Muestra una perspectiva bíblica y relevante sobre diversos temas en la vida del cristiano, además de presentar mensajes que contienen puntos prácticos que se pueden aplicar en la vida cotidiana.

Latest Post

[right-side]
Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y  heridos.
Hechos 19:11-16

Existe una confusión generalizada entre muchas iglesias evangélicas modernas, en especial aquellas de corte carismático, con respecto a las actividades y operaciones de Satanás.

Muchos de los cánticos de adoración modernos se centran en la guerra espiritual, incitando a los cristianos a ir al "campo enemigo" y tomar "nuevamente lo que Satanás robó". Pastores ofrecen oraciones para colocar coberturas alrededor de los creyentes. Además, se vende ampliamente la idea de que la oración más fuerte y más ferviente, es la más eficaz para atar a Satanás. Pero la pregunta que cada creyente debe hacerse es: ¿es este realmente el verdadero papel de los creyentes en el ámbito de la guerra espiritual?

Deseo compartir con ustedes algunas observaciones acerca de esta extraña práctica de guerra espiritual y proporcionarles valiosa información Bíblica acerca de cómo los cristianos deben y cómo no deben responder al entorno satánico.

Examinando la Palabra de Dios en 1 Juan 4:1-8 leemos lo siguiente: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor".

Lo primero que podemos observar es que Dios por medio del apóstol nos da un mandato, una orden: "probad los espíritus". Evidentemente, siendo que la siguiente oración hace referencia a los falsos profetas, podemos inferir que "espíritus" está haciendo referencia a personas.  Por otro lado tenemos la palabra "probad", que en el griego, el término es usado en metalurgia para evaluar la pureza del metal. Entendemos entonces que Juan nos está diciendo: "Examinad la pureza de las personas".

El apóstol Pablo nos recuerda lo mismo en 1 Tesalonicenses 5:21-22 cuando dice: "Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal", y utiliza la misma palabra, para indicar que debemos probar lo que estamos escuchando. Esto es esencial. Es esencial porque Satanás existe, porque los demonios existen, y porque operan en un reino de mentira que domina el mundo.

Satanás es el dios de este mundo, el príncipe de las potestades del aire, el gobernante de las tinieblas, de las huestes espirituales de maldad de este siglo en los lugares celestiales. A él se le ha permitido circular en este mundo, desplazarse como león rugiente buscando a quien devorar. Él y sus agentes se disfrazan de ángeles de luz, de acuerdo con el apóstol Pablo en su carta a los Corintios. Y no debemos sorprendernos de que Satanás opere el 99 por ciento de las veces en la falsa religión, en la mentira y el engaño.

Satanás no está detrás del comportamiento miserable, corrupto y pecaminoso de una sociedad definida. La carne se encarga de eso. Satanás está detrás de la religión corrupta, detrás de los falsos sistemas de creencias. Es muy importante entender esto.

Las personas hablan de guerra espiritual haciendo referencia a Satanás y los demonios, pero ignoran  que están equivocados en su manera de pensar. Ellos tienen la idea o han sido enseñados a que  debemos estar acorralando a Satanás. Es común observar a pastores levantarse en el pulpito frente a la feligresía para orar;  y sorprendentemente  escuchar que las primeras palabras que salen de su boca es: "Satanás, te atamos", además de otros pronunciamientos acerca de satanás, acerca de atar, acerca de prohibir, de que si Cristo lo pudo hacer, de que si los apóstoles tenían autoridad y todo este tipo de lenguaje doctrinal desacreditado. Simplemente podemos quedar perplejos  al escuchar que las primeras palabras de inicio son: "Satanás". Nos preguntamos entonces: ¿Qué? ¿Está hablando con el diablo, diciéndole lo que puede o no puede hacer? Tal vez piensa que eso es  guerra espiritual, y tal vez piensa que él tiene el poder de hacer eso. Eso no es otra cosa que un engaño, artimaña, argucia.

Estos individuos que se hacen llamar cristianos y aún peor se constituyen como pastores, con sus charlatanerías solo demuestran su enorme ignorancia en las Escrituras. La Biblia describe la guerra espiritual en 2 Corintios 10:3 con estas palabras: "porque las armas de nuestra milicia no son carnales"; entendemos entonces que estamos hablando de guerra, hablando de armas y estas "no son carnales", es decir, no son humanas. El pasaje especifica que estamos "en la carne"; lo que desea destacar el versículo es que somos humanos. Cuando dice que: "andamos en la carne" no se está refiriendo a que andamos en pecado, sino que simplemente habla de que somos seres humanos, y no podemos hacer la guerra  "según la carne". Nuestras armas no pueden ser de origen humano. No batallamos por medio del ingenio o la astucia humana. No puede ser nada concebido por el hombre, no importa cuán nobles sean nuestros pretensiones.

Esta guerra espiritual no se pelea con armas humanas convencionales. Se necesita mucho más que eso; según el versículo 4 de 2 Corintios 10 estas deben ser "poderosas en Dios". Hemos sido reclutados en una guerra espiritual que no puede ser combatida con armas humanas, no importa cuán noble, bien concebido y bien elaborado pueda ser la estrategia que pudiéramos  pensar.

El objetivo final expresado por el apóstol Pablo, según el versículo 4, es la "destrucción de fortalezas".  Y la figura presentada aquí nos indica que las armas humanas no son rivales para esta enorme fortaleza. La palabra "fortaleza", para la época de Pablo,  daba la idea de un edificio de piedra inexpugnable. Estamos asaltando edificios formidables. No podemos utilizar las armas humanas, ellas son como pistolitas de agua.

¿Qué son esas fortalezas?  Al comienzo del versículo 5 dice: "derribando argumentos". Cuando el apóstol habla de derribar fortalezas, él está haciendo referencia a la destrucción de razonamientos, especulaciones, ideas, ideologías, teorías, puntos de vista, sistemas de creencias, psicologías, filosofías, religiones. Este es el compromiso para el cual hemos sido llamados  en esta guerra espiritual. Es una batalla por el modo en que la gente piensa. Es una batalla por la mente. No se trata de perseguir a Satanás. No se trata de corretear demonios. Eso no está dentro de la competencia de nuestras capacidades. La nuestra es una guerra por la mente.

El mundo es prisionero de los sistemas de creencias. Ellos son prisioneros en esas fortalezas, en el sentido de que son inexpugnables en sus ideologías. Esas fortificaciones en las que viven se convierten en sus prisiones y terminan en sus tumbas.

El arquitecto de todas estas fortalezas no es otro que el mismo Satanás. Él es el padre de la mentira. Él es el engañador. Es el ángel de luz impostor. Y sobrelleva su gran trabajo a través de los sistemas de falsas creencias.

El versículo 5 nos da una definición más detallada del significado de fortaleza; dice así: "toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios". ¿Qué significa eso? Es cada gran idea, cada idea aparentemente noble, cada idea intelectual, cada gran visión, cualquier cosa y todo lo que se levante como una ideología "contra el conocimiento de Dios". Las personas están atrincheradas en las fortalezas de los sistemas anti-Dios. Para usar el lenguaje de Juan, son anticristos. Y como dije, las personas están atrincheradas, están presas en esas fortalezas. Y ellos, en última instancia, morirán en esas prisiones.

Entonces, ¿cuál es nuestra responsabilidad? Nuestra responsabilidad es la de romper estas ideologías, aplastar estas fortificaciones y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Esta es una batalla por el modo de pensar de las personas. Una vez más, Satanás es el arquitecto, el diseñador, el ingeniero y el constructor de estas ideologías. Es responsabilidad de cada pastor, cada maestro, cada predicador, cada cristiano examinar todos los requerimientos que se nos formulen y poner a prueba a las personas, y las profecías. Al igual que los nobles de Berea, examinar todo para ver lo que es verdadero

[right-side]
Cierto día, un experto en la ley religiosa se levantó para probar a Jesús con la siguiente pregunta:
—Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
Jesús contestó:
—¿Qué dice la ley de Moisés? ¿Cómo la interpretas?
El hombre contestó:
—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.
—¡Correcto! —le dijo Jesús—. ¡Haz eso y vivirás!
Lucas 10:25-28; Mateo 22:36-40; Marcos 12:28-31.

El amor de Dios es un gran consuelo. Pero tal vez este no sea tan consolador como algunas personas creen. Como dijimos la última vez, el amor de Dios no es una envoltura teológica que sofoca todo aquello que la Biblia dice acerca de cómo Dios se relaciona con nosotros. Ese enfoque miope, de sensación de bienestar en el amor de Dios, a menudo hace caso omiso de sus implicaciones más profundas. En concreto, se pasa por alto el hecho de que el amor de Dios acarrea una peculiar condena.

El amor y el legalismo
Muchos creyentes te dirán que la vida cristiana es tan simple como "amar a Dios y al prójimo". Es una consigna muy popular en las mega-iglesias influyentes, haciendo parecer sin esfuerzo esos elevados propósitos. De hecho, algunos erróneamente reducen  el Evangelio a esa simple frase.

Pero esa idea errónea no es nada nueva; era una creencia generalizada entre los fariseos. El evangelio de Lucas relata un incidente relacionado con este tema:

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás, Lucas 10:25-28.

Si detenemos la lectura  ahí, podríamos asumir que Cristo acababa de abrir una puerta lateral al cielo. Sin embargo, pasaré a explicar el punto exacto que el Señor estaba proyectando:

Jesús, por supuesto, no estaba diciendo que había algunas personas en algún lugar que podrían salvarse por guardar la ley. Por el contrario, Él se proponía señalar la imposibilidad absoluta de lograrlo, ya que la ley exigía la obediencia perfecta y completa (Santiago 2:10), y promete la muerte física, espiritual y eterna a los que la desobedecen (Ezequiel 18:4,20; Romanos 6:23).

En lugar de afirmar el enfoque legalista de la salvación, Cristo estaba condenando su falsa piedad e ilustrando la imposibilidad de cumplir con la ley.

Pero el escriba no logra comprender ese punto. En su lugar, tontamente se aferró a su propia justicia y tomo la actitud equivocada; dice la Palabra: "Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?" (Lucas 10:29). Podemos observar la necedad y la ceguera que condujo a esta respuesta por parte del escriba.

En este punto de la discusión, el escriba debería haber reconocido su incapacidad para amar como Dios requiere y clamar por misericordia como lo hizo el publicano en Lucas 18:13. Pero acorralado en una esquina de la que no había escapatoria, su miserable orgullo y justicia propia tomaron el control. Note lo que dice el pasaje: "queriendo justificarse a sí mismo". Él no pudo negarse a sí mismo. No solo se negó a confesar la realidad de su corazón pecaminoso, sino que menospreciando la convicción de pecado que seguramente sintió interiormente, entonces inflexiblemente reafirmó su externa auto-justicia y méritos.

Observamos repetidamente esa misma confianza legalista en las iglesias de hoy; cómo las personas hacen valer sus capacidades para planificar "amar a Dios y amar al prójimo" lo suficiente.

Sin embargo la negligente parcialidad de esa consigna disminuye el peso de las repetidas advertencias de las Escrituras a emular el amor de Dios. Al igual que el legalista debe haber sentido el aplastante peso de la ley en medio de su auto-justificación, cualquier reflexión honesta acerca de los mandamientos del Señor debería crear un agudo sentido de convicción y reproche.

La incapacidad de amar debidamente a otros
Por ejemplo, el mandato de Cristo a sus discípulos, "Amaos los unos a los otros, como yo os he amado", Juan 13:34; cf. Juan 15:12, en un primer momento parece bastante simple. Pero si tomamos en cuenta la profundidad del amor de Cristo por nosotros, y los grandes extremos a los que Cristo fue expuesto para expresar ese amor, este se convierte en un desafío mucho mayor. Francamente, inalcanzable.

El amor de Cristo es un ejemplo de las manifestaciones más puras de abnegación y sacrificio que este mundo haya visto. Los evangelios nos presentan abundantes ejemplos de su amor extraordinario para las personas que vino a salvar. Y si ningún sentido de reproche surge de nuestro deber de amar a los demás de la misma manera que Cristo nos ha amado, entonces no sabemos nada acerca del precio que Cristo pagó para mostrar ese amor.

Tenga en cuenta su propia facultad viciada de amar a los demás. Cada impulso egoísta, cada esfuerzo de  instinto de conservación, cada elección de la comodidad por encima de la compasión contradice la manera en que Jesús amaba. Si somos honestos, deducimos que rara vez amamos a los demás a la manera de Cristo; si es que hemos amado.

Cuanto más aumenta nuestra comprensión de la perfección del amor de Cristo, más aun se agranda nuestro pecaminoso fracaso en seguir el ejemplo de Cristo.

La incapacidad de amar debidamente a Dios
La noticia no es mejor cuando se trata de amar a Dios. Desde los primeros días de su pacto con Israel, el Señor exigió la supremacía en los corazones de su pueblo. Deuteronomio 6: 5 dice claramente, "Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas". El mismo Cristo consideró esta declaración como el más grande mandamiento (Mateo 22:36-38). Pero estos pasajes nos conducen a unas preguntas:

  • ¿Realmente amamos a Dios por encima de todo?
  • ¿Su gloria es nuestro mayor deseo?
  • ¿Es nuestra adoración a Él libre de distracciones mundanas?
  • ¿Está nuestro más valioso tesoro almacenado en el cielo?
  • ¿Hemos afirmado nuestros afectos en Él?
  • ¿Es el cumplimiento de Su voluntad nuestra principal motivación?
  • ¿Es la obediencia a Él nuestra mayor alegría?
  • ¿Cumplimos y estamos cumpliendo en servirle a Él?
  • ¿Está cada aspecto de nuestra vida dedicada a servirle, adorarle y glorificarle?

Esa es la naturaleza de la relación que se suponía el hombre debía tener con Dios. Pero el pecado de Adán desde entonces nos separó de esa realidad. Sólo en Cristo podemos ser restaurados, y sólo en la eternidad podremos disfrutar de perfecta comunión de amor con el Padre. Por ahora, el mandamiento de amar a Dios cuelga sobre nosotros como un recordatorio perpetuo de nuestra culpa, condenando la incapacidad y la insuficiencia de nuestra carne caída.

¿Entonces, cuál es el punto?
La condenación en el amor de Dios no es un fin en sí mismo. Es un motivador, un impulsor para nuestro crecimiento espiritual y piadoso.

Para los incrédulos engañados, las ricas profundidades del amor de Dios deben ser un llamado de atención a la gravedad de su verdadero estado espiritual. El Evangelio reducido al "amor a Dios y a los demás" simplemente es un falso evangelio. En lugar de hallar confianza farisaica en su habilidad para cumplir con la ley de Dios, incluso los más simples requisitos, ellos necesitan entender el desperfecto fatal que está en su carne. Necesitan ser aplastado bajo el peso de su propia censura, y romper el orgullo que subyace en su propia justicia.

Tienen que experimentar la transformación que Pablo describe en su carta a la iglesia de Galacia:

Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe, Gálatas 3:23-24.

En términos simples, ellos necesitan estar humillados, y llegar a una verdadera fe y arrepentimiento. Los creyentes negligentes deben igualmente  humillarse por causa de las realidades del amor de Dios. La salvación no es una excusa para la teología superficial o de mala calidad. Los verdaderos creyentes deben tener un apropiado respeto y comprensión acerca del amor de Cristo y Sus ordenanzas para reflejar ese amor a través de nuestras vidas.

La comprensión de cuan bajo podríamos caer debería estimularnos a un mayor crecimiento y santidad. Debemos disciplinarnos para una mayor conformación a la imagen de Cristo, y vivir vidas que ejemplifiquen Su amor a aquellos que nos rodean.

Por otra parte, esto debería impulsarnos a un mayor amor por Cristo. Todos estos requisitos, en última instancia, apuntan hacia Cristo, tanto el perfecto modelo de amor y perfecta expresión de amor. Él es el Uno, el Único, que cumple a la perfección todos los requisitos que el amor demanda.

En Cristo, el carácter del amor de Dios encuentra su real y completa expresión. Y es allí donde vamos a estar apuntando en el próximo artículo.

[right-side]
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Romanos 5:8; 1 Corintios 13:4-7; 1 Juan 4:8

A primera vista, la idea de "Dios es amor" no parece tener un gran problema teológico. Primera de Juan 4:8 no puede ser más claro: "Dios es amor". De todas las maneras de describir a Dios, esta sin duda, es la más querida y ampliamente aceptada.

¿Cuántas veces hemos oído la frase, "Un Dios de amor nunca permitiría..."? Aquellos que piensan de esta manera están diciendo en realidad que tienen su propia concepción acerca de lo que es el amor, y ellos sólo aceptarán a un dios que ame según sus términos. Esa es la forma sutil de idolatría que muchas personas, incluso muchos feligreses, aceptan en la actualidad.

El asunto no es si Dios ama o no, sino si las personas que proclaman Su amor tienen algún indicio de lo que están hablando en realidad. Es cierto que Dios es amor. Pero no caigamos en el monumental error  de asumir que eso es todo lo que Él es, o todo lo que Él desea que sepamos acerca de Él.

Entonces el problema con la idea de "Dios es amor", es que la discusión de esta se torna nublada y confusa por personas que no saben qué es el amor o quien es Dios, y sin embargo hablan del tema con calificada autoridad.

Más que un sentimiento
En la cultura actual, usted podría encontrarse en apuros tratando de elaborar una definición sólida acerca del amor. La mayoría de las personas evitan definirlo o elaborar un claro significado del mismo, en lugar de confiar en sus razonamientos simplemente para conocer lo que se siente. Pero en un mundo plagado de baladas, películas románticas, y citas rápidas, la percepción pública de amor es variable.

Es lamentable el trayecto de separación que existe entre la comprensión sensual del amor y el punto de vista bíblico. Aquello que oímos hablar acerca del amor en las canciones populares es casi siempre presentado como un sentimiento; generalmente involucran deseos  insatisfechos. La mayoría de las canciones de amor no sólo reducen el amor a una emoción, sino que también lo convierten en un deseo involuntario. Las personas "caen" en el amor. Ellos se dejan llevar por el amor. Ellos no pueden contenerse a sí mismos.

Puede parecer un bonito sentimiento romántico representar al amor como una pasión incontrolable, pero aquellos que piensan cuidadosamente acerca de él, se dan cuenta de que tal "amor" es a la vez, egoísta e irracional.  Está muy alejado del concepto bíblico acerca del amor. El amor, según las Escrituras, no es una sensación impotente del deseo. Más bien, es un acto decidido de entrega. El que ama verdaderamente está deliberadamente consagrado a lo que ama. El verdadero amor surge de la voluntad, no de la emoción ciega.

La atracción, el afecto y el deseo no constituyen el verdadero amor; estas, en realidad, no son otra cosa que  distracciones del concepto real. El apóstol Pablo describe al amor como sacrificial y desinteresado, no impulsado por las emociones y la sensualidad. Fíjese lo que dice el apóstol Pablo:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.  Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.  1 Corintios 13:4–7.

Primera de Corintios 13 no es un oscuro u olvidado pasaje de la Biblia, más bien es un pasaje muy utilizado en casi todas las bodas, incluso en aquellas de inconversos. Por lo general es utilizado como un bálsamo para sentirse bien, cuando más bien debería considerarse con gran temor.

El listado de Pablo en este pasaje está lleno de dolor, auto-sacrificio y abnegación. No estamos inclinados a tales cosas, estamos habituados a amar aquello que satisface nuestras necesidades, y no a amar aquello que satisface las necesidades de otros.

El verdadero amor es difícil. De hecho, si somos honestos, el modelo  de Pablo es demasiado difícil para nosotros. Simplemente no podemos cumplir con tan elevada norma, de este lado del cielo. El único que lo hizo es Cristo nuestro Dios y Señor.

Dios es amor, pero él no es solamente Amor
Cristo es la máxima expresión del amor de Dios (Juan 3:16). Sin embargo, muchas personas cometen el error de asumir la encarnación de Cristo como que fue un momento crucial para Dios, en el cual  marcó una transformación de su carácter, inclinándose hacia el amor y alejándose de la ira.

Pero Dios nunca cambia. "Porque yo Jehová no cambio", Malaquías 3:6, cf. Hebreos 13:8. Dios es, y ha sido siempre, amor, pero no con el fin de excluir sus otros atributos.

El amor de Dios no anula su odio al pecado. De hecho, lo opuesto es verdad.  El verdadero significado del amor de Dios está ligado y magnificado por nuestra culpa: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”, Romanos 5:8.

Es igualmente erróneo suponer que el amor de Dios rechaza o elimina algunos de sus "menos populares" atributos. Esta visión tan flexible de Dios está muy extendida en las iglesias modernas. Hoy en día la mayoría de las personas parecen tener poca dificultad para creer en el amor de Dios; por el contrario tienen mucha dificultad para creer en la justicia de Dios, la ira de Dios, y la  veracidad coherente de un Dios omnisciente.

Por otra parte,  el fracaso de predicar la ira de Dios es en realidad el fracaso en comprender el amor de Dios. Hemos perdido la realidad de la ira de Dios. Hemos hecho caso omiso de Su odio por el pecado. La mayoría de los evangélicos ahora describen a  Dios como todo amor y para nada airado. Hemos olvidado que "Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo", Hebreos 10:31. No creemos más en esa clase de Dios.

Debemos recuperar algo del terror sagrado que viene con la correcta comprensión de la justa ira de Dios. Debemos recordar que la ira de Dios se encenderá contra los pecadores impenitentes (Salmo 38:1-3). Esa realidad es lo que hace que su amor sea tan portentoso. Por lo tanto, debemos proclamar estas verdades con el mismo sentido de convicción y fervor que empleamos cuando declaramos el amor de Dios. Es solamente en el contexto de la ira divina que todo el significado del amor de Dios puede ser comprendido realmente. Ese es precisamente el mensaje de la cruz de Jesucristo. Después de todo, fue en la cruz que el amor de Dios y su ira convergieron en toda su plenitud majestuosa. Romanos 3:24-26.

Irónicamente, en una época que concibe a Dios como totalmente amoroso, totalmente desprovisto de ira, pocas personas entienden realmente todo lo que comprende el  amor de Dios. El amor de Dios no es una envoltura teológica que ahoga todo lo que la Biblia dice acerca de cómo Dios se relaciona con nosotros. El amor de Dios es en realidad una de las doctrinas más difíciles en toda la Escritura. Y es un reto al que me subscribiré en próximos artículos trayendo claridad y armonía a las tensiones bíblicas que tantas personas esquivan. 

[right-side]
La tendencia a combinar y armonizar las corrientes de pensamiento o ideas opuestas, es lo que se conoce como sincretismo. El sincretismo religioso es un proceso, consecuencia de los intercambios culturales entre los diversos pueblos. En algunos casos, comprende la intervención oficial, en el que se intenta superar una situación de crisis cultural producida por el choque colisión de dos o más tradiciones religiosas diferentes. Su característica principal es conseguir que dos o más tradiciones culturales diferentes sean capaces de crear un ámbito de cohabitación en armonía.

Por ejemplo, La Santería es el fruto del sincretismo de religiones africanas (Yoruba) con elementos del catolicismo. Esclavos africanos fueron llevados a Cuba y a Brasil a trabajar en las plantaciones de azúcar, y la Iglesia Católica trató de evangelizarlos pero las condiciones eran muy difíciles. Los sacerdotes que buscaban evangelizarlos eran de la misma raza que aquellos otros que les oprimían; esto dificultaba que estos comprendieran y aceptaran lo que se les enseñaba. El resultado fue que muchos aceptaron exteriormente las enseñanzas católicas mientras interiormente mantenían su antigua religión. En este contexto se combinó el catolicismo con la religión africana para dar paso a lo que conocemos como la Santería.

El sincretismo no es nada nuevo para la iglesia católica. Ellos tienen una larga historia de adopción y asimilación de elementos de religiones indígenas en sus esfuerzos misioneros; esa es la razón por la cual la fe y práctica católica, supuestamente unida bajo el Papa, se percibe drásticamente diferente en América del Sur, África y Europa. En pocas palabras, el catolicismo es una mentira que absorbe fácilmente y adapta a otras mentiras.

La verdad de Dios es mucho más resistente a mezclarse con el error. Sin embargo, hoy en día, incluso entre los creyentes conservadores, hay muchos predicadores, maestros y estudiosos que están trabajando duro para que la iglesia y la Biblia sean más flexibles a las ideas contradictorias del mundo. Mientras que hacia el exterior pueden estar afirmando la infalibilidad y la autoridad de la Escritura, sus acciones revelan una falta de confianza en la Palabra de Dios. Intimidados por las agendas culturales y deseosos de encontrar el favor del mundo inconverso, estos hombres y mujeres se rinden frente a la mezcla de verdad con toda suerte de errores; evolución, feminismo, psicología y ecumenismo, sólo por nombrar unos pocos.

¿Son estas personas herejes? Por lo general no, pero en realidad con lo que están haciendo se mueven a zonas tanto más peligrosas. Al sincretizar la verdad y el error, animan a otros a unirse a ellos en el terreno resbaladizo de vinculación, exponiéndolos a doctrinas erróneas y concepciones corruptas del mundo. Ese compromiso anima a los creyentes a alegorizar, explicar o ignorar por completo la clara enseñanza de la Escritura.

Usted puede ver el devastador efecto que el sincretismo evangélico ha tenido en la autoridad, infalibilidad, claridad y suficiencia de la Escritura; fomentando un repugnante escepticismo como:
  • ¿Por qué tantos teólogos se sienten intimidados por la cosmología del Big Bang y la "ciencia de la evolución", cuando Dios les ha dado una explicación clara e invariable de la creación?
  • ¿Por qué tantos evangélicos con buena gana se dan la mano con Roma cuando los católicos todavía suscriben los mismos errores condenables que lo hacían durante la Reforma?
  • ¿Por qué deberíamos confiar en el pastor buscador de almas sensibles, que predica a partir de una Biblia que dice que en realidad nadie busca a Dios?
  • Y ¿cómo muchos eruditos de la Biblia abandonan puntos de vista bíblicos de liderazgo masculino con el fin de apaciguar al Baal del feminismo?

Los teólogos nunca han sido acusados como responsables de proteger los patrones culturales de ataques bíblicos, sin embargo, eso es precisamente lo que muchos hacen. Mientras que el sincretismo rara vez comienza en el aula, con demasiada frecuencia hay eruditos dispuestos a redefinir el texto bíblico y encontrar retorcidas formas de acomodarse a la cultura.

Si los estándares bíblicos se vuelven subjetivos, entonces carece de sentido la inerrancia. ¿Cuál es el significado de Dios hablar sin errores, si se le permite a cada intérprete ajustar la revelación divina a sus propias preferencias personales? Claramente, la iglesia sigue cayendo en el escepticismo engañoso de Satanás sobre lo que realmente dijo Dios (Génesis 3:1).

La iglesia no puede permitir que los vientos dominantes de la cultura dobleguen la espada del Espíritu. La Palabra de Dios está totalmente equipada para informarnos de nuestra perspectiva de la cultura, pero los ideales culturales no tienen nada que aportar a nuestra perspectiva de la Palabra de Dios.

En próximos artículos, de la serie sincretismo evangélico, profundizaré en algunas de las formas más prominentes de sincretismo evangélico. Apuntaré a dos objetivos principales. En primer lugar, el propósito fundamental es señalar aquellas formas que están bajo la influencia del sincretismo y de espaldas al verdadero objetivo de la fidelidad bíblica. En segundo lugar, queremos dotar a la iglesia, señalando las principales áreas de compromiso que debe evitar.

Con el fin de animar los comentarios sobre estas cuestiones cruciales, les recuerdo a los lectores que no es necesario crear una cuenta para comentar, pero sí se requiere de un nombre completo y la dirección de correo electrónico. Le invito a leer los temas y compartir los puntos de vista a través de sus comentarios.

[right-side]
Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Efesios 6:11-15

Cuando Satanás aparece con pensamientos engañosos en su mente, usted no tiene por qué admitir la derrota. Utilice los siguientes principios prácticos para hacer frente a los pensamientos corrompidos, sujetándolos con el cinturón de la verdad. 

Principio 1: Niéguese a sentirse culpable por los malos pensamientos
Imagine que usted se despierta a las 3 a.m. porque alguien está tocando a su puerta principal. Es más que probable que, antes de abrir la puerta, usted va a mirar por la abertura de la puerta para ver quién está causando la conmoción. Si se trata de un vecino, un amigo o un miembro de la familia, es probable que abra la puerta y le invite a entrar. Sin embargo, si se trata de un desconocido con un pasamontañas y portando una pistola, es de esperar que le niegue la entrada.
Si usted tiene la certeza de que esa persona que desea entrar en su casa pretende hacerle daño, ¿se sentiría culpable porque esa persona desea dañarlo? ¿Se lamentaría?, ¿Acaso diría: Qué es lo que pasa conmigo, qué hay de malo en mí que esta persona quiere hacerme daño? Pues no, lo más seguro es que usted llame inmediatamente a la policía para que detengan al asaltante.
No siempre somos responsables de los pensamientos dañinos que vienen a tocar a las puertas de nuestra mente. Aun cuando permitamos que estímulos externos, tales como ciertos programas de TV, material de lectura, o sitios de Internet puedan incitar pensamientos inmorales, avaros u otros, no siempre tenemos la culpa del primer asalto de estas ideas. Si estuvieras en una isla desierta, aun así tendrías que batallar contra los malos pensamientos.
¿Cómo sabemos esto? Considere la experiencia de Jesús en el desierto inmediatamente después de su bautismo. Durante 40 días Cristo estuvo completamente aislado. No tenía compañía, no tenía periódicos, correo electrónico, televisión ni celular. Sin embargo, después de esos 40 días, Jesús fue tentado con pensamientos de descontento, codicia y orgullo. Satanás le tentó con los siguientes razonamientos:
  • "Ya que Dios no te ha suministrado lo que necesitas para sobrevivir, convierte estas piedras en pan".
  • "Tú no necesitas esperar todo el doloroso proceso para reinar sobre los reinos del mundo; pueden ser tuyos ahora mismo, si estás dispuesto a adorarme".
  • "Tú no tienes que seguir el programa de Dios; demuestra ahora que eres el Mesías. Monta un circo espiritual y demuestra que eres el Hijo de Dios".
    La porción de la Palabra de Dios en Lucas 4:3 inicia de la siguiente manera: "Entonces el diablo le dijo". Aquí deseo detenerme un poco y profundizar en este acontecimiento. Cabe preguntarnos: ¿Hacia dónde se dirigían estas argumentaciones de Satanás? Si el relato Bíblico en los evangelios acerca de la tentación de Jesús, supone la presencia física de Satanás, esto, no es relevante; lo que si nos queda claro es que Satanás infiltró argumentos en la mente de Cristo tratando de convencerle. Con toda seguridad Satanás continuará utilizando con nosotros las mismas estrategias que utilizó con Jesús, pero desde las regiones celestes; Efesios 6:12.
    Ahora bien, ¿hizo estos razonamientos impíos de Jesús un pecador? ¡Por supuesto que no! Permaneció como el perfecto Cordero de Dios, cuya intachabilidad lo calificó para ser nuestro Salvador. Si usted y yo vamos a ganar las batallas de la mente, tenemos que primeramente dejar de sentirnos culpables en cuanto a los malos pensamientos que nos invaden; y en cambio, aprender a lidiar con esos intrusos no deseados.
    Principio 2: Niéguese a permitir que los pensamientos erróneos persistan
    Si nos entretenemos y adornamos los malos pensamientos por algún período de tiempo, esos pensamientos llegarán a transformarse en obsesiones. Estos, a su vez, darán lugar a abiertas acciones o actitudes de desobediencia.
    Las primeras ideas que el diablo dirige a nuestra mente pueden ser sólo un punto de apoyo; esta primera vez, coqueteamos con esos pensamientos y nos detenemos en ellos o fantaseamos con ellos. Tanto más tiempo nos entretengamos con esos pensamientos, tanto más es probable que empecemos a hacer planes mentales acerca de cómo llevarlos a la práctica.
    Este es el modo en como un pensamiento al cual se le permite agarrar un dedito termina atrapando todo el brazo. Tanto más desarrollemos planes para llevar a la práctica una idea pecaminosa o una tentación, tanto más nos encontraremos con el hecho de que este pensamiento se convertirá en una fortaleza. Llegamos al punto donde nos sentimos obligados a poner a prueba la ejecución de nuestro plan. Llegamos al punto donde deseamos ejecutar la idea, más de lo que queremos rechazarla.
    Cuando llegamos a ese punto, estamos en serios problemas. ¿Cómo podemos evitar que nuestros pensamientos se conviertan en fortalezas diabólicas?
    Principio 3: Aprenda a reconocer y reemplazar los malos pensamientos con pensamientos santos
    Mi analogía en cuanto al ladrón intentando entrar en su casa, es defectuosa en un aspecto. Mientras que podemos tener éxito evitando que el intruso logre entrar en la casa, no podemos evitar que los pensamientos impíos lleguen a nuestras mentes. El hecho de que estamos pensando, significa que la idea ajena ya ha ganado la entrada.
    Sin embargo, no significa que tengamos que permitir que el intruso se siente en nuestro sillón favorito, que nos enganche en una larga conversación, y nos comunique que desde que ha sido muy bien acogido, él va a ocupar nuestra habitación de invitados. En lugar de ello, tenemos que seguir el consejo del apóstol Pablo para hacer frente a un invitado no deseado:
    "porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" 2 Corintios 10:4-5.
    Debemos distinguir los términos: "reconocer y reemplazar", los cuales nos ayudarán a tomar el control de los malos pensamientos. Utilice los principios que hemos discutido previamente para ayudar a reconocer si un pensamiento podría tener origen satánico, luego pregúntese lo siguiente:
    • ¿Es verdadero este pensamiento?
    • ¿Este pensamiento me motiva a temer más, o confiar más en Dios?
    • ¿Este pensamiento contradice la Palabra de Dios?
    Ahora bien, saber discernir y etiquetar como nocivo un pensamiento, y tratar de descartarlo de su mente no es suficiente. De hecho, cuanto más se intenta rechazar un pensamiento no deseado, cuanto más se encontrará obsesionado con él.
    Para descartar los pensamientos de Satanás debemos reemplazarlos con pensamientos verdaderos, honestos, justos, puros, amables, tal como lo hizo Jesús.
    Cuando Satanás trató de plantar semillas de descontento, Jesús respondió citando un versículo del Antiguo Testamento. "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" (Lucas 4:4).
    Cuando Satanás tentó al Señor con pensamientos de poder y riquezas, Jesús recitó el mayor mandamiento de Dios: "Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Lucas 4:8).
    Cuando Satanás tentó a Jesús para que actuara en independencia de Dios, el Señor citó: "No tentarás al Señor tu Dios" (Lucas 4:12).
    Jesús nos enseñó que la mejor manera de desalojar un pensamiento no deseado es reemplazarlo con otro pensamiento más poderoso. La mejor manera de disipar la oscuridad es confrontarla con la luz.
    Cuando vengan pensamientos temerosos tratando de tomar el control de su vida, puede reemplazar esos pensamientos con: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio", 2 Timoteo 1:7.
    Cuando llegue la tentación con pensamientos de descontento, puede reemplazar esos pensamientos con: "porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto", 1 Timoteo 6:7-8.
    Cuando usted sea tentado por fantasías de relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja, puede reemplazar esos pensamientos con: "Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace", Proverbios 6:32.
    Creo que este era el proceso que tenía Pablo en mente cuando nos animó a ceñir nuestros lomos con la verdad, Efesios 6:14. Nuestro éxito en la batalla espiritual depende de confrontar cualquier pensamiento disoluto con la verdad de la Palabra de Dios.


    [right-side]
    Cuándo exactamente creó Dios a los ángeles está abierto al debate, pero lo que sí se sabe con seguridad, es que todo lo que Dios creó era bueno, porque Dios, en Su santidad, no puede crear algo pecaminoso. Así que cuando Satanás cayó del cielo, quien alguna vez fue el ángel Lucero que se rebeló contra Dios, (Isaías 14; Ezequiel 28), un tercio de las huestes angélicas se sumaron a esta insurrección (Apocalipsis 12:3-4,9). No hay duda de que estos ángeles caídos ahora son conocidos como demonios.

    Sabemos que el infierno estaba preparado para el diablo y sus ángeles, de acuerdo a Mateo 25:41: “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.” Al usar el posesivo “sus”, Jesús deja en claro que estos ángeles pertenecen a Satanás. Apocalipsis 12:7-9 describe al final de los tiempos una batalla angélica entre Miguel y “sus ángeles” y el diablo y “sus ángeles.” De este y textos similares queda claro que los demonios y los ángeles caídos son sinónimos.

    En relación con el carácter y la naturaleza de los demonios:
    1. Los demonios han caído del favor de Dios (Mateo 25:41; Apocalipsis 12:7-9). Ellos eligieron rebelarse contra Dios (Judas 6).
    2. Fueron creados buenos (Génesis 1:31).
    3. Ellos reconocen a Cristo como Señor (Marcos 1:23-24).
    4. Santiago 2:19 nos dice que ellos también saben que hay un solo Dios verdadero y le temen.
    5. Mateo 10:1 dice que los demonios son impuros.
    6. También son violentos (Mateo 8:28).
    En cuanto a su localización:
    La Biblia revela que no están en el infierno como algunos suponen. Unos están encerrados en el abismo, esperando el día del juicio (Lucas 8:30-33; Apocalipsis 20:1-3), mientras que otros viven en libertad y se llaman demonios (Job 1:7). Satanás y muchos de sus demonios deambulan libremente. Mateo 12:24-27 y 25:41 parecen indicar que Satanás es el jefe de todos los demonios.

    Las obras de los demonios incluyen:
    1. Buscar poseer cuerpos humanos, lo cual incluye morar en ellos y controlarlos (Lucas 11:24-26);
    2. Siendo muchos en número (Apocalipsis 12:3,4,9), la razón de la gran cantidad de actividad demoníaca, evidente en los días de Cristo, fue que Satanás estaba tratando de evitar su venida y la obra redentora; está misma actividad muy bien puede aumentar nuevamente antes de su segunda venida;
    3. algunos de los trastornos mentales y físicos, no todos, causados por los demonios (Marcos 5: 2-5);
    4. afligir lesionar a las personas; si es necesario utilizará los elementos de la naturaleza para alcanzar sus fines (Job 2: 7);
    5. ayudar a difundir falsas doctrinas (1 Timoteo 4:1; 1 Juan 4:1-3);
    6. obrar milagros engañosos (2 Tesalonicenses 2:9; Apocalipsis 13:13-14);
    7. animar y recibir todo el culto idolátrico (1 Corintios 10:20);
    8. influir en los gobiernos humanos (Daniel 10-12). Sin embargo, también sabemos que los demonios están sujetos completamente a la Palabra de Dios (Mateo 8:32) y que el mismo Satanás está limitado por el permiso de Dios (Job 1:12; 2:6).
    En cuanto a la posesión demoníaca:
    Es el poder de control de los demonios desde dentro del cuerpo de una persona (Lucas 8:30). La posesión puede tomar muchas formas, incluyendo síntomas similares al de la epilepsia, locura y prácticas ocultas como la adivinación. Muchos buenos cristianos debaten en cuanto a si los hijos de Dios pueden ser poseídos; sin embargo, si el Espíritu mora en un creyente, el "hombre más fuerte" no podría ser derrocado o co-habitado (Lucas 11:21-22; Mateo 12:29; 1 Juan 4:4). En cualquier caso, debemos sin duda vestirnos de toda la armadura de Dios con el fin de presentar defensa contra ellos (Efesios 6:12-20).

    El exorcismo es la expulsión de demonios de la persona. El único consejo en la Escritura sobre este tema es que:
    1. no hay que enfrentarse al mundo espiritual con nuestras propias fuerzas o por nuestros propios esfuerzos (Judas 9);
    2. tenemos que proclamar el mensaje del Evangelio lo cual los lleva a estremecerse;
    3. tenemos que permanecer en la Palabra de Dios (como lo hizo Jesús cuando se enfrentó a Satanás);
    4. no tenemos que dudar de Dios (como lo hizo Eva con Satanás);
    5. debemos utilizar la oración y el ayuno (Marcos 9:29).
    6. En el creyente la influencia demoníaca es la influencia externa por medio de tentaciones,  no desde el interior o de control.
    La mayor parte de nuestro pecado es debido a nuestra propia naturaleza pecaminosa y no se puede culpar a los demonios; sin embargo, los demonios pueden influir en nosotros hacia el mal, ya sean creyentes o no creyentes. Éxodo 7:8-12 nos recuerda que Dios es más poderoso que el más fuerte de los demonios y las artes ocultas.

    El destino final de los demonios:
    es el tormento eterno y la miseria del lago de fuego (Apocalipsis 20:10; Mateo 25:41). Aunque no habitamos desmesuradamente en el mundo demoníaco (Filipenses 4:8), como cristianos, es de vital importancia tener en cuenta que estamos inmersos en una guerra espiritual (Efesios 6:12; 2 Corintios 10:3-5).

    ¿Estas vestido de toda la armadura de Dios en este momento? ¿Estás viviendo una vida de verdad, justicia y fe? ¿Dominas la única arma ofensiva que nos ha sido dada, la Palabra de Dios?


    [right-side]
    UNA MENTE TRANSFORMADA PRODUCE UNA VOLUNTAD TRANSFORMADA, DE TAL MANERA QUE CONTAMOS CON LA AYUDA DEL ESPÍRITU, CON EL DESEO Y LA CAPACIDAD PARA PONER A UN LADO NUESTROS PLANES Y ACEPTAR EN PLENA CONFIANZA LOS PLANES DE DIOS, SIN IMPORTAR CUÁL SEA EL COSTO.

    Texto

    Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta; Romanos 12:1-2.

    Introducción

    Una mujer se acercó a un pastor, llorando y bastante afligida. Le relató una historia, bastante común en muchos creyentes. Ella le dijo:
    "Parece que no estoy viviendo la vida cristiana como debiera. Me siento frustrada. No siento que tengo vida cristiana espiritual ni siento que haya logrado algo en mi vida. Lucho con los asuntos más simples de obediencia y estoy en constante derrota. ¿Será que me puede usted ayudar?".
    El pastor le dijo:
    "¿Qué ha estado haciendo usted misma para resolver los problemas?".
    Ella le contestó:
    "Lo he intentado todo. He asistido a iglesias donde hablan en lenguas, tienen sanidades, y toda clase de experiencias espirituales extraordinarias. Yo misma he hablado en lenguas, he tenido experiencias de éxtasis espiritual, les he profetizado a otras personas y he experimentado algunos supuestos milagros. Ya he sido "sacudida en el espíritu", pero a pesar de todo eso, no me siento complacida con mi vida y sé que Dios no está agradado. He tratado de obtener todas las cosas que pueda de Él, pero no estoy satisfecha. Me sigo sintiendo miserable".
    El pastor le dijo:
    "Creo que usted misma ha colocado el dedo en la llaga. La clave de una vida cristiana espiritual, y la felicidad verdadera, no consiste en tratar de conseguir todo lo que podamos de Dios, sino en dar todo lo que somos y tenemos a Él".
    Existen miles de personas en la actualidad, incluyendo muchos cristianos genuinos, que se pasean por diversas iglesias y doctrinas, asisten en masa a seminarios y conferencias en busca de numerosos y diversos beneficios personales, emocionales y espirituales con la esperanza de recibir más. Estos hacen exactamente lo opuesto a lo que Pablo señala con tanta claridad en Romanos 12:1-2.
    En esta exhortación, el apóstol no se enfoca en qué otras cosas necesitamos recibir de Dios, sino en que es lo que debemos dar. La clave de una vida cristiana productiva y satisfactoria no se encuentra en obtener más, sino en darlo todo. Jesús dijo:
    "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren"; Juan 4:23.
    Por desgracia, eso está muy lejos de la manera común en que muchos creyentes procuran hoy día encontrar la esencia de la vida abundante. Hay quienes piensan que la victoria en la vida cristiana depende de tener más de Dios y recibir cosas de Dios, aun cuando observamos que dice la palabra:
    "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo"; Efesios 1:3.
    Además, también dice:
    "Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él"; Colosenses 2:9-10.
    El apóstol Pedro dijo:
    "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina"; 2° Pedro 1:3-4.
    Por lo tanto, en el sentido más profundo y eterno, no podemos obtener más de Dios que lo que ya poseemos. Sin embargo, resulta más que obvio que la mayoría de nosotros no tenemos la plenitud de gozo que estas promesas deberían traer. El gozo y la satisfacción por lo que tantos cristianos están luchando en vano, puede lograrse únicamente cuando sometemos al Señor todo lo que Él ya nos ha dado, incluyendo lo más profundo de nuestro ser.
    Hoy estaremos observando las cuatro actitudes que Dios desea que presentemos delante de Él; ellas son:
    1. Presentar a Dios nuestras almas, 
    2. Presentar a Dios nuestros cuerpos, 
    3. Presentar a Dios nuestras mentes y, 
    4. Presentar a Dios nuestras voluntades.

    Presentar a Dios nuestras almas

    La solicitud del apóstol Pablo es: "Así que, hermanos, os ruego". Esta es una petición que solamente puede ser observada y obedecida por creyentes genuinos en la fe; aquellos que ya pertenecen a la familia de Dios. Ningún tipo de ofrenda es aceptable a Dios a no ser que primero le hayamos presentado nuestras almas.
    La persona no regenerada no puede entregar su cuerpo, su mente o su voluntad a Dios, porque no ha entregado su mismo ser a Dios. El incrédulo carece de una relación de salvación con Dios; la misma palabra así lo indica:
    1 Corintios 2:14 "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente".
    En otro pasaje de la Biblia, Romanos 8:8, el apóstol Pablo deja claro que: "los que viven según la carne no pueden agradar a Dios". Sin importar cuáles puedan ser sus sentimientos personales, la persona no redimida es incapaz de adorar a Dios, no puede hacer una ofrenda aceptable a Dios, no puede agradar a Dios de ninguna forma ni manera. Esto es parecido a lo que Pablo dijo en 1 Corintios 13:3:
    "Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve".
    Si una persona no posee el amor de Dios, todas sus ofrendas, sin importar lo costosas que sean, carecen de valor para Dios.
    Entonces el apóstol nos está diciendo: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios". Estas misericordias de Dios que Pablo expresa aquí incluyen las muchas bendiciones gratuitas o dones de gracia con que nos bendijo "en los lugares celestiales". En Cristo somos los "amados de Dios"; Romanos 1:7, de manera que las dos misericordias de Dios más preciosas para nosotros son su amor y su gracia.
    • Las misericordias de Dios reflejan su poder salvador y su gran bondad hacia quienes Él salva (2:4; 11:22).
    • Las misericordias en Cristo nos traen:
      • el perdón y la justificación ante Dios (3:25; 3:4);
      • la conformación a la imagen de su Hijo y la glorificación (8:30)
      • la resurrección de nuestros cuerpos (8:11).
    • Hemos recibido las misericordias
      • de llegar a ser hijos de Dios (8:14-17)
      • de recibir el Espíritu Santo,
        • quien mora en nosotros personalmente (8:9, 11),
        • quien intercede por nosotros (8:26), y
        • a través de quien "el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones" (5:5).
    Tales misericordias que salvan el alma deberían conducir a los creyentes a una dedicación progresiva al Señor.

    Presentar a Dios nuestro cuerpo

    "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo". (12: 1b)
    El segundo aspecto es presentar a Él nuestros cuerpos. Dios ya ha recibido al hombre interior; pero Él también quiere al hombre exterior dentro del cual habita el hombre interior.
    Nuestros cuerpos no son más que caparazones físicos que albergan nuestras almas. También son el lugar donde reside nuestro hombre viejo y no redimido. Por lo tanto, nuestros cuerpos abarcan no solo nuestro ser físico sino también los malos deseos de nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad.
    Pablo nos explica en Romanos 7:5 que:
    "mientras estábamos en la carne las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte".
    en el versículo siguiente no dice que ahora estábamos muertos al régimen del pecado.
    Sin embargo, unos versículos más adelante el apóstol confesó:
    "Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros", Romanos 7:22-23.
    En otras palabras, el alma redimida debe habitar en un cuerpo de carne que todavía es la trinchera del pecado, un lugar que puede prestarse con facilidad a hospedar pensamientos y deseos corruptos. Es ese impulso poderoso que actúa dentro de nuestros "cuerpos mortales" el que nos seduce a hacer el mal. Cuando nuestros "cuerpos mortales" sucumben a los impulsos de la mente carnal, se convierten otra vez en instrumentos de pecado e injusticia. El cuerpo sigue siendo el centro de todos los deseos pecaminosos, la depresión emocional y las dudas espirituales.
    En este punto deseo referirme a aquella antigua filosofía dualista pagana que consideraba al alma esencialmente buena, y al cuerpo esencialmente malo. Siendo que se consideraba el cuerpo como algo sin valor y que de todas maneras estaba destinado a morir, lo que se hiciera con él no importaba en absoluto. Ese enfoque de las cosas abrió la puerta a inmoralidades de todo tipo.
    Lo trágico de todo esto fue que muchos creyentes en la iglesia primitiva, quienes tienen igual o mayor número de representantes en la iglesia de hoy día, encontraron en esa ideología un mecanismo fácil que les permitía engancharse en las prácticas inmorales de sus viejas vidas, y al mismo tiempo justificar su pecado con la falsa y herética idea de que cualquier cosa que hicieran con el cuerpo no podría hacer daño alguno a sus almas.
    Como la situación era bastante similar a la actual, en vista de que la inmoralidad proliferaba tanto, muchos cristianos que no llevaban vidas inmorales, ellos mismos llegaron a ser tolerantes frente al pecado que era evidente en sus hermanos en la fe, pensando que era un resultado normal de lo que la carne hacía por naturaleza, algo por completo independiente de la responsabilidad del alma.
    Sin embargo, el apóstol Pablo enseña con claridad que el cuerpo puede ser controlado por el alma redimida y debe ser hecho un esclavo que se someta al poder de nuestras almas redimidas. Él dijo a los corintios quienes estaban envueltos en toda clase de pecados e inmoralidad:
    "Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo"; 1 Corintios 6:11-13.
    Pablo les hizo también esta pregunta:
    "¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?"; 1 Corintios 6:19.
    En otras palabras, nuestros cuerpos no redimidos son el hogar temporal de Dios. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos y Dios no trabajará por medio de nosotros sino a través de nuestros cuerpos.
    De manera que, si hablamos en su nombre, debe ser con nuestras bocas. Si leemos su Palabra, debe ser con nuestros ojos. Si escuchamos su Palabra tiene que ser por medio de nuestros oídos. Si vamos a hacer su obra, debemos usar nuestros pies, y si ayudamos a otros en su nombre, debe ser con nuestras manos. Si pensamos para Él, debe ser con nuestra mente, la cual residen, por ahora, en nuestros cuerpos mortales.
    La santificación y la vida de santidad no pueden edificarse separadamente de nuestros cuerpos. Por esta razón Pablo oró diciendo:
    "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo"; 1 Tesalonicenses 5:23.
    Por lo tanto, siendo que nuestros cuerpos aún no han sido redimidos debemos ser objeto de una rendición continua al Señor., tomando diligentemente la advertencia del apóstol Pablo cuando dijo:
    "No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia" Romanos 6:12-13.
    No podemos impedir que algunos residuos de pecado sigan existiendo en nuestros cuerpos mortales, pero sí estamos en capacidad de impedir que ese pecado gobierne nuestros cuerpos; y ciertamente no lo gobernará "si por el Espíritu [hacemos] morir las obras de la carne"; Romanos 8: 13.
    El sacrificio vivo que Dios desea que presentemos, es la disposición voluntaria a rendirle todas nuestras esperanzas, planes, y todo lo que es valioso para nosotros, todo lo que tiene importancia humana para nosotros, todo lo que nos hace sentir realizados.

    Presentar a Dios la mente

    No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, (12:2a)
    El tercer aspecto de nuestro sacrificio, es ofrendar a Dios nuestras mentes.
    Es la mente donde nuestra nueva naturaleza y nuestra vieja condición humana están más entremezcladas. La mente es donde elegimos si vamos a expresar nuestra nueva naturaleza con una vida santa o a permitir que nuestra carnalidad actúe en contra de la santidad de Dios.
    En este pasaje la palabra siglo representa todo el conjunto de la filosofía de la vida concebida desde un punto de vista humano y satánico. Equivale al espíritu de la época, que se ha descrito bien como:
    "la masa flotante de pensamientos, opiniones, principios, especulaciones, esperanzas, impulsos, metas, aspiraciones en cualquier período o época; que es imposible de atrapar y definir con precisión, pero que constituye un poder real, porque es la atmósfera moral, inmoral o amoral que inhalamos en todo momento de nuestra vida, y la cual de forma inevitable también exhalamos".
    Entonces el mandato firme de Pablo es que no permitamos que seamos conformados a este siglo, mundo o sistema. No debemos adquirir la forma de una persona del mundo, por ninguna razón.
    Podríamos ampliar este pasaje de la siguiente manera: "No permitan que el mundo que los rodea se las arregle para meterlos a la fuerza en su propio molde".
    No deberemos seguir el patrón o dejar que se nos imponga el patrón establecido por el espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Nunca deberemos convertirnos en aliados del mundo. No deberemos permitir que seamos modelados conforme al tiempo maligno en que vivimos en el presente.
    Otra interpretación del pasaje podría ser: "Dejen de asumir una expresión externa que sigue el patrón mundano, una expresión que no proviene ni es representativa de lo que ustedes son en su ser interior como hijos regenerados de Dios".
    Es muy común que los incrédulos se pongan máscaras de cristianos. Lo triste es que también es muy común que los cristianos se pongan las máscaras del mundo. Quieren disfrutar las diversiones del mundo, las modas del mundo, el vocabulario del mundo, la música del mundo y muchas de las actitudes del mundo, aun cuando es claro que esas cosas no se conforman a los estándares de la Palabra de Dios. Esa clase de vida es del todo inaceptable para Dios.
    El mundo es un instrumento de Satanás, y su influencia impía es contagiosa. Esto se puede ver en el espíritu de rebelión y orgullo, las mentiras, el error y la propagación rápida de religiones falsas, en especial aquellas que promueven el yo y se agrupan bajo la amplia sombrilla de la "nueva era". Juan escribió hace casi dos mil años: "Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno"; 1 Juan 5:19. La evidencia es rotunda, todavía lo está.
    En lugar de adaptarnos al mundo, Pablo nos exhorta a obedecer el mandato de ser transformados. Nuestra naturaleza interna redimida debe manifestarse en lo externo, en nuestra vida diaria. Por lo que entonces las escrituras nos dice: "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor"; 2 Corintios 3:18.
    El Espíritu Santo logra esta transformación por medio de la renovación de nuestra mente; entonces la transformación externa es efectuada principalmente por un cambio interno en la mente, y el medio que aplica el Espíritu para transformar nuestras mentes es la Palabra de Dios.
    La mente transformada y renovada, es aquella que ha entrado en el proceso de sacar todo aquello que es inadecuado a las normas de Dios, y ha implantado enseñanzas piadosas; esa mente está saturada por completo con la Palabra de Dios y es controlada por ella. Es aquella mente que pasa el menor tiempo posible aun con las cosas necesarias de la vida en la tierra y la mayor cantidad de tiempo posible en las cosas de Dios. Es la mente que "pone la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra"; Colosenses 3:2.
    Sea bueno o malo, cuando cualquier cosa suceda en nuestras vidas, la respuesta inmediata e instintiva que tengamos deberá ser una respuesta bíblica.

    Presentar a Dios la voluntad

    "… para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta". (12:2b)
    El cuarto aspecto implícito en la presentación de nosotros mismos a Dios en sacrificio vivo, santo y agradable, es que ofrezcamos a Él nuestras voluntades, que permitamos a su Espíritu mediante su Palabra que conforme nuestras voluntades a la voluntad de Dios.
    Cuando la mente de un creyente es transformada, su capacidad para pensar, su razonamiento moral y su entendimiento espiritual están en capacidad de evaluar todas las cosas, y de aceptar únicamente lo que se conforma a la voluntad de Dios. Podemos en nuestra vida comprobar cuál es la voluntad de Dios solo cuando hacemos las cosas que son buenas, agradables y perfectas a Dios.
    Una mente transformada produce una voluntad transformada, de tal manera que contamos con el deseo y la capacidad, con la ayuda del Espíritu, para poner a un lado nuestros planes y aceptar en plena confianza los de Dios, sin importar cuál sea el costo. Esta rendición continua incluye el fuerte deseo de conocer mejor a Dios y seguir su propósito para nuestra vida.
    La transformación divina de nuestras mentes y voluntades debe ser constante. Debido a que todavía seguimos siendo tentados de continuo por medio de lo que queda de nuestra condición humana, nuestras mentes y voluntades deben ser objeto de una transformación continua, por la Palabra de Dios y el Espíritu de Dios. El producto de una mente transformada es una vida que hace las cosas que Dios ha declarado como justas, aceptables y completas.

    MKRdezign

    Formulario de contacto

    Nombre

    Correo electrónico *

    Mensaje *

    Con tecnología de Blogger.
    Javascript DisablePlease Enable Javascript To See All Widget