Muestra una perspectiva bíblica y relevante sobre diversos temas en la vida del cristiano, además de presentar mensajes que contienen puntos prácticos que se pueden aplicar en la vida cotidiana.

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La tendencia a combinar y armonizar las corrientes de pensamiento o ideas opuestas, es lo que se conoce como sincretismo. El sincretismo religioso es un proceso, consecuencia de los intercambios culturales entre los diversos pueblos. En algunos casos, comprende la intervención oficial, en el que se intenta superar una situación de crisis cultural producida por el choque colisión de dos o más tradiciones religiosas diferentes. Su característica principal es conseguir que dos o más tradiciones culturales diferentes sean capaces de crear un ámbito de cohabitación en armonía.

Por ejemplo, La Santería es el fruto del sincretismo de religiones africanas (Yoruba) con elementos del catolicismo. Esclavos africanos fueron llevados a Cuba y a Brasil a trabajar en las plantaciones de azúcar, y la Iglesia Católica trató de evangelizarlos pero las condiciones eran muy difíciles. Los sacerdotes que buscaban evangelizarlos eran de la misma raza que aquellos otros que les oprimían; esto dificultaba que estos comprendieran y aceptaran lo que se les enseñaba. El resultado fue que muchos aceptaron exteriormente las enseñanzas católicas mientras interiormente mantenían su antigua religión. En este contexto se combinó el catolicismo con la religión africana para dar paso a lo que conocemos como la Santería.

El sincretismo no es nada nuevo para la iglesia católica. Ellos tienen una larga historia de adopción y asimilación de elementos de religiones indígenas en sus esfuerzos misioneros; esa es la razón por la cual la fe y práctica católica, supuestamente unida bajo el Papa, se percibe drásticamente diferente en América del Sur, África y Europa. En pocas palabras, el catolicismo es una mentira que absorbe fácilmente y adapta a otras mentiras.

La verdad de Dios es mucho más resistente a mezclarse con el error. Sin embargo, hoy en día, incluso entre los creyentes conservadores, hay muchos predicadores, maestros y estudiosos que están trabajando duro para que la iglesia y la Biblia sean más flexibles a las ideas contradictorias del mundo. Mientras que hacia el exterior pueden estar afirmando la infalibilidad y la autoridad de la Escritura, sus acciones revelan una falta de confianza en la Palabra de Dios. Intimidados por las agendas culturales y deseosos de encontrar el favor del mundo inconverso, estos hombres y mujeres se rinden frente a la mezcla de verdad con toda suerte de errores; evolución, feminismo, psicología y ecumenismo, sólo por nombrar unos pocos.

¿Son estas personas herejes? Por lo general no, pero en realidad con lo que están haciendo se mueven a zonas tanto más peligrosas. Al sincretizar la verdad y el error, animan a otros a unirse a ellos en el terreno resbaladizo de vinculación, exponiéndolos a doctrinas erróneas y concepciones corruptas del mundo. Ese compromiso anima a los creyentes a alegorizar, explicar o ignorar por completo la clara enseñanza de la Escritura.

Usted puede ver el devastador efecto que el sincretismo evangélico ha tenido en la autoridad, infalibilidad, claridad y suficiencia de la Escritura; fomentando un repugnante escepticismo como:
  • ¿Por qué tantos teólogos se sienten intimidados por la cosmología del Big Bang y la "ciencia de la evolución", cuando Dios les ha dado una explicación clara e invariable de la creación?
  • ¿Por qué tantos evangélicos con buena gana se dan la mano con Roma cuando los católicos todavía suscriben los mismos errores condenables que lo hacían durante la Reforma?
  • ¿Por qué deberíamos confiar en el pastor buscador de almas sensibles, que predica a partir de una Biblia que dice que en realidad nadie busca a Dios?
  • Y ¿cómo muchos eruditos de la Biblia abandonan puntos de vista bíblicos de liderazgo masculino con el fin de apaciguar al Baal del feminismo?

Los teólogos nunca han sido acusados como responsables de proteger los patrones culturales de ataques bíblicos, sin embargo, eso es precisamente lo que muchos hacen. Mientras que el sincretismo rara vez comienza en el aula, con demasiada frecuencia hay eruditos dispuestos a redefinir el texto bíblico y encontrar retorcidas formas de acomodarse a la cultura.

Si los estándares bíblicos se vuelven subjetivos, entonces carece de sentido la inerrancia. ¿Cuál es el significado de Dios hablar sin errores, si se le permite a cada intérprete ajustar la revelación divina a sus propias preferencias personales? Claramente, la iglesia sigue cayendo en el escepticismo engañoso de Satanás sobre lo que realmente dijo Dios (Génesis 3:1).

La iglesia no puede permitir que los vientos dominantes de la cultura dobleguen la espada del Espíritu. La Palabra de Dios está totalmente equipada para informarnos de nuestra perspectiva de la cultura, pero los ideales culturales no tienen nada que aportar a nuestra perspectiva de la Palabra de Dios.

En próximos artículos, de la serie sincretismo evangélico, profundizaré en algunas de las formas más prominentes de sincretismo evangélico. Apuntaré a dos objetivos principales. En primer lugar, el propósito fundamental es señalar aquellas formas que están bajo la influencia del sincretismo y de espaldas al verdadero objetivo de la fidelidad bíblica. En segundo lugar, queremos dotar a la iglesia, señalando las principales áreas de compromiso que debe evitar.

Con el fin de animar los comentarios sobre estas cuestiones cruciales, les recuerdo a los lectores que no es necesario crear una cuenta para comentar, pero sí se requiere de un nombre completo y la dirección de correo electrónico. Le invito a leer los temas y compartir los puntos de vista a través de sus comentarios.

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Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Efesios 6:11-15

Cuando Satanás aparece con pensamientos engañosos en su mente, usted no tiene por qué admitir la derrota. Utilice los siguientes principios prácticos para hacer frente a los pensamientos corrompidos, sujetándolos con el cinturón de la verdad. 

Principio 1: Niéguese a sentirse culpable por los malos pensamientos
Imagine que usted se despierta a las 3 a.m. porque alguien está tocando a su puerta principal. Es más que probable que, antes de abrir la puerta, usted va a mirar por la abertura de la puerta para ver quién está causando la conmoción. Si se trata de un vecino, un amigo o un miembro de la familia, es probable que abra la puerta y le invite a entrar. Sin embargo, si se trata de un desconocido con un pasamontañas y portando una pistola, es de esperar que le niegue la entrada.
Si usted tiene la certeza de que esa persona que desea entrar en su casa pretende hacerle daño, ¿se sentiría culpable porque esa persona desea dañarlo? ¿Se lamentaría?, ¿Acaso diría: Qué es lo que pasa conmigo, qué hay de malo en mí que esta persona quiere hacerme daño? Pues no, lo más seguro es que usted llame inmediatamente a la policía para que detengan al asaltante.
No siempre somos responsables de los pensamientos dañinos que vienen a tocar a las puertas de nuestra mente. Aun cuando permitamos que estímulos externos, tales como ciertos programas de TV, material de lectura, o sitios de Internet puedan incitar pensamientos inmorales, avaros u otros, no siempre tenemos la culpa del primer asalto de estas ideas. Si estuvieras en una isla desierta, aun así tendrías que batallar contra los malos pensamientos.
¿Cómo sabemos esto? Considere la experiencia de Jesús en el desierto inmediatamente después de su bautismo. Durante 40 días Cristo estuvo completamente aislado. No tenía compañía, no tenía periódicos, correo electrónico, televisión ni celular. Sin embargo, después de esos 40 días, Jesús fue tentado con pensamientos de descontento, codicia y orgullo. Satanás le tentó con los siguientes razonamientos:
  • "Ya que Dios no te ha suministrado lo que necesitas para sobrevivir, convierte estas piedras en pan".
  • "Tú no necesitas esperar todo el doloroso proceso para reinar sobre los reinos del mundo; pueden ser tuyos ahora mismo, si estás dispuesto a adorarme".
  • "Tú no tienes que seguir el programa de Dios; demuestra ahora que eres el Mesías. Monta un circo espiritual y demuestra que eres el Hijo de Dios".
    La porción de la Palabra de Dios en Lucas 4:3 inicia de la siguiente manera: "Entonces el diablo le dijo". Aquí deseo detenerme un poco y profundizar en este acontecimiento. Cabe preguntarnos: ¿Hacia dónde se dirigían estas argumentaciones de Satanás? Si el relato Bíblico en los evangelios acerca de la tentación de Jesús, supone la presencia física de Satanás, esto, no es relevante; lo que si nos queda claro es que Satanás infiltró argumentos en la mente de Cristo tratando de convencerle. Con toda seguridad Satanás continuará utilizando con nosotros las mismas estrategias que utilizó con Jesús, pero desde las regiones celestes; Efesios 6:12.
    Ahora bien, ¿hizo estos razonamientos impíos de Jesús un pecador? ¡Por supuesto que no! Permaneció como el perfecto Cordero de Dios, cuya intachabilidad lo calificó para ser nuestro Salvador. Si usted y yo vamos a ganar las batallas de la mente, tenemos que primeramente dejar de sentirnos culpables en cuanto a los malos pensamientos que nos invaden; y en cambio, aprender a lidiar con esos intrusos no deseados.
    Principio 2: Niéguese a permitir que los pensamientos erróneos persistan
    Si nos entretenemos y adornamos los malos pensamientos por algún período de tiempo, esos pensamientos llegarán a transformarse en obsesiones. Estos, a su vez, darán lugar a abiertas acciones o actitudes de desobediencia.
    Las primeras ideas que el diablo dirige a nuestra mente pueden ser sólo un punto de apoyo; esta primera vez, coqueteamos con esos pensamientos y nos detenemos en ellos o fantaseamos con ellos. Tanto más tiempo nos entretengamos con esos pensamientos, tanto más es probable que empecemos a hacer planes mentales acerca de cómo llevarlos a la práctica.
    Este es el modo en como un pensamiento al cual se le permite agarrar un dedito termina atrapando todo el brazo. Tanto más desarrollemos planes para llevar a la práctica una idea pecaminosa o una tentación, tanto más nos encontraremos con el hecho de que este pensamiento se convertirá en una fortaleza. Llegamos al punto donde nos sentimos obligados a poner a prueba la ejecución de nuestro plan. Llegamos al punto donde deseamos ejecutar la idea, más de lo que queremos rechazarla.
    Cuando llegamos a ese punto, estamos en serios problemas. ¿Cómo podemos evitar que nuestros pensamientos se conviertan en fortalezas diabólicas?
    Principio 3: Aprenda a reconocer y reemplazar los malos pensamientos con pensamientos santos
    Mi analogía en cuanto al ladrón intentando entrar en su casa, es defectuosa en un aspecto. Mientras que podemos tener éxito evitando que el intruso logre entrar en la casa, no podemos evitar que los pensamientos impíos lleguen a nuestras mentes. El hecho de que estamos pensando, significa que la idea ajena ya ha ganado la entrada.
    Sin embargo, no significa que tengamos que permitir que el intruso se siente en nuestro sillón favorito, que nos enganche en una larga conversación, y nos comunique que desde que ha sido muy bien acogido, él va a ocupar nuestra habitación de invitados. En lugar de ello, tenemos que seguir el consejo del apóstol Pablo para hacer frente a un invitado no deseado:
    "porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" 2 Corintios 10:4-5.
    Debemos distinguir los términos: "reconocer y reemplazar", los cuales nos ayudarán a tomar el control de los malos pensamientos. Utilice los principios que hemos discutido previamente para ayudar a reconocer si un pensamiento podría tener origen satánico, luego pregúntese lo siguiente:
    • ¿Es verdadero este pensamiento?
    • ¿Este pensamiento me motiva a temer más, o confiar más en Dios?
    • ¿Este pensamiento contradice la Palabra de Dios?
    Ahora bien, saber discernir y etiquetar como nocivo un pensamiento, y tratar de descartarlo de su mente no es suficiente. De hecho, cuanto más se intenta rechazar un pensamiento no deseado, cuanto más se encontrará obsesionado con él.
    Para descartar los pensamientos de Satanás debemos reemplazarlos con pensamientos verdaderos, honestos, justos, puros, amables, tal como lo hizo Jesús.
    Cuando Satanás trató de plantar semillas de descontento, Jesús respondió citando un versículo del Antiguo Testamento. "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" (Lucas 4:4).
    Cuando Satanás tentó al Señor con pensamientos de poder y riquezas, Jesús recitó el mayor mandamiento de Dios: "Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Lucas 4:8).
    Cuando Satanás tentó a Jesús para que actuara en independencia de Dios, el Señor citó: "No tentarás al Señor tu Dios" (Lucas 4:12).
    Jesús nos enseñó que la mejor manera de desalojar un pensamiento no deseado es reemplazarlo con otro pensamiento más poderoso. La mejor manera de disipar la oscuridad es confrontarla con la luz.
    Cuando vengan pensamientos temerosos tratando de tomar el control de su vida, puede reemplazar esos pensamientos con: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio", 2 Timoteo 1:7.
    Cuando llegue la tentación con pensamientos de descontento, puede reemplazar esos pensamientos con: "porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto", 1 Timoteo 6:7-8.
    Cuando usted sea tentado por fantasías de relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja, puede reemplazar esos pensamientos con: "Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace", Proverbios 6:32.
    Creo que este era el proceso que tenía Pablo en mente cuando nos animó a ceñir nuestros lomos con la verdad, Efesios 6:14. Nuestro éxito en la batalla espiritual depende de confrontar cualquier pensamiento disoluto con la verdad de la Palabra de Dios.


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    Cuándo exactamente creó Dios a los ángeles está abierto al debate, pero lo que sí se sabe con seguridad, es que todo lo que Dios creó era bueno, porque Dios, en Su santidad, no puede crear algo pecaminoso. Así que cuando Satanás cayó del cielo, quien alguna vez fue el ángel Lucero que se rebeló contra Dios, (Isaías 14; Ezequiel 28), un tercio de las huestes angélicas se sumaron a esta insurrección (Apocalipsis 12:3-4,9). No hay duda de que estos ángeles caídos ahora son conocidos como demonios.

    Sabemos que el infierno estaba preparado para el diablo y sus ángeles, de acuerdo a Mateo 25:41: “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” Al usar el posesivo “sus”, Jesús deja en claro que estos ángeles pertenecen a Satanás. Apocalipsis 12:7-9 describe al final de los tiempos una batalla angélica entre Miguel y “sus ángeles” y el diablo y “sus ángeles.” De este y textos similares queda claro que los demonios y los ángeles caídos son sinónimos.

    En relación con el carácter y la naturaleza de los demonios:
    1. Los demonios han caído del favor de Dios (Mateo 25:41; Apocalipsis 12:7-9). Ellos eligieron rebelarse contra Dios (Judas 6).
    2. Fueron creados buenos (Génesis 1:31).
    3. Ellos reconocen a Cristo como Señor (Marcos 1:23-24).
    4. Santiago 2:19 nos dice que ellos también saben que hay un solo Dios verdadero y le temen.
    5. Mateo 10:1 dice que los demonios son impuros.
    6. También son violentos (Mateo 8:28).
    En cuanto a su localización:
    La Biblia revela que no están en el infierno como algunos suponen. Unos están encerrados en el abismo, esperando el día del juicio (Lucas 8:30-33; Apocalipsis 20:1-3), mientras que otros viven en libertad y se llaman demonios (Job 1:7). Satanás y muchos de sus demonios deambulan libremente. Mateo 12:24-27 y 25:41 parecen indicar que Satanás es el jefe de todos los demonios.

    Las obras de los demonios incluyen:
    1. Buscar poseer cuerpos humanos, lo cual incluye morar en ellos y controlarlos (Lucas 11:24-26);
    2. Siendo muchos en número (Apocalipsis 12:3,4,9), la razón de la gran cantidad de actividad demoníaca, evidente en los días de Cristo, fue que Satanás estaba tratando de evitar su venida y la obra redentora; está misma actividad muy bien puede aumentar nuevamente antes de su segunda venida;
    3. algunos de los trastornos mentales y físicos, no todos, causados por los demonios (Marcos 5: 2-5);
    4. afligir lesionar a las personas; si es necesario utilizará los elementos de la naturaleza para alcanzar sus fines (Job 2: 7);
    5. ayudar a difundir falsas doctrinas (1 Timoteo 4:1; 1 Juan 4:1-3);
    6. obrar milagros engañosos (2 Tesalonicenses 2:9; Apocalipsis 13:13-14);
    7. animar y recibir todo el culto idolátrico (1 Corintios 10:20);
    8. influir en los gobiernos humanos (Daniel 10-12). Sin embargo, también sabemos que los demonios están sujetos completamente a la Palabra de Dios (Mateo 8:32) y que el mismo Satanás está limitado por el permiso de Dios (Job 1:12; 2:6).
    En cuanto a la posesión demoníaca:
    Es el poder de control de los demonios desde dentro del cuerpo de una persona (Lucas 8:30). La posesión puede tomar muchas formas, incluyendo síntomas similares al de la epilepsia, locura y prácticas ocultas como la adivinación. Muchos buenos cristianos debaten en cuanto a si los hijos de Dios pueden ser poseídos; sin embargo, si el Espíritu mora en un creyente, el "hombre más fuerte" no podría ser derrocado o co-habitado (Lucas 11:21-22; Mateo 12:29; 1 Juan 4:4). En cualquier caso, debemos sin duda vestirnos de toda la armadura de Dios con el fin de presentar defensa contra ellos (Efesios 6:12-20).

    El exorcismo es la expulsión de demonios de la persona. El único consejo en la Escritura sobre este tema es que:
    1. no hay que enfrentarse al mundo espiritual con nuestras propias fuerzas o por nuestros propios esfuerzos (Judas 9);
    2. tenemos que proclamar el mensaje del Evangelio lo cual los lleva a estremecerse;
    3. tenemos que permanecer en la Palabra de Dios (como lo hizo Jesús cuando se enfrentó a Satanás);
    4. no tenemos que dudar de Dios (como lo hizo Eva con Satanás);
    5. debemos utilizar la oración y el ayuno (Marcos 9:29).
    6. En el creyente la influencia demoníaca es la influencia externa por medio de tentaciones,  no desde el interior o de control.
    La mayor parte de nuestro pecado es debido a nuestra propia naturaleza pecaminosa y no se puede culpar a los demonios; sin embargo, los demonios pueden influir en nosotros hacia el mal, ya sean creyentes o no creyentes. Éxodo 7:8-12 nos recuerda que Dios es más poderoso que el más fuerte de los demonios y las artes ocultas.

    El destino final de los demonios:
    es el tormento eterno y la miseria del lago de fuego (Apocalipsis 20:10; Mateo 25:41). Aunque no habitamos desmesuradamente en el mundo demoníaco (Filipenses 4:8), como cristianos, es de vital importancia tener en cuenta que estamos inmersos en una guerra espiritual (Efesios 6:12; 2 Corintios 10:3-5).

    ¿Estas vestido de toda la armadura de Dios en este momento? ¿Estás viviendo una vida de verdad, justicia y fe? ¿Dominas la única arma ofensiva que nos ha sido dada, la Palabra de Dios?


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    UNA MENTE TRANSFORMADA PRODUCE UNA VOLUNTAD TRANSFORMADA, DE TAL MANERA QUE CONTAMOS CON LA AYUDA DEL ESPÍRITU, CON EL DESEO Y LA CAPACIDAD PARA PONER A UN LADO NUESTROS PLANES Y ACEPTAR EN PLENA CONFIANZA LOS PLANES DE DIOS, SIN IMPORTAR CUÁL SEA EL COSTO.

    Texto

    Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta; Romanos 12:1-2.

    Introducción

    Una mujer se acercó a un pastor, llorando y bastante afligida. Le relató una historia, bastante común en muchos creyentes. Ella le dijo:
    "Parece que no estoy viviendo la vida cristiana como debiera. Me siento frustrada. No siento que tengo vida cristiana espiritual ni siento que haya logrado algo en mi vida. Lucho con los asuntos más simples de obediencia y estoy en constante derrota. ¿Será que me puede usted ayudar?".
    El pastor le dijo:
    "¿Qué ha estado haciendo usted misma para resolver los problemas?".
    Ella le contestó:
    "Lo he intentado todo. He asistido a iglesias donde hablan en lenguas, tienen sanidades, y toda clase de experiencias espirituales extraordinarias. Yo misma he hablado en lenguas, he tenido experiencias de éxtasis espiritual, les he profetizado a otras personas y he experimentado algunos supuestos milagros. Ya he sido "sacudida en el espíritu", pero a pesar de todo eso, no me siento complacida con mi vida y sé que Dios no está agradado. He tratado de obtener todas las cosas que pueda de Él, pero no estoy satisfecha. Me sigo sintiendo miserable".
    El pastor le dijo:
    "Creo que usted misma ha colocado el dedo en la llaga. La clave de una vida cristiana espiritual, y la felicidad verdadera, no consiste en tratar de conseguir todo lo que podamos de Dios, sino en dar todo lo que somos y tenemos a Él".
    Existen miles de personas en la actualidad, incluyendo muchos cristianos genuinos, que se pasean por diversas iglesias y doctrinas, asisten en masa a seminarios y conferencias en busca de numerosos y diversos beneficios personales, emocionales y espirituales con la esperanza de recibir más. Estos hacen exactamente lo opuesto a lo que Pablo señala con tanta claridad en Romanos 12:1-2.
    En esta exhortación, el apóstol no se enfoca en qué otras cosas necesitamos recibir de Dios, sino en que es lo que debemos dar. La clave de una vida cristiana productiva y satisfactoria no se encuentra en obtener más, sino en darlo todo. Jesús dijo:
    "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren"; Juan 4:23.
    Por desgracia, eso está muy lejos de la manera común en que muchos creyentes procuran hoy día encontrar la esencia de la vida abundante. Hay quienes piensan que la victoria en la vida cristiana depende de tener más de Dios y recibir cosas de Dios, aun cuando observamos que dice la palabra:
    "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo"; Efesios 1:3.
    Además, también dice:
    "Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él"; Colosenses 2:9-10.
    El apóstol Pedro dijo:
    "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina"; 2° Pedro 1:3-4.
    Por lo tanto, en el sentido más profundo y eterno, no podemos obtener más de Dios que lo que ya poseemos. Sin embargo, resulta más que obvio que la mayoría de nosotros no tenemos la plenitud de gozo que estas promesas deberían traer. El gozo y la satisfacción por lo que tantos cristianos están luchando en vano, puede lograrse únicamente cuando sometemos al Señor todo lo que Él ya nos ha dado, incluyendo lo más profundo de nuestro ser.
    Hoy estaremos observando las cuatro actitudes que Dios desea que presentemos delante de Él; ellas son:
    1. Presentar a Dios nuestras almas, 
    2. Presentar a Dios nuestros cuerpos, 
    3. Presentar a Dios nuestras mentes y, 
    4. Presentar a Dios nuestras voluntades.

    Presentar a Dios nuestras almas

    La solicitud del apóstol Pablo es: "Así que, hermanos, os ruego". Esta es una petición que solamente puede ser observada y obedecida por creyentes genuinos en la fe; aquellos que ya pertenecen a la familia de Dios. Ningún tipo de ofrenda es aceptable a Dios a no ser que primero le hayamos presentado nuestras almas.
    La persona no regenerada no puede entregar su cuerpo, su mente o su voluntad a Dios, porque no ha entregado su mismo ser a Dios. El incrédulo carece de una relación de salvación con Dios; la misma palabra así lo indica:
    1 Corintios 2:14 "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente".
    En otro pasaje de la Biblia, Romanos 8:8, el apóstol Pablo deja claro que: "los que viven según la carne no pueden agradar a Dios". Sin importar cuáles puedan ser sus sentimientos personales, la persona no redimida es incapaz de adorar a Dios, no puede hacer una ofrenda aceptable a Dios, no puede agradar a Dios de ninguna forma ni manera. Esto es parecido a lo que Pablo dijo en 1 Corintios 13:3:
    "Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve".
    Si una persona no posee el amor de Dios, todas sus ofrendas, sin importar lo costosas que sean, carecen de valor para Dios.
    Entonces el apóstol nos está diciendo: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios". Estas misericordias de Dios que Pablo expresa aquí incluyen las muchas bendiciones gratuitas o dones de gracia con que nos bendijo "en los lugares celestiales". En Cristo somos los "amados de Dios"; Romanos 1:7, de manera que las dos misericordias de Dios más preciosas para nosotros son su amor y su gracia.
    • Las misericordias de Dios reflejan su poder salvador y su gran bondad hacia quienes Él salva (2:4; 11:22).
    • Las misericordias en Cristo nos traen:
      • el perdón y la justificación ante Dios (3:25; 3:4);
      • la conformación a la imagen de su Hijo y la glorificación (8:30)
      • la resurrección de nuestros cuerpos (8:11).
    • Hemos recibido las misericordias
      • de llegar a ser hijos de Dios (8:14-17)
      • de recibir el Espíritu Santo,
        • quien mora en nosotros personalmente (8:9, 11),
        • quien intercede por nosotros (8:26), y
        • a través de quien "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones" (5:5).
    Tales misericordias que salvan el alma deberían conducir a los creyentes a una dedicación progresiva al Señor.

    Presentar a Dios nuestro cuerpo

    "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo". (12: 1b)
    El segundo aspecto es presentar a Él nuestros cuerpos. Dios ya ha recibido al hombre interior; pero Él también quiere al hombre exterior dentro del cual habita el hombre interior.
    Nuestros cuerpos no son más que caparazones físicos que albergan nuestras almas. También son el lugar donde reside nuestro hombre viejo y no redimido. Por lo tanto, nuestros cuerpos abarcan no solo nuestro ser físico sino también los malos deseos de nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad.
    Pablo nos explica en Romanos 7:5 que:
    "mientras estábamos en la carne las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte".
    en el versículo siguiente no dice que ahora estábamos muertos al régimen del pecado.
    Sin embargo, unos versículos más adelante el apóstol confesó:
    "Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros", Romanos 7:22-23.
    En otras palabras, el alma redimida debe habitar en un cuerpo de carne que todavía es la trinchera del pecado, un lugar que puede prestarse con facilidad a hospedar pensamientos y deseos corruptos. Es ese impulso poderoso que actúa dentro de nuestros "cuerpos mortales" el que nos seduce a hacer el mal. Cuando nuestros "cuerpos mortales" sucumben a los impulsos de la mente carnal, se convierten otra vez en instrumentos de pecado e injusticia. El cuerpo sigue siendo el centro de todos los deseos pecaminosos, la depresión emocional y las dudas espirituales.
    En este punto deseo referirme a aquella antigua filosofía dualista pagana que consideraba al alma esencialmente buena, y al cuerpo esencialmente malo. Siendo que se consideraba el cuerpo como algo sin valor y que de todas maneras estaba destinado a morir, lo que se hiciera con él no importaba en absoluto. Ese enfoque de las cosas abrió la puerta a inmoralidades de todo tipo.
    Lo trágico de todo esto fue que muchos creyentes en la iglesia primitiva, quienes tienen igual o mayor número de representantes en la iglesia de hoy día, encontraron en esa ideología un mecanismo fácil que les permitía engancharse en las prácticas inmorales de sus viejas vidas, y al mismo tiempo justificar su pecado con la falsa y herética idea de que cualquier cosa que hicieran con el cuerpo no podría hacer daño alguno a sus almas.
    Como la situación era bastante similar a la actual, en vista de que la inmoralidad proliferaba tanto, muchos cristianos que no llevaban vidas inmorales, ellos mismos llegaron a ser tolerantes frente al pecado que era evidente en sus hermanos en la fe, pensando que era un resultado normal de lo que la carne hacía por naturaleza, algo por completo independiente de la responsabilidad del alma.
    Sin embargo, el apóstol Pablo enseña con claridad que el cuerpo puede ser controlado por el alma redimida y debe ser hecho un esclavo que se someta al poder de nuestras almas redimidas. Él dijo a los corintios quienes estaban envueltos en toda clase de pecados e inmoralidad:
    "Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo"; 1 Corintios 6:11-13.
    Pablo les hizo también esta pregunta:
    "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?"; 1 Corintios 6:19.
    En otras palabras, nuestros cuerpos no redimidos son el hogar temporal de Dios. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos y Dios no trabajará por medio de nosotros sino a través de nuestros cuerpos.
    De manera que, si hablamos en su nombre, debe ser con nuestras bocas. Si leemos su Palabra, debe ser con nuestros ojos. Si escuchamos su Palabra tiene que ser por medio de nuestros oídos. Si vamos a hacer su obra, debemos usar nuestros pies, y si ayudamos a otros en su nombre, debe ser con nuestras manos. Si pensamos para Él, debe ser con nuestra mente, la cual residen, por ahora, en nuestros cuerpos mortales.
    La santificación y la vida de santidad no pueden edificarse separadamente de nuestros cuerpos. Por esta razón Pablo oró diciendo:
    "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo"; 1 Tesalonicenses 5:23.
    Por lo tanto, siendo que nuestros cuerpos aún no han sido redimidos debemos ser objeto de una rendición continua al Señor., tomando diligentemente la advertencia del apóstol Pablo cuando dijo:
    "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia" Romanos 6:12-13.
    No podemos impedir que algunos residuos de pecado sigan existiendo en nuestros cuerpos mortales, pero sí estamos en capacidad de impedir que ese pecado gobierne nuestros cuerpos; y ciertamente no lo gobernará "si por el Espíritu [hacemos] morir las obras de la carne"; Romanos 8: 13.
    El sacrificio vivo que Dios desea que presentemos, es la disposición voluntaria a rendirle todas nuestras esperanzas, planes, y todo lo que es valioso para nosotros, todo lo que tiene importancia humana para nosotros, todo lo que nos hace sentir realizados.

    Presentar a Dios la mente

    No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, (12:2a)
    El tercer aspecto de nuestro sacrificio, es ofrendar a Dios nuestras mentes.
    Es la mente donde nuestra nueva naturaleza y nuestra vieja condición humana están más entremezcladas. La mente es donde elegimos si vamos a expresar nuestra nueva naturaleza con una vida santa o a permitir que nuestra carnalidad actúe en contra de la santidad de Dios.
    En este pasaje la palabra siglo representa todo el conjunto de la filosofía de la vida concebida desde un punto de vista humano y satánico. Equivale al espíritu de la época, que se ha descrito bien como:
    "la masa flotante de pensamientos, opiniones, principios, especulaciones, esperanzas, impulsos, metas, aspiraciones en cualquier período o época; que es imposible de atrapar y definir con precisión, pero que constituye un poder real, porque es la atmósfera moral, inmoral o amoral que inhalamos en todo momento de nuestra vida, y la cual de forma inevitable también exhalamos".
    Entonces el mandato firme de Pablo es que no permitamos que seamos conformados a este siglo, mundo o sistema. No debemos adquirir la forma de una persona del mundo, por ninguna razón.
    Podríamos ampliar este pasaje de la siguiente manera: "No permitan que el mundo que los rodea se las arregle para meterlos a la fuerza en su propio molde".
    No deberemos seguir el patrón o dejar que se nos imponga el patrón establecido por el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Nunca deberemos convertirnos en aliados del mundo. No deberemos permitir que seamos modelados conforme al tiempo maligno en que vivimos en el presente.
    Otra interpretación del pasaje podría ser: "Dejen de asumir una expresión externa que sigue el patrón mundano, una expresión que no proviene ni es representativa de lo que ustedes son en su ser interior como hijos regenerados de Dios".
    Es muy común que los incrédulos se pongan máscaras de cristianos. Lo triste es que también es muy común que los cristianos se pongan las máscaras del mundo. Quieren disfrutar las diversiones del mundo, las modas del mundo, el vocabulario del mundo, la música del mundo y muchas de las actitudes del mundo, aun cuando es claro que esas cosas no se conforman a los estándares de la Palabra de Dios. Esa clase de vida es del todo inaceptable para Dios.
    El mundo es un instrumento de Satanás, y su influencia impía es contagiosa. Esto se puede ver en el espíritu de rebelión y orgullo, las mentiras, el error y la propagación rápida de religiones falsas, en especial aquellas que promueven el yo y se agrupan bajo la amplia sombrilla de la "nueva era". Juan escribió hace casi dos mil años: "Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno"; 1 Juan 5:19. La evidencia es rotunda, todavía lo está.
    En lugar de adaptarnos al mundo, Pablo nos exhorta a obedecer el mandato de ser transformados. Nuestra naturaleza interna redimida debe manifestarse en lo externo, en nuestra vida diaria. Por lo que entonces las escrituras nos dice: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"; 2 Corintios 3:18.
    El Espíritu Santo logra esta transformación por medio de la renovación de nuestra mente; entonces la transformación externa es efectuada principalmente por un cambio interno en la mente, y el medio que aplica el Espíritu para transformar nuestras mentes es la Palabra de Dios.
    La mente transformada y renovada, es aquella que ha entrado en el proceso de sacar todo aquello que es inadecuado a las normas de Dios, y ha implantado enseñanzas piadosas; esa mente está saturada por completo con la Palabra de Dios y es controlada por ella. Es aquella mente que pasa el menor tiempo posible aun con las cosas necesarias de la vida en la tierra y la mayor cantidad de tiempo posible en las cosas de Dios. Es la mente que "pone la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra"; Colosenses 3:2.
    Sea bueno o malo, cuando cualquier cosa suceda en nuestras vidas, la respuesta inmediata e instintiva que tengamos deberá ser una respuesta bíblica.

    Presentar a Dios la voluntad

    "… para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". (12:2b)
    El cuarto aspecto implícito en la presentación de nosotros mismos a Dios en sacrificio vivo, santo y agradable, es que ofrezcamos a Él nuestras voluntades, que permitamos a su Espíritu mediante su Palabra que conforme nuestras voluntades a la voluntad de Dios.
    Cuando la mente de un creyente es transformada, su capacidad para pensar, su razonamiento moral y su entendimiento espiritual están en capacidad de evaluar todas las cosas, y de aceptar únicamente lo que se conforma a la voluntad de Dios. Podemos en nuestra vida comprobar cuál es la voluntad de Dios solo cuando hacemos las cosas que son buenas, agradables y perfectas a Dios.
    Una mente transformada produce una voluntad transformada, de tal manera que contamos con el deseo y la capacidad, con la ayuda del Espíritu, para poner a un lado nuestros planes y aceptar en plena confianza los de Dios, sin importar cuál sea el costo. Esta rendición continua incluye el fuerte deseo de conocer mejor a Dios y seguir su propósito para nuestra vida.
    La transformación divina de nuestras mentes y voluntades debe ser constante. Debido a que todavía seguimos siendo tentados de continuo por medio de lo que queda de nuestra condición humana, nuestras mentes y voluntades deben ser objeto de una transformación continua, por la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. El producto de una mente transformada es una vida que hace las cosas que Dios ha declarado como justas, aceptables y completas.

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    Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. 2 Timoteo 3:16.

    En los últimos años una serie de teólogos semi-conservadores han cuestionado si debemos mantener la doctrina de la inerrancia o infalibilidad Bíblica. Después de todo, dicen, esta búsqueda de absoluta certeza, refleja la "mentalidad aristotélica griega" que en realidad no es compatible con la naturaleza de "fe pura". Dicen que el cristianismo es una cuestión de "fe" y nosotros no necesitamos "absoluta certeza".

    De inmediato nos damos cuenta que tales declaraciones presuponen que la fe es incompatible con certeza. Es decir, ellos presuponen en cierta medida el punto de vista existencialista moderno de la fe, que ve la fe como un "salto al vacío".

    Con todo, podemos imaginar que Dios podría habernos dado la información acerca de la redención de otra manera. Él podría habernos proporcionado simplemente una gran cantidad de testimonios humanos. Los Evangelios, por ejemplo, podrían ser simplemente las memorias personales de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y nada más. Sin embargo, Dios nos llama a creer en el Evangelio de la misma manera que creemos que Adolf Hitler fue canciller de Alemania entre 1933 y 1945. Existe un debate sobre lo que el señor Hitler en realidad pensó e hizo durante su mandato, pero no hay debate sobre si en realidad fue canciller. De la misma manera, los estudiosos pudieran debatir los detalles registrados en los Evangelios sin dejar de tener "fe" en la "confiabilidad general" del relato.

    Pero la Biblia dice ser mucho más. De hecho, afirma ser la misma palabra de Dios. La Biblia dice que es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16). Si Dios es Dios, Él no se equivoca. Si la Biblia es inspirada por Dios, no puede haber "errores menores" en los detalles de la historia. Si la Biblia contiene tales errores, difícilmente puede ser obra de un Dios perfecto. Y si Dios no es perfecto y totalmente digno de confianza, Dios no es Dios.

    Si la Biblia contiene errores, aún podría ser corregida en muchas de sus afirmaciones. Pero hay una afirmación que pudiera no ser verdad: la afirmación de que la Biblia son las palabras inspiradas por Dios. Pero todos los padres de la Iglesia, los teólogos medievales, y los reformadores protestantes vieron claramente que la Biblia afirma ser inerrante e infalible. Si esa afirmación es falsa, la Biblia nos está engañando, y ha engañado a las personas durante muchos miles de años.

    Podemos regocijarnos que la Biblia está libre de errores en todas sus afirmaciones. Dios quiere que su pueblo tenga confianza en Él, de modo que podamos conocerle a Él y conocer su voluntad, haciendo lo que Él nos ha llamado a hacer sin temores. Ahora bien, considere su grado de compromiso con la verdad Bíblica; este nivel podría ser mejorado y fortalecido con un reconocimiento más enérgico de su confianza en las Escrituras.

    Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Lucas 7:8.

    Cuando Martín Lutero comenzó a argumentar que nuestra justificación ante Dios es solo a través de la fe, se puso en marcha la Reforma protestante. Pronto las "disputas" y "reuniones" se llevaron a cabo en varios lugares, y Lutero y sus seguidores fueron empujados a defender sus "nuevos" puntos de vista (que no eran en realidad sino una clara manifestación de la antigua fe de la iglesia). Los oponentes católicos de la Reforma intentaron demostrar que los puntos de vista de Lutero no habían sido enseñados en los concilios de la iglesia.

    Lutero y los reformadores respondieron que los concilios no contradecían explícitamente la doctrina de la Reforma, y lo más importante, que los credos y los concilios no eran infalibles. Sólo la Biblia, dijeron los reformadores, es infalible y absolutamente autoritativa.

    Llamamos a la doctrina de la justificación por la fe el principio sustancial de la Reforma, ya que la doctrina es la "sustancia" o el contenido de la reforma. Llamamos a la doctrina de la supremacía de la autoridad de las escrituras el principio protocolario de la Reforma, porque esa doctrina es la base sobre la cual todo lo demás se construye. La doctrina de la máxima autoridad de la Biblia no quiere decir que no hay autoridades secundarias en la vida, como los padres, los gobernadores, los líderes de la iglesia. Lo que sí significa es que la Biblia y solo la Biblia es la autoridad final y definitiva para nuestras vidas.

    Los católicos romanos respondieron afirmando que la única manera de saber lo que debía ser incluido en el "canon" de la Biblia era lo que la iglesia decidía que era canónico y lo que no era. No es así, dijeron los reformadores. Los padres de la iglesia afirmaron que habían "recibido" el canon de las Escritura (la lista de libros autoritativos), en lugar de haberlos "establecido". Cuando recibimos a Cristo como nuestro Señor, eso no quiere decir que lo hacemos Señor o que tenemos autoridad sobre Él. El Padre lo puso por Señor, y simplemente nos limitamos a reconocer ese hecho. Del mismo modo, cuando los padres de la iglesia recibieron la Santa Escritura, ellos no reclamaron tener ninguna autoridad sobre ellas. Muy por el contrario: ellos postraban sus rodillas delante de la máxima autoridad de las Escrituras.

    Inclinarse ante la autoridad de la Escritura no es una noción intelectual, abstracta. Como todas las ideas que tienen consecuencias, la consecuencia suprema de esta controversia fue el surgimiento de la iglesia protestante. Las personas de convicción deben tomar decisiones serias. Pregúntese si usted lo entiende, y luego colóquese bajo la autoridad de las Escrituras.

    [right-side]
    "Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado" 1 Pedro 1:13.
    Gloria a Dios, el sosiego está por venir. Antes de lo esperado usted y yo recibiremos la "herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos" (1 Pedro 1:4). Cuando llegue, comprenderemos plenamente el significado de esa fe más preciosa que el oro (1 Pedro 1:7). Aquí es donde el apóstol Pedro desea que descanse su esperanza.

    Pero ahora es un tiempo de guerra y no de paz. Es un momento para conducirnos por fe, no por vista. Es un momento de dolorosas pruebas que evalúen la autenticidad de nuestra fe (1 Pedro 1:6-7). Así que es el momento de prepararnos para la acción de la batalla, momento de mantenernos preparados y alertas.

    En el presente las batallas no son contra "carne y sangre", es decir en contra de personas, aun cuando estas sean el instrumento utilizado; sino que nuestras batallas son "contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12), y el engaño del pecado (Hebreos 3:13). Y estas dos fuerzas van a tratar de utilizar las  emociones en contra nuestra. Por lo que podría ser útil, a modo de preparación, recordar el propósito de las emociones para que podamos luchar con mayor eficacia y saber cómo contrarrestarlos.

    Dios diseñó las emociones como instrumentos indicadores, no como guías o recomendaciones a seguir. Tienen la intención de informarle, no dictaminarle. El diseño de sus emociones (no inducido por cafeína o cualquier otro estimulante) nos dará la medición de donde está puesta nuestra esperanza, ya que están conectadas a nuestras creencias y valores y a la magnitud de estas. Es por eso que las emociones como el deleite (Salmo 37:4), amor (Romanos 12:10), temor (Lucas 12:5), ira, enojo (Salmo 37:8), alegría (Salmo 5:11), etc., son tan importantes en la Biblia. Revelan aquello que amamos, creemos y tememos en nuestro corazón. Podríamos decir entonces que aquello que nos produce placer es la dimensión de nuestro tesoro, porque la emoción del placer es un indicador que te informa aquello que amas.

    Pero debido a que nuestras emociones están conectadas con nuestra naturaleza caída, así como con nuestra naturaleza regenerada, el pecado y Satanás tienen acceso a ellos y los utilizarán para tratar de manipularnos y convencernos de actuar perdidamente. Es por eso que nuestras respuestas emocionales a la tentación pueden parecernos como imperativas (debes hacer tal o cual cosa...) en lugar de indicativas (esto es lo que me está advirtiendo...). Sólo recuerde, eso es engaño.

    Las emociones no son órdenes; ellas no son nuestro patrono. Ellas son avisos; son advertencias. Es por eso que Pablo escribió: "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias" (Romanos 6:12).

    Así que atendamos hoy al consejo de la Palabra: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). Él le hará promesas y/o tribulación en su contra. Él probablemente intentará golpear ligeramente sus áreas débiles de incredulidad, entonces se dará cuenta que sus emociones están creciendo en la dirección equivocada.

    Cuando esto le suceda no quede extremadamente impresionado. Y recuerde que sus emociones son medidores no guías. Permita que le señale por donde está siendo atacado para que pueda luchar tomando "toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo" (Efesios 6:13). Acérquese a un hermano, pastor, consejero de confianza para tener un tiempo de oración, mayor perspectiva y/o consejería, si es necesario.

    Siempre tenga presente que "esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria" (2 Corintios 4:17) y muy pronto, va a terminar. Y las riquezas de nuestro poderoso Dios, será nuestra mayor y más grande recompensa, será toda la herencia que necesitaremos por siempre.

    Espere completamente en eso. Que Dios te bendiga.

    [right-side]
    La unidad entre dos personas o un grupo de personas obtiene su fortaleza plena de algo más que un simple objetivo común. La unidad en sí misma es neutral hasta que se suministra el bien o la maldad con alguna otra cosa. Por tanto si Herodes y Pilato estaban unificados por su desprecio común hacia Jesús (Lucas 23:12), esta no es la noción de una buena unidad. Pero si Pablo y Silas cantan juntos en la cárcel por causa de Cristo (Hechos 16:25), esto  conlleva la idea de una buena unidad.

    Entonces, no es suficiente convocar a los cristianos a tener unidad. Eso puede ser bueno o malo. Por ejemplo, el voto unificado en una comunidad cristiana para prohibir la asistencia a los servicios de alguna etnia o raza, o bien el voto unificado para aprobar los actos sexuales prohibidos no es una buena unidad.

    ¿Qué produce la unidad cristiana?
    La unidad cristiana en el Nuevo Testamento alcanza su fruto por medio de la combinación de los siguientes cuatro atributos: su fuente, sus puntos de vista, sus afectos y sus propósitos.

    La fuente
    La exhortación de Pablo en las Escrituras, es a tener un interés específico, celoso y diligente, de mantener «la santa unidad» que debe caracterizar a la verdadera Iglesia. En efesios 4:3 el apóstol nos anima a ser "solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz". Aquí el pasaje implica que tal unidad se produce únicamente por el Espíritu Santo; siendo entonces el causante y quien ha actuado en nuestros corazones para la renovación, deberíamos responder en función de esa unidad que Él proporciona.

    Esta unidad, solo puede ser sustentada y perpetuada en la negación del yo. Mientras el yo sea el centro de todas las cosas, esta unidad no podrá existir nunca plenamente. En una sociedad donde el yo predomina, las personas no son más que un conjunto desintegrado de unidades individualistas en guerra. Pero cuando el yo muere y Cristo se establece en el primer lugar de nuestros corazones, entonces se produce la unidad, que es la característica importante de la verdadera Iglesia.

    El Espíritu Santo es el gran donador de la unidad.  Una de las más hermosas alegorías de la unidad de la Iglesia es presentada por el apóstol Pablo en  1 Corintios 12:13, "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu". No deja de sorprendernos considerar la forma en que cooperan las diferentes partes del cuerpo. Pablo traza aquí el diseño de la Iglesia como un cuerpo. Un cuerpo consta de muchas partes, pero tiene una unidad esencial. Hay una personalidad que da unidad a las diversas partes del cuerpo. Observe atentamente la siguiente enseñanza de este pasaje: Lo que el yo es al cuerpo, lo es Cristo a la Iglesia. Es en Cristo por medio del Espíritu Santo donde todos los diversos miembros encuentran su unidad.

    Los puntos de vista
    Pablo dice que Cristo dio a la iglesia los pastores y los maestros para equipar a los santos "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13). En otras palabras, la unidad que buscamos es la unidad en la verdad. Desde luego, entendemos que la unidad cristiana comprende más que verdad compartida, pero no menos.

    Existe un peligro que amenaza a la iglesia, este es la desunión. Cuando los miembros de la iglesia están caminando en serio y sus creencias  realmente les importan es cuando emergen los diversos puntos de vista y el peligro de contiendas es más factible. Existen por lo menos tres causas para la desunión:
    1. Está la ambición egoísta. Siempre hay peligro de que las personas hagan las cosas, no para que avance la obra, sino para promocionarse a sí mismas.
    2. Está el deseo de prestigio personal. El prestigio es para muchos una tentación aún mayor que la de la riqueza. El ser admirado y respetado, el sentarse en la plataforma, el buscar la opinión de uno, el deseo de ser conocido de nombre y en persona, hasta el ser adulado, son para muchos las cosas más deseables. El cristiano debe desear que la gente fije la mirada, no en él mismo, sino en Dios.
    3. Está el concentrarse en el ego. Si una persona se preocupa solo de sus propios intereses, es inevitable que choque con otras personas. Si su idea de la vida es la de una contienda competitiva cuyos premios se esfuerza por ganar, siempre considerará a los demás como enemigos, o por lo menos como rivales de los que tiene que librarse. El concentrarse en uno mismo induce inevitablemente a eliminar a los demás; y el objeto de la vida no puede ser ayudar a los demás, sino quitarlos de en medio.
    Pablo compila las palabras en un pensamiento común en Filipenses 2:2 diciendo: "completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa". No puede haber felicidad para uno mientras sepa que hay desunión en la iglesia que le es tan querida. Solo es posible completar el gozo cuando los hermanos completan su comunión. No es con amenazas como Pablo se dirige a los cristianos de Filipos, sino con la exhortación en amor y en paciencia, que debería ser el acento del pastor, como fue el acento de su Señor.

    Los Afectos
    El amor cristiano es esa buena voluntad invencible, que no sucumbe jamás al rencor ni busca más que el bien superior de los demás. No es una mera actitud del corazón, como el amor humano; es la victoria de la voluntad, lograda con la ayuda de Jesucristo. No quiere decir amar solo a los que nos aman; o a aquellos que nos gustan; ni a los que son amables. Quiere decir una buena voluntad invencible aun hacia los que nos odian, los que no nos gustan y que son todo lo contrario de amables. Esta es la misma esencia de la vida cristiana; y nos afecta tanto en el tiempo como en la eternidad.

    Apuntalando más esta idea, el amor unificado en el cuerpo de Cristo incluye un compromiso robusto en hacer el bien a la familia de Dios nos agrade o no (Gálatas 6:10). Sin embargo, tan difícil como lo es para diversas personas, la experiencia de la unidad cristiana es más que eso. Comprende amor afectivo, no sólo sacrificar aquello que no le gusta. Es un sentimiento de cariño. Hemos de tener afecto por aquellos que son nuestra familia en Cristo. Los siguientes son pasajes que nos alientan al amor fraternal: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal" (Romanos 12:10). "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1 Pedro 1:22). "Sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables" (1 Pedro 3: 8).

    Los propósitos
    La morada del Espíritu, la manifestación de Cristo, el amor a la verdad y la unidad están diseñadas por Dios para tener al menos dos propósitos: el testimonio al mundo, y la glorificación de Dios. El apóstol Juan hace la primera de ellas muy clara. "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:34-35).

    La declaración famosa de Jesús en Juan 17 tienen sus raíces en la profunda unidad espiritual entre el Padre y el Hijo, y con los que Dios ha escogido de entre el mundo (Juan 17:6). "...que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Juan 17:21). En estos pasajes anteriores debemos notar que el testimonio al mundo consiste en amarnos los unos a los otros y la unidad con el Padre y con el Hijo, de manera que el mundo crea. Esto es mucho más que estar relacionados a través de una organización común.

    A manera de conclusión podemos decir que la unidad cristiana que resplandece con auténtica gloria, de manera que el mundo pueda observarla, es la unión con el Padre y el Hijo, de modo que la gloria del Padre y el Hijo forma parte de nuestras vidas. "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno" (Juan 17:22). Esa gloria se debe a: "Yo en ellos, y tú en mí" (Juan 17:23). De esta unión con Dios, y la gloria que da, brilla algo que el mundo puede ver, si Dios les da ojos para ver.

    El objetivo final de dicha unidad cristiana es la gloria de Dios. De ahí que Pablo ora: "Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios" (Romanos 15:5-7).

    [right-side]Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 2 Timoteo 2:15.

    Puede parecer una pregunta extraña: ¿por qué estudiar la Biblia? - sobre todo cuando probablemente no hubiera continuado leyendo esto, si no creyese que dicho estudio es necesario o al menos de alguna manera beneficioso. Pero con demasiada frecuencia hacemos cosas por el simple hecho de hacerlas. Ciertamente este es un buen momento para preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos o por qué no hacemos lo que deberíamos hacer.

    Aunque hay varias razones de peso para estudiar la Biblia, hay dos excusas comunes para no estudiar las Escrituras. La primera, comúnmente manifestada, es que la Biblia es difícil de entender y sólo los teólogos altamente cualificados con formación técnica están equipados para la tarea. Esto es lo que a menudo pensamos y decimos, a fin de acallar nuestras conciencias y descuidar nuestro deber de estudiar las Escrituras.

    Los reformadores del siglo XVI respondieron esta excusa defendiendo la perspicuidad de las Escrituras, es decir, la claridad de las Escrituras. Ellos no mantuvieron que todas las partes de la Escritura son igualmente claras, sino que la Biblia es necesariamente clara en su mensaje básico. Esto significa que si leemos, podremos captar lo esencial, con la iluminación del Espíritu Santo.

    La segunda excusa es que la Biblia es demasiado aburrida. Nos quejamos de que necesitamos la ayuda de alguien para "hacer que la Biblia cobre vida"; pero la Biblia está viva, y sus palabras nos hacen cobrar vida. No hay nada de aburrimiento en el drama, pasión, crimen, devoción y vida real que está representada en las Escrituras. Las costumbres antiguas pueden parecer ajenas a nosotros, pero las luchas y los problemas que enfrentaron los personajes bíblicos son los mismos que enfrentamos hoy día.

    Como seguidores del Señor Jesús debemos estar motivados a estudiar la Biblia, con el fin de seguir creciendo en las cosas que ya hemos aprendido. Necesitamos profundizar en nuestra comprensión sobre los orígenes y contextos de los libros de la Palabra de Dios con el fin de comprender y aplicar mejor a nuestras vidas las verdades que contienen.

    Nuestro objetivo final es glorificar a Dios a través de nuestra vida. Ciertamente, para que el creyente pueda alcanzar este objetivo, es fundamental el manejo y comprensión de la Biblia. Comprométase a ser hallado fiel en la tarea de presentarse a sí mismo como un obrero que maneja bien la palabra de verdad. Aun cuando está sea una tarea de por vida, se puede cumplir a través de la paciente práctica diaria.

    "Entonces el suegro de Moisés le dijo: —No está bien lo que haces.  Te agotarás del todo, tú y también este pueblo que está contigo. El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Ahora pues, escúchame; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo. Sé tú el portavoz del pueblo delante de Dios, y lleva los asuntos a Dios. Enséñales las leyes y las instrucciones, y muéstrales el camino a seguir y lo que han de hacer. Pero selecciona de entre todo el pueblo a hombres capaces, temerosos de Dios, hombres íntegros que aborrezcan las ganancias deshonestas, y ponlos al frente de ellos como jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez". Éxodo 18:17-21.

    La gente a menudo desarrolla un deseo de algo que no está en el plan de Dios para ellos. Cuando no pueden alcanzar lo que está puesto en el deseo de su corazón pueden construir una intensa e implacable presión.

    Los cristianos que son consumidos por la avaricia han dejado de depender de Dios. Para alcanzar una meta, algunos manipulan las circunstancias, porque ellos han perdido la fe en la capacidad del Señor para saber qué es lo mejor y como proporcionarlo. Tal comportamiento indica un rechazo de la soberanía de Dios. Entonces el miedo se convierte en un problema, ya que la persona persigue más y más el objeto de su deseo.

    Las consecuencias de la codicia son dolorosas: la sensibilidad espiritual de un creyente puede debilitarse hasta el punto de que ya no es sensible a la voz del Espíritu. A medida que un cristiano se distancia a sí mismo del Señor, una actitud codiciosa probablemente lo conviertan en un desagradecido. Es difícil ser agradecido por las cosas que uno no tiene, y la atención esté centrada en lo que le falta.


    La codicia lleva a una vida de tensión y preocupación. Jetro sabiamente aconsejó a su yerno Moisés a buscar ayudantes que odiaran las ganancias mal habidas. Estos hombres estaban más interesados en lo que Dios proveyera para ellos, que en lo que podían adquirir por sí mismos. Si queremos ser como ellos, hay que centrarse en los propósitos de Dios para nuestra vida. Cuando somos sensibles a su voz, Él nos enseña a distinguir entre los deseos que están dentro de su voluntad y los que se encuentran fuera de ella. Como creyentes, tenemos el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros y nos ayuda a resistir la tentación de los malos deseos. La codicia no tiene que ser nuestra perdición.

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