el texto masorético) entre los libros de Amós y Jonás (al igual que en nuestras versiones en español). Probablemente este orden se da por la referencia de Edom en la predicción profética de la restauración del tabernáculo caído de David mencionado en Amós 9:11-12, convirtiéndose de esta manera en el tema de Abdías.

El libro de Abdías  menciona el castigo de Jerusalén específicamente en manos de Edom, y a la vez señala cuándo los exiliados de Israel y Jerusalén responderán a Edom por sus crímenes. Sin embargo, como observamos, el libro de Jonás, trata de un enemigo más fuerte, Asiria y su capital Nínive, y muestra que puede haber arrepentimiento toda vez que Dios da oportunidades para todos. Pero en el caso de Edom, después de muchas oportunidades no le quedaban más nada que su completa destrucción.

Acerca del análisis literario.

Haciendo un análisis literario del libro podemos decir que hay una unidad temática, ya que trata de la destrucción total de Edom por su maldad contra su hermano Jacob, o Israel.
  • En los versículos 2-9 leemos acerca de la advertencia a Edom, de la razón de su destrucción y cuan terrible será esa destrucción.
  • En los versículos 10-15 tenemos una descripción de la gran maldad de Edom y la causa de su juicio.
  • En los versículos 16-21 tenemos el pronunciamiento escatológico del día de Jehová, con el juicio a todas las naciones y la restauración de Judá.
  • Los versículos 15-18 se refieren al día de Jehová en relación a Edom, Judá y todas las demás naciones.
  • Y en los versículos 19-21 que surgen como un apéndice en prosa, se refieren a los reemplazos geográficos de Israel y de Judá como una obra del reino de Dios.

Acerca del género literario.

El libro de Abdías se encuentra dentro del género profético. Aquí encontramos pronunciamientos breves, un estilo conciso, un lenguaje poético y el apoyo en Jehovah, mediante la fórmula del mensajero: “Jehovah el Señor ha dicho”, y el uso del llamado “perfecto profético”, donde el futuro es tan cierto que el profeta lo expresa  como  ya  realizado.  La  forma  literaria  es  de  sentencia  con  dos  sentidos:
  1. desgracia  y  
  2. salvación.
En el caso de Abdías encontramos desgracia para Edom y salvación para Israel y Judá.
Acerca de la estructura del texto.
  1. El juicio divino es seguro y será total 1-9.
  2. El juicio divino es contra el orgullo y descuido 10-14.
  3. El juicio de Dios es símbolo del juicio universal 15-16.
  4. El juicio divino es el anuncio de la liberación del pueblo de Dios 17-21.

Sobre el tema.

Abdías describe las decisiones de Dios en cuanto a Edom. Describe el juicio divino contra un pueblo, emparentado con el pueblo de Dios, que en vez de condolerse y servir de apoyo a su pariente, siempre ha sido hostil y traicionero. Así que la profecía de Abdías anuncia la destrucción final de Edom y reafirma la victoria del Monte Sión sobre el Monte Seir por el Señor.

Sobre la similitud con otros profetas.

Abdías muestra una relación con Joel y Jeremías. Abdías y Joel están relacionados de la siguiente manera:
  1. Abdías 11, con Joel 3:3;
  2. Abdías 15, con Joel 1:15;
  3. Abdías 16, con Joel 3:17;
  4. Abdías 18, con Joel 2:5; y
  5. Abdías 17 con Joel 2:32.
Estos dos profetas utilizando el contexto histórico de Edom y Judá destacan la idea del Día del Señor, o el día del juicio divino contra las naciones.

Pero Abdías también tiene esta relación con Jeremías:
  1. Abdías 1 con Jeremías 49:14;
  2. Abdías 2 con Jeremías 49:15;
  3. Abdías 3 con Jeremías 49:16;
  4. Abdías 4 con Jeremías 49:16; y,
  5. Abdías 5 con Jeremías 49:9.
Entre los dos profetas también tienen diferencias en cuanto al "día del Señor" y "la restauración de Israel".

Acerca del Día del Señor.

El "Día del Señor" se refería en sus orígenes como las manifestaciones victoriosas de Jehová en favor de su pueblo Israel. Sin lugar a dudas, en los libros de los profetas, el "Día del Señor" se convirtió en un día de castigo, de visita y de ira de Jehová contra su pueblo Israel (cf. Joel 1:15; 2:1-11; Amós 5:18-20; Sofonías 1:7, 14-18); sin embargo era un día de juicio contra los enemigos de Israel (cf. Isaías 13; Ezequiel 30). Sin duda, en el contexto de la dominación extranjera, el tema era positivo para Israel (cf. Isaías 13:6-9 contra Babilonia y Ezequiel 30:2 contra Egipto).

Ya en el Nuevo Testamento, el "Día del Señor" se ve en la perspectiva escatológica de Dios (cf. Lucas 1:68) y con relación a la segunda venida del Señor Jesucristo (cf. Mateo 24:36; 2 Pedro 3:1-10).

Acerca del pueblo de Edom.

Edom, una nación que consiste de los descendientes de Esaú, gemelo de Jacob e hijo de Isaac y Rebeca, estaba ubicado al sureste de Judá, en una región montañosa que hoy día es la parte suroeste del reino de Jordán.

Edom algunas veces es nombrado Esaú (Malaquías 1:3), Idumea, y monte de Seir (Ezequiel 35:3). Todos estos nombres son intercambiables y se refieren a la misma nación, Edom.

Génesis 36 describe el crecimiento rápido de Edom. Deuteronomio 2:5 nos informa que el territorio de Edom no era parte de la tierra prometida a Israel y nunca sería parte: “No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie: porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir”.

Ezequiel condenó a la nación de Edom, diciendo: “Por cuanto tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción...” Ezequiel 35:5.

A través de los tiempos antiguos, los edomitas mostraron su enemistad contra los hebreos, cuando rehusaron dar a Moisés y a su pueblo la autorización de pasar por el territorio de los edomitas, Números 20:14-22. Pero en el tiempo de Eliseo, los edomitas, se juntaron con Israel y Judá en una alianza militarista, 2 Reyes 3:9. Luego, Judá derrotó a Edom en una guerra, 2 Crónicas 25:5-12.

Las profecías mayores contra Edom son halladas en Isaías 34, Jeremías 49:7-22, Ezequiel 25:12-14 y 35:1-15, y el libro de Abdías.

Isaías profetizó acerca del juicio de Dios contra Edom cerca el año 700 a.C., y Jeremías, Ezequiel y Abdías rindieron sus profecías de sentencia pronto sobre Edom cerca del año 600 a.C..

Tiene un buen sentido buscar el cumplimiento de estas profecías contra Edom en aquel período de tiempo en la historia. No obstante, algunos han sugerido que estas profecías contra Edom todavía no han sido cumplidas, y que su cumplimiento acontecerá en nuestro siglo, en el siglo XXI.

Hay dos problemas grandes con esta teoría:
  1. Los edomitas ya no existen. Es imposible castigar a un pueblo que ya ha desaparecido de la faz de la tierra hace muchos siglos.
  2. El profeta Malaquías, escribiendo cerca del año 400 a.C., habló del juicio de Dios contra Edom como algo fenecido: “Y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto”, Malaquías 1:3.
La historia muestra que los edomitas fueron saqueados por los ejércitos de los caldeos en la primera parte del VI siglo a.C., y que al fin del VI siglo a.C. los nabateos atacaron a los edomitas, echándolos fuera de sus fortalezas en las montañas del monte de Seir, hasta el desierto del Neguev.

Las profecías contra Edom fueron completamente cumplidas, y no es necesario esperar el cumplimiento de estas profecías otra vez, porque los edomitas ya no existen como nación ni grupo étnico.


Acerca de los temas teológicos.

Tenemos en esta pequeña profecía tres temas destacados que están estrechamente vinculados a la escatología bíblica. Ellos son:
  1. El juicio de Dios. Que es anunciado como el Día del Señor que está cerca y es terrible. Este juicio se presenta con dos enfoques: "vendrá a su pueblo", representado por Israel, y "llegará a otras naciones" representado por Edom.
  2. La destrucción de los enemigos del Señor. Aquí en Abdías esta destrucción es simbolizada en la destrucción de Edom. Con este tema se vislumbra la certeza del "triunfo del bien contra el mal", tema muy destacado en los mensajes apocalípticos y que se convertirán en la base de la esperanza cristiana.
  3. La Soberanía de Dios. Esa soberanía sobre todo el universo es presentada desde el principio del libro hasta el final. De hecho, el libro comienza diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor (cf. 1) y termina con la siguiente frase: y el reino será del Señor (cf. 17), revelando la noción teológica dentro de la cual se desarrolló el mensaje profético.

Acerca de la razón de estudiar Abdías.

Todos hemos sufrido injusticia cuando estábamos abatidos y debilitados frente a las circunstancias. Tal vez un amigo o incluso un familiar se aprovechó de nuestros momentos de debilidad  causándonos un mayor abatimiento. Al estudiar Abdías vemos que Dios atenderá a tales injusticias.

En el estudio de esta profecía también veremos la lealtad y la fidelidad de Dios hacia su pueblo. Puede tardar, es posible que no nos demos cuenta, pero se establecerá la justicia de Dios, y por lo tanto también seremos recompensados por la espera en él.


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