Muestra una perspectiva bíblica y relevante sobre diversos temas en la vida del cristiano, además de presentar mensajes que contienen puntos prácticos que se pueden aplicar en la vida cotidiana.

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Visión de Abdías.  Jehová el Señor ha dicho así en cuanto a Edom: Hemos oído el pregón de Jehová,  y mensajero ha sido enviado a las naciones.  Levantaos,  y levantémonos contra este pueblo en batalla.  He aquí,  pequeño te he hecho entre las naciones;  estás abatido en gran manera. La soberbia de tu corazón te ha engañado,  tú que moras en las hendiduras de las peñas,  en tu altísima morada;  que dices en tu corazón:   ¿Quién me derribará a tierra? Si te remontares como águila,  y aunque entre las estrellas pusieres tu nido,  de ahí te derribaré,  dice Jehová. Si ladrones vinieran a ti,  o robadores de noche (¡cómo has sido destruido!),   ¿no hurtarían lo que les bastase?  Si entraran a ti vendimiadores,   ¿no dejarían algún rebusco? ¡Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú!  Sus tesoros escondidos fueron buscados. Todos tus aliados te han engañado;  hasta los confines te hicieron llegar;  los que estaban en paz contigo prevalecieron contra ti;  los que comían tu pan pusieron lazo debajo de ti;  no hay en ello entendimiento. ¿No haré que perezcan en aquel día,  dice Jehová,  los sabios de Edom,  y la prudencia del monte de Esaú? Y tus valientes,  oh Temán,  serán amedrentados;  porque todo hombre será cortado del monte de Esaú por el estrago. Abdías 1-9.

Introducción

Hoy tenemos como objetivo comenzar el estudio del texto del profeta Abdías. Vamos a estudiar Abdías 1-9. Este texto nos presenta la sentencia de Dios contra Edom. Y esta sentencia condenatoria de Dios fue causada por el orgullo de Edom, que se consideraba como una nación impenetrable.

Este pecado de Edom nos recuerda Proverbios 6:16-19 donde lista las actitudes que no agradan a Dios:
Seis cosas aborrece Jehová,
Y aun siete abomina su alma:
Los ojos altivos, la lengua mentirosa,
Las manos derramadoras de sangre inocente,
El corazón que maquina pensamientos inicuos,
Los pies presurosos para correr al mal,
El testigo falso que habla mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
Todas estas actitudes son rechazadas por Dios; y es interesante notar que una de ellas es los ojos altivos. Esto merece nuestra reflexión. Dios aborrece el orgullo. El orgullo carece de todo fundamento, por lo tanto es estúpido e irracional.

La persona orgullosa es sabia en su propia opinión (Proverbios 3:7; Romanos 12:16), y esta es la razón por la cual el orgulloso se cierra a la enseñanza o consejo (Proverbios 9:7-8).
No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal. 
Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. 
El que corrige al escarnecedor, se acarrea afrenta; El que reprende al impío, se atrae mancha. No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; Corrige al sabio, y te amará.
La persona que es orgullosa, soberbia presume conocer mejor todas las situaciones y circunstancias, y considera que no será abatida por ninguna de ellas. El orgullo se evidencia en el amor a sí mismo, la  avaricia,  vanagloria,  soberbia, jactancia etc. (Romanos 1:30; 2 Timoteo 3:2); o en la presunción de que se tiene más control sobre la vida de lo que realmente se tiene (Santiago 4:13-16, contexto); o una pretenciosa exhibición con respecto a posiciones y logros materiales (1 Juan 2:16; Filipenses 3:4-8).

En el soberbio se puede observar un aire de superioridad, (Proverbios 21:4), en un hablar insolente (Salmo 17:10), lucen su orgullo como un collar de piedras preciosas y se visten de crueldad (Salmo 73:6). El orgullo se manifiesta en el tratamiento despectivo hacia las personas que les parece inferiores, o que están pasando por necesidades y tribulaciones (Lucas 18:9-14; Romanos 14:1-3). El orgullo puede conducir a cierta intrepidez y exceso de confianza con respecto a permanecer de pie (Proverbios 14:6; Mateo 26:31-35; 1 Corintios 10:12).

Santiago llama a los soberbios al arrepentimiento porque "… Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes…  limpiad las manos… purificad vuestros corazones... Humillaos delante del Señor, y él os exaltará" Santiago 4:6-10. La Palabra debe convertirse en el espejo en el cual nos vemos a nosotros mismos, Santiago 1:22-25, exponiendo el pecado escondido en nuestro corazón, Salmo 19: 11-14.

Edom no se humilló, no se molestó en conocer la voluntad de Dios, no trató de conocer la ley del Señor y por lo tanto llegó a ser cada vez más orgulloso, no teniendo compasión del pueblo de Dios cuando este estaba siendo victimizado.

De manera que, lo que la Biblia nos muestra, en relación con el orgullo, un tema tan serio y tan común en nuestra experiencia de vida, es que el orgulloso será avergonzado; y ese es el mensaje de Abdías en estos versículos, ese es el juicio de Dios contra Edom.

Cuando Jerusalén fue masacrada,  cuando fue invadida y derrotada en una de sus muchas luchas contra los enemigos, Edom, una nación tan cercana, no ayudó. Enorgulleciéndose de su seguridad y tomando ventaja de la debilidad de los hijos de Israel, los edomitas los perjudicaron aún más. Hubo enemistad entre las dos naciones durante mucho tiempo y después de muchas circunstancias, entonces vino la Palabra de Dios a través de su profeta, con una palabra de juicio y condenación. Por lo tanto, el desafío para nosotros en este pasaje podría resumirse en esta frase: Las actitudes impías contrarias a la voluntad de Dios resultarán en juicio divino.

En este texto encontramos tres consecuencias como resultado de las actitudes impías contrarias a la voluntad de Dios que producen juicio divino.


La 1ª el orgullo será derrotado

Versículos 1-4:
Esta es la visión que el Señor Soberano reveló a Abdías acerca de la tierra de Edom. Hemos oído un mensaje del Señor, que un embajador fue enviado a las naciones para decir: «¡Prepárense todos! ¡Convoquemos a nuestros ejércitos y ataquemos a Edom!». El Señor dice a Edom: «Te haré pequeña entre las naciones; serás muy despreciada. Has sido engañada por tu propio orgullo  porque vives en una fortaleza de piedra  y haces tu morada en lo alto de las montañas. “¿Quién puede tocarnos aquí en las remotas alturas?”, te preguntas con arrogancia; pero aunque te remontes tan alto como las águilas y construyas tu nido entre las estrellas, te haré caer estrepitosamente», dice el Señor. NTV. 
En estos versículos tenemos el pronunciamiento del juicio contra Edom. El versículo 1 es introductorio, pero es importante, debido a su gran mensaje teológico. Este primer versículo podría dividirse en cinco partes:

  1. El profeta comienza haciendo una referencia a su visión específica, que nos muestra la naturaleza de su mensaje. Las visiones eran una manera por la cual los profetas interpretaban el mensaje de Dios a los Israelitas y al mundo de una situación histórica específica.
  2. El profeta introduce su nombre: Abdías, que significa, como hemos visto anteriormente: siervo o adorador de Jehová, pero no hace ninguna mención acerca de su familia, la fecha o el contexto de su profecía.
  3. La expresión hebrea: Jehová el Señor, pone de relieve o da significación a la autoridad divina sobre los pueblos y los reyes de la tierra. Es la majestad suprema de nuestro Dios, que tiene algo que decir acerca de Edom, un pueblo no reconocido como pueblo de Dios, pero sobre el cual Jehová también tiene autoridad.
  4. Aquí Abdías habla como un miembro de la comunidad de los profetas que interpretan el mensaje divino y después envían un mensajero a las naciones con su proclamación. Este mensajero desempeña el papel de "Ángel", pues es enviado con el mensaje particular.
  5. Esta declaración es un llamado a los pueblos vecinos a unirse para el juicio contra Edom por causa de su mal comportamiento hacia una nación hermana de Israel/Judá.

Los versículos dos al cuatro nos proporcionan el fundamento teológico de la predicción de condenación formulada por Abdías.

El versículo 2 resalta la condenación de una nación orgullosa, destacando su destino final: será reducida porque se enalteció a sí misma con soberbia y arrogancia. Será abandonada y menospreciada, porque se remontó sobre otros.

El mensaje divino a través de sus profetas fue y sigue siendo:
Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios, Miqueas 6:8.
Este mensaje tiene un carácter universal y eterno;  esto es confirmado por la misma Palabra, porque Jehová estaba juzgando a Edom basado en esa premisa moral para todas las naciones.

En los versículos 3-4 nos encontramos con las razones de la destrucción de Edom.

En el versículo 3, constatamos que la soberbia es el peor consejero y un mal conductor de la vida, ya que ninguno de sus consejos son verdaderos; de hecho, se han comprobado como falsos. También se apunta a Edom, como el pueblo que vivía en las grietas de las rocas, porque particularmente Edom se había establecido y fortalecido en esa zona y allí habían construido una fortaleza (cf. 2 Reyes 14:7), más adelante ese sería el lugar donde construirían la ciudad de Petra, por los nabateos.

Este sitio se caracterizaba por la seguridad militar que ofrecía y por la seguridad geográfica que proporcionaba en comparación con otros lugares.

El versículo 4 utiliza dos imágenes para mostrarnos la insensatez de la soberbia de Edom, pues se habían imaginado que como nación, podrían exaltarse tantas veces como quisieran; como "las águilas" que emprenden vuelo, escapando siempre de sus enemigos; como remontando a "las estrellas" asumiendo que las alturas los protegerán de los ataques de sus enemigos. El profeta anuncia la condenación de Dios diciendo: de ahí te derribaré, dice Jehová. Sin lugar a dudas, una lección para aprender es que no hay un lugar lo suficientemente resguardado como para proteger a cualquier nación del juicio de Dios.

La 2ª las riquezas serán esparcidas

Versículos 5-7:
«Si vinieran ladrones en la noche y te robaran, (¡qué desastre te espera!) no se llevarían todo. Los que cosechan uvas siempre dejan unas cuantas para los pobres. ¡Pero tus enemigos te aniquilarán por completo! Registrarán y saquearán cada rincón y cada grieta de Edom. Se llevarán hasta el último de los tesoros escondidos.» Todos tus aliados se volverán contra ti y ayudarán a expulsarte de tu tierra. Te prometerán paz mientras traman engañarte y destruirte. Tus amigos de confianza te tenderán trampas  y ni siquiera te darás cuenta. NTV.
El versículo 5 introduce, un lamento irónico de la destrucción de Edom, utilizando otras dos figuras: los ladrones y los vendimiadores, contrastando de esta manera el pequeño daño que harían estos ladrones y vendimiadores en comparación con la gran destrucción que le esperaba a Edom, de manos de aquellos que fueron convocados por nuestro Dios para castigar a Edom. A diferencia de los ladrones que sólo toman lo que quieren, los que castigarán a Edom no van a dejar nada, tomarán todo. La destrucción será completa. La diferencia con los vendimiadores es que estos en tiempo de cosecha dejan algo para los pobres (cf. Lucas 19:10), pero aquellos que se levantarían contra Edom no dejarían absolutamente nada. El saqueo sería completo. La predicción introduce la destrucción total de Edom y es descrita utilizando el perfecto profético, es decir, que el futuro es tan cierto que el profeta lo expresa como ya realizado; mostrando la convicción de que su mensaje es divino y que sin duda se cumplirá.

En el versículo 6 tenemos la declaración de la pérdida de la seguridad y protección de Esaú o Edom. Todo lo que estaba oculto y que daba seguridad nacional a Edom habían sido descubiertos y sus tesoros saqueados. Esos tesoros escondidos eran el resultado del comercio de las caravanas en el desierto. Los bienes y tesoros de los cuales se enorgullecía Esaú se habían perdido.

Cabe señalar que Abdías utiliza el nombre Esaú para referirse a Edom, utiliza el nombre de una persona para referirse a un grupo. Esto es lo que se llama "personalidad corporativa". Así Esaú fue descubierto, y por lo tanto no estaría bajo la ilusión que proporcionaba la falsa sensación de seguridad y protección.

Y el versículo 7 que ya condena Edom comienza declarando porqué es incierta la seguridad y protección que disfrutaba Edom. Sus antiguos aliados, los moabitas, los amonitas y los árabes beduinos ahora serían sus adversarios. Los aliados de Edom, con los que había firmado alianzas de mutua defensa ahora no cumplirían sus acuerdos; aquellos que habían firmado un acuerdo de paz con Edom ahora se levantarían contra él para hacerle la guerra. Los antiguos compañeros de Edom ahora lo traicionarían.

Para Abdías esta situación no sería entendida por Edom. Estos tres comportamientos por parte de los antiguos aliados mostraron cuan incierta es la seguridad y protección humana de la cual Edom se enorgullecía. Esta situación recuerda el momento en que los babilonios se volvieron contra Edom, después de destruir Jerusalén. El rey Nabonido (556-539 a.C.) levantó una campaña contra Edom que puede haber destruido la ciudad de Bosrah y acelerado el proceso por el cual los edomitas se desintegraran durante los siglos VI y V a.C. por esa época. Edom desaparecería y un nuevo reino, los nabateos, surgirían en su lugar.

La 3ª la sabiduría será destruida

Versículos 8-9:
En aquel día ni una sola persona sabia quedará en toda la tierra de Edom —dice el Señor—. Pues destruiré en las montañas de Edom a todos los que tengan entendimiento. Los más poderosos guerreros de Temán sentirán terror, y todos en las montañas de Edom serán exterminados en la masacre. NTV. 
En el versículo 8 es condenada la sabiduría y la prudencia del monte de Esaú, las cuales se exhibían de manera implícita opuestas a la sabiduría y la prudencia del monte Sión. La sabiduría y la prudencia de Edom descansaban en sus aliados, en acuerdos y alianzas de paz con los pueblos vecinos que, a decir verdad, eran potencialmente una amenaza para la estabilidad y seguridad de Edom. Por otro lado, la sabiduría y la prudencia de Sión, es decir, de Israel y Judá, descansaba en el temor de Jehová y no "apartarse del mal" (cf. Proverbios 1:7; 3:5-7).

Como mencionamos anteriormente, practicar la justicia y amar la misericordia era la verdadera sabiduría y la mejor consejera para las naciones (cf. Miqueas 6:8).

Por lo tanto, la confianza en las fuerzas humanas se convierte en gran maldición, mientras que la confianza en Dios es una bendición (cf. Jeremías 17:5-7). Cabe señalar que Edom era famoso por sus sabios (cf. Job 15:1; Jeremías 49:7 y Baruc 3:23), pero esa sabiduría no valdría de nada cuando llegase el juicio divino. ¿En qué o en quién hemos basado nuestra sabiduría?

En el versículo 9 tenemos la condenación a la valentía de Temán, la principal ciudad de Edom y que estaba protegida por Sela (roca) y todos sus hombres de guerra. Este valor era presentado como circunstancial, sustentado en las ventajas geográficas de la ciudad y su ejército. Sin embargo, todo el ejército se derrumbó delante del señorío de Jehová, y toda la ventaja geográfica de una nación no fue nada delante del poder del reino de Dios que se manifiesta y cambia la historia de cualquier nación.

Conclusión

Al concluir nuestra reflexión, creo que podemos enumerar siete actitudes vistas en Edom que no debemos practicar para evitar el juicio divino:

  1. No debemos quedar observando la desgracia de nuestro hermano.
  2. No debemos alegrarnos en el día de la ruina de nuestro hermano.
  3. No debemos hablar demasiado en el día de la angustia del hermano.
  4. No debemos poner las manos en los bienes de nuestro hermano.
  5. No debemos perseguir y traicionar a los perseguidos.
  6. No debemos aniquilar a los perseguidos.
  7. No debemos entregar a los supervivientes al enemigo.

Oro para que usted obtenga del Señor la capacitación para prevenir esas actitudes que atraen su juicio contra los que la practican.

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Este estudio está basado en el libro de uno de los profetas menores. Estaremos iniciando con los aspectos introductorios del profeta Abdías. Es de suma importancia dedicar un tiempo para estudiar estos aspectos que nos darán el contexto y los detalles que rodean este libro de la Biblia y su autor. Al conocer el contexto del libro, el autor, los destinatarios, la época y el lugar donde fue escrito y hacia donde estaba dirigido, tendremos mejores condiciones para entender el texto inspirado, y así aprovechar por completo el mensaje que Dios quiere que aprendamos. Comencemos entonces con los aspectos introductorios del libro.

Autoría.

El nombre Abdías significa "siervo de Jehová", "adorador de Jehová". Este nombre expresa el carácter de la persona que lo tiene, conforme a la costumbre del Medio Oriente de aquellos días, cuando colocaban el nombre de acuerdo con el deseo personal de los padres. Abdías era un nombre común en el Antiguo Testamento, así que nos encontramos con varias referencias a este nombre:
  1. El mayordomo del palacio de Acab (cf. 1 Reyes 18:3-16);
  2. Un descendiente del rey David (cf. 1 Crónicas 3:21);
  3. Un descendiente de Isacar (cf. 1 Crónicas 7:3);
  4. Uno de los seis hijos de Azel de Benjamín (cf. 1 Crónicas 8:38 y 9:44);
  5. Un levita que volvió de la cautividad (cf. 1 Crónicas 9:16);
  6. Uno de los guerreros Gaditas que se unieron a David en el desierto (cf. 1 Crónicas 12:9);
  7. Un empleado enviado por Josafat para enseñar la ley de Dios (cf. 2 Crónicas 17:7);
  8. Un levita  supervisor de la reforma del templo (cf. 2 Crónicas 34:12);
  9. Uno de los sacerdotes que firmaron el compromiso de mantener la ley, junto con Nehemías (cf. Nehemías 10:5).
Incluso con tantos personajes con el mismo nombre, es difícil querer identificar a uno de estos con el profeta que Dios había llamado para llevar su mensaje al pueblo de Edom. Este nombre común en el tiempo del Antiguo Testamento, era tan común como Onésimo en el Nuevo Testamento. Sin duda, este es el décimo personaje con el nombre de Abdías.

En relación a este profeta debemos señalar que no tenemos referencias personales sobre él, ni tampoco datos que se puedan utilizar para cualquier inferencia. Sin embargo existe la tradición rabínica del Talmud de Babilonia que identifica al autor del libro como el mayordomo, o funcionario del palacio del reino del norte, el reino de Israel en los días del rey Acab (cf. 1 Reyes 18:3-16), pero no hay ninguna base histórica para esta posición.

Sin embargo, debido al hecho de que Abdías se enfoca en Jerusalén es posible que el profeta que escribió fuera un judío, así como también el  editor final del libro.

Acerca de la fecha.

Debido a la imprecisión en cuanto a la autoría, la cuestión de la fecha también es difícil de definir. Tenemos dos posibles teorías:
  1. Muchos adoptan la fecha postexílica, después del 586 a.C., en base a una referencia vaga al Salmo 137:7 y posible referencia de Jeremías 49:7-22. También es posible que así como Jeremías citara otros dos profetas, Isaías y Miqueas, es muy posible que él haya citado a Abdías y no lo contrario, o entonces que los dos profetas Abdías y Jeremías hayan tenido acceso a una fuente común, que luego con el tiempo se perdió.
  2. Otros adoptan la fecha preexílica, alrededor de 848 a 841 a.C., durante el reinado de Joram, cuando el reino del sur, el reino de Judá, fue atacado por una coalición de naciones Palestinas (cf. 2 Reyes 8:20-22). La profecía de Abdías habría sido de esa época por ser más concisa, en comparación con la profecía de Jeremías, mucho más detallada (cf. Jeremías 49:7-22). Además, aceptando esa fecha, el pasaje: Porque también los edomitas habían venido y atacado a los de Judá, y habían llevado cautivos (2 Crónicas 28:17), aproximadamente un siglo después, en los días de Acaz, tendría más sentido, porque informaba de un ataque edomita sufrido antes (en la época de Joram) (cf. 2 Crónicas 21:1-20).
Aunque existe la incertidumbre acerca de la fecha, podemos adoptar cualquier teoría sin perjuicio de la inspiración divina, sin embargo, es más probable que el libro fuera escrito en el período del  rey Joram.

Contexto histórico

Edom fue un pequeño reino situado al sureste de Judá, al este del Mar Muerto, entre el Golfo de Aqaba y el mar muerto (Génesis 36:6-8) cerca del monte de Seir. Por el difícil acceso que las montañas producían, sus habitantes eran orgullosos y se sentían seguros.

Edom estaba formada por los descendientes de Esaú, gemelo de Jacob (Israel), pero siempre hubo tensiones en esa relación. Las relaciones entre Jacob, después Israel, y Edom fueron siempre hostiles. Históricamente, la rivalidad comenzó desde temprano, cuando Jacob engañó a su hermano tomando la bendición de la primogenitura, aun cuando este la había despreciado (cf. Génesis 27) y continuó cuando los dos se separaron y luego volvieran a reunirse después de mucho tiempo (cf. Génesis 32-33). Este conflicto se incrementó en los días en que Israel, después de salir de Egipto, marchaba a la tierra prometida; el pueblo de Edom le impidió cruzar sus tierras. Había odio entre los dos pueblos (Números 20:14-21; Deuteronomio 2:4-6; Salmo 137:7-8). Este antagonismo continuó aun después de asentado Israel en Canaán (cf. 2 Samuel 8:14; 2 Reyes 14:7; 2 Crónicas 28:17).

Los profetas también registrarían este antagonismo en profecías anti edomitas como se ve en Isaías, Jeremías, Ezequiel, Joel, Amós (Isaías 34:5; Jeremías 49:7-22; Lamentaciones 4:21-22; Ezequiel 25:12-14; 35; Joel 3:19; Amós 1:11 ss.).

Mucho después de eso, siendo Babilonia el imperio mundial, Edom y otras naciones hicieron, junto con Israel, una alianza contra los caldeos. Posteriormente Edom traicionando el acuerdo se unió a Babilonia y en el 587 a.C., cuando las fuerzas de Nabucodonosor rodearan Jerusalén, (2 Reyes 25:3-7), y poco después que la destruyó, habiendo intentado el rey de Judá huir hacia Jordania, no lo consiguió, porque como relatan los libros de Salmos y Lamentaciones, junto con Abdías, Edom ayudó a Babilonia para capturarlo.

Para Israel, Edom es un símbolo para referirse al enemigo. Y esta tradición presenta a Edom como el mundo hostil que se opone a los propósitos divinos (cf. Isaías 63:1-6). Los profetas consideraban a Edom y Asiria los enemigos que se levantaron contra Dios y su pueblo. Este antagonismo entre los dos pueblos continuó hasta la época del Nuevo Testamento, con la comparación entre la religiosidad de Israel y la impiedad de Edom (cf. Romanos 9:13; Hebreos 12:16). Pero este enemigo sería derrotado en la era mesiánica (Cf. Isaías 34:8 ss.; Ezequiel 35).

Acerca del libro

El libro de Abdías es el más corto del Antiguo Testamento y se encuentra en la Biblia hebrea (el texto masorético) entre los libros de Amós y Jonás (al igual que en nuestras versiones en español). Probablemente este orden se da por la referencia de Edom en la predicción profética de la restauración del tabernáculo caído de David mencionado en Amós 9:11-12, convirtiéndose de esta manera en el tema de Abdías.

El libro de Abdías  menciona el castigo de Jerusalén específicamente en manos de Edom, y a la vez señala cuándo los exiliados de Israel y Jerusalén responderán a Edom por sus crímenes. Sin embargo, como observamos, el libro de Jonás, trata de un enemigo más fuerte, Asiria y su capital Nínive, y muestra que puede haber arrepentimiento toda vez que Dios da oportunidades para todos. Pero en el caso de Edom, después de muchas oportunidades no le quedaban más nada que su completa destrucción.

Acerca del análisis literario.

Haciendo un análisis literario del libro podemos decir que hay una unidad temática, ya que trata de la destrucción total de Edom por su maldad contra su hermano Jacob, o Israel.
  • En los versículos 2-9 leemos acerca de la advertencia a Edom, de la razón de su destrucción y cuan terrible será esa destrucción.
  • En los versículos 10-15 tenemos una descripción de la gran maldad de Edom y la causa de su juicio.
  • En los versículos 16-21 tenemos el pronunciamiento escatológico del día de Jehová, con el juicio a todas las naciones y la restauración de Judá.
  • Los versículos 15-18 se refieren al día de Jehová en relación a Edom, Judá y todas las demás naciones.
  • Y en los versículos 19-21 que surgen como un apéndice en prosa, se refieren a los reemplazos geográficos de Israel y de Judá como una obra del reino de Dios.

Acerca del género literario.

El libro de Abdías se encuentra dentro del género profético. Aquí encontramos pronunciamientos breves, un estilo conciso, un lenguaje poético y el apoyo en Jehovah, mediante la fórmula del mensajero: “Jehovah el Señor ha dicho”, y el uso del llamado “perfecto profético”, donde el futuro es tan cierto que el profeta lo expresa  como  ya  realizado.  La  forma  literaria  es  de  sentencia  con  dos  sentidos:
  1. desgracia  y  
  2. salvación.
En el caso de Abdías encontramos desgracia para Edom y salvación para Israel y Judá.
Acerca de la estructura del texto.
  1. El juicio divino es seguro y será total 1-9.
  2. El juicio divino es contra el orgullo y descuido 10-14.
  3. El juicio de Dios es símbolo del juicio universal 15-16.
  4. El juicio divino es el anuncio de la liberación del pueblo de Dios 17-21.

Sobre el tema.

Abdías describe las decisiones de Dios en cuanto a Edom. Describe el juicio divino contra un pueblo, emparentado con el pueblo de Dios, que en vez de condolerse y servir de apoyo a su pariente, siempre ha sido hostil y traicionero. Así que la profecía de Abdías anuncia la destrucción final de Edom y reafirma la victoria del Monte Sión sobre el Monte Seir por el Señor.

Sobre la similitud con otros profetas.

Abdías muestra una relación con Joel y Jeremías. Abdías y Joel están relacionados de la siguiente manera:
  1. Abdías 11, con Joel 3:3;
  2. Abdías 15, con Joel 1:15;
  3. Abdías 16, con Joel 3:17;
  4. Abdías 18, con Joel 2:5; y
  5. Abdías 17 con Joel 2:32.
Estos dos profetas utilizando el contexto histórico de Edom y Judá destacan la idea del Día del Señor, o el día del juicio divino contra las naciones.

Pero Abdías también tiene esta relación con Jeremías:
  1. Abdías 1 con Jeremías 49:14;
  2. Abdías 2 con Jeremías 49:15;
  3. Abdías 3 con Jeremías 49:16;
  4. Abdías 4 con Jeremías 49:16; y,
  5. Abdías 5 con Jeremías 49:9.
Entre los dos profetas también tienen diferencias en cuanto al "día del Señor" y "la restauración de Israel".

Acerca del Día del Señor.

El "Día del Señor" se refería en sus orígenes como las manifestaciones victoriosas de Jehová en favor de su pueblo Israel. Sin lugar a dudas, en los libros de los profetas, el "Día del Señor" se convirtió en un día de castigo, de visita y de ira de Jehová contra su pueblo Israel (cf. Joel 1:15; 2:1-11; Amós 5:18-20; Sofonías 1:7, 14-18); sin embargo era un día de juicio contra los enemigos de Israel (cf. Isaías 13; Ezequiel 30). Sin duda, en el contexto de la dominación extranjera, el tema era positivo para Israel (cf. Isaías 13:6-9 contra Babilonia y Ezequiel 30:2 contra Egipto).

Ya en el Nuevo Testamento, el "Día del Señor" se ve en la perspectiva escatológica de Dios (cf. Lucas 1:68) y con relación a la segunda venida del Señor Jesucristo (cf. Mateo 24:36; 2 Pedro 3:1-10).

Acerca del pueblo de Edom.

Edom, una nación que consiste de los descendientes de Esaú, gemelo de Jacob e hijo de Isaac y Rebeca, estaba ubicado al sureste de Judá, en una región montañosa que hoy día es la parte suroeste del reino de Jordán.

Edom algunas veces es nombrado Esaú (Malaquías 1:3), Idumea, y monte de Seir (Ezequiel 35:3). Todos estos nombres son intercambiables y se refieren a la misma nación, Edom.

Génesis 36 describe el crecimiento rápido de Edom. Deuteronomio 2:5 nos informa que el territorio de Edom no era parte de la tierra prometida a Israel y nunca sería parte: “No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie: porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir”.

Ezequiel condenó a la nación de Edom, diciendo: “Por cuanto tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción...” Ezequiel 35:5.

A través de los tiempos antiguos, los edomitas mostraron su enemistad contra los hebreos, cuando rehusaron dar a Moisés y a su pueblo la autorización de pasar por el territorio de los edomitas, Números 20:14-22. Pero en el tiempo de Eliseo, los edomitas, se juntaron con Israel y Judá en una alianza militarista, 2 Reyes 3:9. Luego, Judá derrotó a Edom en una guerra, 2 Crónicas 25:5-12.

Las profecías mayores contra Edom son halladas en Isaías 34, Jeremías 49:7-22, Ezequiel 25:12-14 y 35:1-15, y el libro de Abdías.

Isaías profetizó acerca del juicio de Dios contra Edom cerca el año 700 a.C., y Jeremías, Ezequiel y Abdías rindieron sus profecías de sentencia pronto sobre Edom cerca del año 600 a.C..

Tiene un buen sentido buscar el cumplimiento de estas profecías contra Edom en aquel período de tiempo en la historia. No obstante, algunos han sugerido que estas profecías contra Edom todavía no han sido cumplidas, y que su cumplimiento acontecerá en nuestro siglo, en el siglo XXI.

Hay dos problemas grandes con esta teoría:
  1. Los edomitas ya no existen. Es imposible castigar a un pueblo que ya ha desaparecido de la faz de la tierra hace muchos siglos.
  2. El profeta Malaquías, escribiendo cerca del año 400 a.C., habló del juicio de Dios contra Edom como algo fenecido: “Y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto”, Malaquías 1:3.
La historia muestra que los edomitas fueron saqueados por los ejércitos de los caldeos en la primera parte del VI siglo a.C., y que al fin del VI siglo a.C. los nabateos atacaron a los edomitas, echándolos fuera de sus fortalezas en las montañas del monte de Seir, hasta el desierto del Neguev.

Las profecías contra Edom fueron completamente cumplidas, y no es necesario esperar el cumplimiento de estas profecías otra vez, porque los edomitas ya no existen como nación ni grupo étnico.


Acerca de los temas teológicos.

Tenemos en esta pequeña profecía tres temas destacados que están estrechamente vinculados a la escatología bíblica. Ellos son:
  1. El juicio de Dios. Que es anunciado como el Día del Señor que está cerca y es terrible. Este juicio se presenta con dos enfoques: "vendrá a su pueblo", representado por Israel, y "llegará a otras naciones" representado por Edom.
  2. La destrucción de los enemigos del Señor. Aquí en Abdías esta destrucción es simbolizada en la destrucción de Edom. Con este tema se vislumbra la certeza del "triunfo del bien contra el mal", tema muy destacado en los mensajes apocalípticos y que se convertirán en la base de la esperanza cristiana.
  3. La Soberanía de Dios. Esa soberanía sobre todo el universo es presentada desde el principio del libro hasta el final. De hecho, el libro comienza diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor (cf. 1) y termina con la siguiente frase: y el reino será del Señor (cf. 17), revelando la noción teológica dentro de la cual se desarrolló el mensaje profético.

Acerca de la razón de estudiar Abdías.

Todos hemos sufrido injusticia cuando estábamos abatidos y debilitados frente a las circunstancias. Tal vez un amigo o incluso un familiar se aprovechó de nuestros momentos de debilidad  causándonos un mayor abatimiento. Al estudiar Abdías vemos que Dios atenderá a tales injusticias.

En el estudio de esta profecía también veremos la lealtad y la fidelidad de Dios hacia su pueblo. Puede tardar, es posible que no nos demos cuenta, pero se establecerá la justicia de Dios, y por lo tanto también seremos recompensados por la espera en él.


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Existen  respuestas Bíblicas suficientes  para entender  un  poco  el  dolor,  y  para que aprendamos a beneficiarnos  de  las tribulaciones.  Las  páginas siguientes  nos muestran  que  aunque  puede  que el  cielo  no conteste todas nuestras preguntas, sí nos da las respuestas que necesitamos para confiar y  amar a  Aquel  que,  en  nuestro  dolor,  nos  pide  que nos acerquemos a Él.

Mas el Dios de toda gracia,  que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo,  después que hayáis padecido un poco de tiempo,  él mismo os perfeccione,  afirme,  fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.  Amén. 1 Pedro 5:10-11.

Introducción

Una de las preocupaciones constantes de nuestra cultura es la pregunta:  "¿Por  qué  le  pasan  cosas malas  a  la  gente  buena?"

Esta preocupación  tiene  que  ver  con  el  hecho  de  que  las  personas  no  están dispuestas  a reconocer,  en  primer  lugar,  que  son  pecadores  y  en segundo lugar, que viven en un mundo rendido y entregado al pecado. El hombre tiene una elevada opinión de sí mismo, y de acuerdo a esa elevada idea de lo que cree ser, de alguna manera le parece inconcebible que algo  malo  le deba suceder.  Después  de  todo, se  idealizan como gente buena.

Inclusive  entre  los  mismos creyentes  hay  quienes expresan las mismas  inquietudes,  vistas no desde el punto de vista Bíblico, sino desde  una  perspectiva  religiosa.  Tristemente, dolorosamente debemos decir que existen entre los creyentes las mismas preocupaciones y las mismas preguntas que se plantean los incrédulos.

  • ¿Por qué  le  pasan  cosas  malas  a  la  gente  buena?  o
  • ¿Dónde  está  Dios  en medio de mi angustia? o
  • ¿Cómo  debo  entender a  Dios, cuando todo lo que se supone es exclusivo de su trato con su pueblo no está sucediendo?

Se podría pensar que la respuesta a la pregunta es un tanto oscura; pero más  bien  podríamos responderla de forma  breve y resumida. Podríamos decir que: “Las aflicciones le suceden a  la  gente buena a causa del pecado. Vivimos en un  mundo  de  pecado  y  nosotros  mismos somos pecadores”. Ciertamente esta  no es  una  respuesta  del todo satisfactoria,  ya  que  no  contiene  suficiente información  para  resolver algunas dudas  que dificultan  la  comprensión de este  tema. Así que vamos  a  estar desarrollando el tema con mayor profundidad.

Entonces, existen calamidades que les suceden a los hijos de Dios. Ninguno  de  nosotros  podría cuestionar que este hecho es cierto, todos hemos experimentado dificultades, pruebas y tribulaciones en un grado u otro. Estamos conscientes de que estas cosas suceden.

La pregunta es: ¿por qué? ¿Por qué Dios  permite  que  estas  pruebas,  tribulaciones  acontezcan  a su pueblo? Con la ayuda de Dios vamos a exponer seis puntos de vista Bíblicos en respuesta a esta pregunta.

Dios permite las tribulaciones para perfeccionar su fe.

Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas,  y por quien todas las cosas subsisten,  que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria,  perfeccionase por aflicciones al autor [Pionero] de la salvación de ellos”, Hebreos 2:10.

Es bueno que nos conozcamos a nosotros mismos, nuestra debilidad y pecaminosidad para no enorgullecernos ni confiar en nosotros mismos, y que siempre vivamos dependiendo de la gracia divina. Es por eso que Dios permite las pruebas de manera que podamos ser perfeccionados así como lo fue Cristo, aun cuando era sin pecado.

Job  fue probado  más allá  de toda  imaginación; él era un hombre muy rico, y en un solo día Job pasó de ser un millonario a ser un desarrapado; el mismo día perdió todo lo que tenía y todos sus hijos fueron asesinados. Posteriormente fue herido  con  una  enfermedad  grave.  Todo  su  mundo se derrumbó. Esa sí que fue una prueba extrema. En medio de todo esto, como metiendo el dedo en la llaga, su  esposa  le  dice: "¿Todavía intentas conservar tu integridad? Maldice a Dios y muérete" (2:9) NTV, pero Job tenía una fe probada y pudo exclamar: "aunque él me matare,  en él esperaré"(13:15);  esa es la clase de fe que usted y yo necesitamos una fe inconmovible, sin importar las circunstancias.

Habacuc  tenía  un  dilema  que  estaba  más  allá  de  su compresión.  Estaban  sucediendo  cosas terribles  en  Israel.  Dondequiera que miraba veía destrucción y violencia; estaba rodeado de personas que solo les gustaba discutir y pelear. Y el profeta Habacuc estaba llorando y clamando a Dios decía: "¿Hasta cuándo,  oh Jehová,  clamaré,  y no oirás;  y daré voces  a  ti  a  causa  de  la violencia,  y  no  salvarás?", (1:2).  Y  Dios  le  dio  una respuesta desconcertante. Dios no solo le da a entender que no traería  avivamiento,  sino  que  iba  a  traer  a  los  caldeos,  que  son peores que los hijos de Israel, y que iban a actuar como los verdugos de los Judíos. Ahora su problema era considerablemente más complejo:

  • El  problema  número  uno:  ¿por  qué  Dios  no  avivaba  a  su pueblo? 
  • El  problema  número  dos:  si  Dios  no  va  a  avivar  a  su  pueblo, ¿cómo es que Él usa las peores personas del mundo para ser sus jueces? 

Y  cuando  todo  esto  estaba  rondando  en  su  mente  y  el  caos  le  estaba  dominando, el Señor le declara un principio elemental: "El justo por la fe vivirá".

Y al final de esta breve profecía de Habacuc dice: "Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los  labrados  no  den  mantenimiento,  Y  las ovejas  sean  quitadas  de  la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo,  yo me alegraré en Jehová, Y  me gozaré  en el Dios  de mi  salvación. Jehová  el Señor  es mi fortaleza,  El  cual  hace mis  pies  como  de  ciervas,  Y  en  mis  alturas  me hace andar", Habacuc 3:17-19. Él aprobó la prueba pero su fe tuvo que sufrir.

Y  una  de  las  cosas  que  Dios  está  haciendo  al  traer  estas  pruebas  a nuestras  vidas  es fortalecer nuestra  fe. Él está solidificando tus  convicciones, tu  esperanza  cuando  te pone  a prueba. Ninguna de estas pruebas, ninguna de estas aflicciones tiene como objetivo hundirnos, sino transformarnos. No pretende vencernos, sino hacernos vencedores; tampoco debilitarnos, sino fortalecernos. La vida cristiana es como la del atleta; cuanto más duro se entrena, tanto más preparados se encuentra, porque sabe que estará dispuesto para realizar un esfuerzo que le conduzca a la victoria.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  que  dejemos  de  depender  del mundo.

Dios va a estar trabajando  en nuestras vidas para ayudarnos a romper  las  ataduras  que  tenemos con el  mundo;  nuestra naturaleza caída tiene la tendencia a confiar en las cosas del mundo, en los recursos del mundo. Bien pueden ser  la filosofía, el dinero, el poder, el prestigio, las amistades o cualquier otra cosa. Y el Señor  permite  que  vengan  pruebas,  con el  fin  de  que  podamos desligarnos de la confianza en las cosas del mundo.

Voy a darles un ejemplo;  en Juan capítulo 6 dice que había una multitud que seguía a Jesús por causa de las señales y los milagros que Él hacía. Y en el versículo 5 de Juan 6, dice: "Cuando alzó Jesús los ojos,  y vio que  había venido a él gran multitud, dijo  a Felipe: ¿De  dónde compraremos  pan  para que  coman  éstos?"  Entonces Felipe hace  inmediatamente un  cálculo  mundano.  "Doscientos denarios  de  pan  no bastarían  para  que  cada  uno  de  ellos  tomase  un  poco”.  En  otras palabras, Felipe tuvo la oportunidad de decir: "Señor, Tú eres el Dios de la creación, ¿cuál es el problema? ¿Quieres darles de comer?, tu puedes darles de comer”. Tuvo la oportunidad perfecta para demostrar  que  había  sido  desconectado  de  la  confianza  en  el  mundo;  sin embargo  no  era  así. Sus cálculos le decían que era imposible alimentarlos.  Ahora el  versículo  6 dice: "Pero  esto  decía para  probarle"; Cristo deseaba hacerle  notar que aún  seguía confiando en sus sentidos.

El Señor nos llevará a situaciones similares,  en  las  que  no  tenemos  ninguna  capacidad  en nosotros mismos, donde no hay recursos humanos, donde no hay a dónde ir, sino solamente  a Cristo; de  manera  que  podamos  ser  desligados  de  la confianza en las cosas del mundo. Las pruebas harán eso en usted. Ellas nos arrancarán de esa confianza en las cosas pasajeras.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  llenarnos  de  esperanza celestial.

Romanos 5:3 dice: "también nos gloriamos en las tribulaciones,  sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza".

Dios desea llenar nuestros corazones con la anticipación de la vida  gloriosa que está por venir; de manera que entonces  deberemos vivir una vida en esperanza.

¿Quieres no ser decepcionado jamás en la vida? es decir: ¿Quieres absolutamente nunca ser decepcionado  en la vida?  Entonces vive en esperanza celestial. Y no importa lo mal que la estés pasando aquí,  no importa.  No serás  decepcionado jamás  porque  no estás poniendo la mirada en las recompensas que ofrece este mundo. La forma de nunca estar decepcionado en esta vida es colocar la mirada en las cosas de arriba, donde está Cristo. Entonces cuando Él se manifieste seremos manifestados con Él en gloria.

Las pruebas producen paciencia o resistencia. La resistencia se acumula hasta  obtener  un  carácter probado. El carácter  probado  entonces  vive en  la  esperanza. Es entonces cuando usted podrá expresar como el apóstol Pablo: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, Romanos 8:18.

También podremos  decir  como  Pablo: "aunque  este  nuestro  hombre  exterior  se  va desgastando, el interior no  obstante  se renueva de día  en  día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven;  pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas",  2  Corintios  4:16-17.

Entonces sufrir, sufrir no es un problema. Sufrir en este mundo, no es significativo. Podemos aceptar todo el sufrimiento que nos quieran dar por amor  a Cristo;  porque  aunque  estoy siendo golpeado en la vida presente, estoy acumulando recompensas eternas en la vida venidera. Cada golpe, cada herida, cada cicatriz, cada desprecio, cada calumnia, cada injusticia, produce  en  nosotros  un  excelente  y eterno  peso  de  gloria.

Las  pruebas  nos  conducen  a  una  esperanza  celestial.  En  primer  lugar ponen a prueba nuestra fe, entonces nosotros dejamos de depender de las cosas del mundo, y ellas nos conectan al cielo. El cielo se vuelve aún más dulce cuanto más tiempo se vive y soporta la carga de las pruebas en esta vida.

Dios  permite  las  tribulaciones  para  mostrarnos  lo  que  realmente amamos.

Mateo, en el capítulo 19 versos 16 al 22, nos narra la historia de un joven que buscaba la vida eterna y le preguntó: "¿Qué debo yo hacer?”, a lo que Jesús le dijo que cumpliera los mandamientos. El hombre le preguntó qué clase de mandamientos. Jesús entonces le citó cinco de los diez mandamientos. La respuesta del joven fue que él había cumplido esos mandamientos; y sin embargo había todavía algo que él sabía que debía tener y no tenía. Así que Jesús le dijo que vendiera todo, que lo diera a los pobres y que Le siguiera.

Ahora deseo que observe la reacción de este joven: “Oyendo el joven esta palabra,  se fue triste, porque tenía muchas posesiones”.

Dios  desea  revelar  donde  está  nuestro  corazón,  donde están  nuestros  verdaderos  intereses.  Y todo  esto  es  parte  de  nuestra santificación. Las pruebas sacarán a la luz lo que es más valioso para usted. Si  llevar  la  cruz  y  el  vituperio  de  Cristo  es  lo  más  precioso, entonces podrá sufrir la pérdida de cualquier cosa por amor a Cristo.

Pero si el dinero es lo más preciado, entonces cuando los ahorros donde está  su  dinero  se  reduzcan o  cuando  una  depresión  le  golpee,  usted estará pasando por un gran momento de desesperación. No podrá entender que  el  Señor  está trabajando en su vida modelando y conformando  su carácter a la  imagen  de Jesucristo.

Las pruebas, los problemas, las dificultades en la vida siempre revelarán lo  que más amas. Si se trata de su  apariencia física, la figura, los pechugones, los músculos, si usted está  en  ese  tipo  de  cosas y eso  es  lo  más  importante  para  usted,  la enfermedad  lo  abrumará.  Pero si usted ama  los propósitos  de  Dios,  la santidad más  que  cualquier  otra  cosa,  usted podrá  aceptar  lo  que  Dios traiga  a  su  vida  sea  un  mal  físico  o enfermedad como algo que Él tiene en Sus propósitos para la gloria de Cristo  y  su  propia  santificación.  Usted  encontrará  por  medio  de  las pruebas de la vida la revelación de lo que es más valioso para usted.

Dios permite las tribulaciones para desarrollar su fortaleza espiritual y  alcanzar  un  mayor  rendimiento.

Santiago  1:2-4  dice: "Hermanos míos: considerad un gran privilegio siempre que os veáis involucrados en toda clase de pruebas; porque sabéis muy bien que la prueba de vuestra fe produce una constancia a toda prueba. Y dejad que esa constancia alcance su plenitud haciéndoos perfectos y completos y en nada insuficientes".

Esto es un proceso. La prueba, de la cual se habla aquí tiene como objetivo, que quien sea sometido a la prueba surja de ella más fuerte y más puro.

El cristiano debe esperar que las pruebas le introduzcan a empujones en la vida cristiana. Se nos presentarán todos los sondeos imaginables. Habrá la prueba de dolor, de desilusiones, de seducciones, de peligros, de impopularidad y así sucesivamente. Pero nada de eso nos viene para hundirnos, sino para capacitarnos.

No oremos entonces pidiendo a nuestro Entrenador celestial que elimine la aflicción, la prueba.

Dios  permite  las  tribulaciones para  capacitarnos  y  poder  ayudar  a otros  en  sus  tribulaciones.

El apóstol Pablo  en  2  Corintios  1:3-4 dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,  Padre de misericordias y Dios de toda consolación,  el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,  para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios".

Otra de  las  razones  por  las  que  tenemos pruebas es que Dios puede acercarse en medio de nuestras dificultades y fortalecernos, para luego poder ir a otros que están pasando por las mismas pruebas y ofrecerles el mismo consuelo con el cual Dios nos consoló.

La manera en cómo seremos capacitados le corresponde a Dios. Pedro tuvo que ser tratado severamente de manera que él pudiera alcanzar la medida para el trabajo que Cristo le había preparado.

En Lucas 22:31 Jesús le dijo: "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti,  que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos”.

Jesús le dijo a Pedro algo muy hermoso: "Cuando hayas vuelto a tu puesto, ayuda a tus hermanos a mantenerse firmes". Es como si le dijera: "Me vas a negar, y llorarás amargamente; pero el resultado será que estarás mejor capacitado para ayudar a tus hermanos que tengan que pasar por lo mismo". El experimentar la vergüenza del fracaso no es sin fruto, porque nos da la compasión y la comprensión que no tendríamos de otra manera.


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Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo, de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían. Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y  heridos.
Hechos 19:11-16

Existe una confusión generalizada entre muchas iglesias evangélicas modernas, en especial aquellas de corte carismático, con respecto a las actividades y operaciones de Satanás.

Muchos de los cánticos de adoración modernos se centran en la guerra espiritual, incitando a los cristianos a ir al "campo enemigo" y tomar "nuevamente lo que Satanás robó". Pastores ofrecen oraciones para colocar coberturas alrededor de los creyentes. Además, se vende ampliamente la idea de que la oración más fuerte y más ferviente, es la más eficaz para atar a Satanás. Pero la pregunta que cada creyente debe hacerse es: ¿es este realmente el verdadero papel de los creyentes en el ámbito de la guerra espiritual?

Deseo compartir con ustedes algunas observaciones acerca de esta extraña práctica de guerra espiritual y proporcionarles valiosa información Bíblica acerca de cómo los cristianos deben y cómo no deben responder al entorno satánico.

Examinando la Palabra de Dios en 1 Juan 4:1-8 leemos lo siguiente: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error. Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor".

Lo primero que podemos observar es que Dios por medio del apóstol nos da un mandato, una orden: "probad los espíritus". Evidentemente, siendo que la siguiente oración hace referencia a los falsos profetas, podemos inferir que "espíritus" está haciendo referencia a personas.  Por otro lado tenemos la palabra "probad", que en el griego, el término es usado en metalurgia para evaluar la pureza del metal. Entendemos entonces que Juan nos está diciendo: "Examinad la pureza de las personas".

El apóstol Pablo nos recuerda lo mismo en 1 Tesalonicenses 5:21-22 cuando dice: "Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal", y utiliza la misma palabra, para indicar que debemos probar lo que estamos escuchando. Esto es esencial. Es esencial porque Satanás existe, porque los demonios existen, y porque operan en un reino de mentira que domina el mundo.

Satanás es el dios de este mundo, el príncipe de las potestades del aire, el gobernante de las tinieblas, de las huestes espirituales de maldad de este siglo en los lugares celestiales. A él se le ha permitido circular en este mundo, desplazarse como león rugiente buscando a quien devorar. Él y sus agentes se disfrazan de ángeles de luz, de acuerdo con el apóstol Pablo en su carta a los Corintios. Y no debemos sorprendernos de que Satanás opere el 99 por ciento de las veces en la falsa religión, en la mentira y el engaño.

Satanás no está detrás del comportamiento miserable, corrupto y pecaminoso de una sociedad definida. La carne se encarga de eso. Satanás está detrás de la religión corrupta, detrás de los falsos sistemas de creencias. Es muy importante entender esto.

Las personas hablan de guerra espiritual haciendo referencia a Satanás y los demonios, pero ignoran  que están equivocados en su manera de pensar. Ellos tienen la idea o han sido enseñados a que  debemos estar acorralando a Satanás. Es común observar a pastores levantarse en el pulpito frente a la feligresía para orar;  y sorprendentemente  escuchar que las primeras palabras que salen de su boca es: "Satanás, te atamos", además de otros pronunciamientos acerca de satanás, acerca de atar, acerca de prohibir, de que si Cristo lo pudo hacer, de que si los apóstoles tenían autoridad y todo este tipo de lenguaje doctrinal desacreditado. Simplemente podemos quedar perplejos  al escuchar que las primeras palabras de inicio son: "Satanás". Nos preguntamos entonces: ¿Qué? ¿Está hablando con el diablo, diciéndole lo que puede o no puede hacer? Tal vez piensa que eso es  guerra espiritual, y tal vez piensa que él tiene el poder de hacer eso. Eso no es otra cosa que un engaño, artimaña, argucia.

Estos individuos que se hacen llamar cristianos y aún peor se constituyen como pastores, con sus charlatanerías solo demuestran su enorme ignorancia en las Escrituras. La Biblia describe la guerra espiritual en 2 Corintios 10:3 con estas palabras: "porque las armas de nuestra milicia no son carnales"; entendemos entonces que estamos hablando de guerra, hablando de armas y estas "no son carnales", es decir, no son humanas. El pasaje especifica que estamos "en la carne"; lo que desea destacar el versículo es que somos humanos. Cuando dice que: "andamos en la carne" no se está refiriendo a que andamos en pecado, sino que simplemente habla de que somos seres humanos, y no podemos hacer la guerra  "según la carne". Nuestras armas no pueden ser de origen humano. No batallamos por medio del ingenio o la astucia humana. No puede ser nada concebido por el hombre, no importa cuán nobles sean nuestros pretensiones.

Esta guerra espiritual no se pelea con armas humanas convencionales. Se necesita mucho más que eso; según el versículo 4 de 2 Corintios 10 estas deben ser "poderosas en Dios". Hemos sido reclutados en una guerra espiritual que no puede ser combatida con armas humanas, no importa cuán noble, bien concebido y bien elaborado pueda ser la estrategia que pudiéramos  pensar.

El objetivo final expresado por el apóstol Pablo, según el versículo 4, es la "destrucción de fortalezas".  Y la figura presentada aquí nos indica que las armas humanas no son rivales para esta enorme fortaleza. La palabra "fortaleza", para la época de Pablo,  daba la idea de un edificio de piedra inexpugnable. Estamos asaltando edificios formidables. No podemos utilizar las armas humanas, ellas son como pistolitas de agua.

¿Qué son esas fortalezas?  Al comienzo del versículo 5 dice: "derribando argumentos". Cuando el apóstol habla de derribar fortalezas, él está haciendo referencia a la destrucción de razonamientos, especulaciones, ideas, ideologías, teorías, puntos de vista, sistemas de creencias, psicologías, filosofías, religiones. Este es el compromiso para el cual hemos sido llamados  en esta guerra espiritual. Es una batalla por el modo en que la gente piensa. Es una batalla por la mente. No se trata de perseguir a Satanás. No se trata de corretear demonios. Eso no está dentro de la competencia de nuestras capacidades. La nuestra es una guerra por la mente.

El mundo es prisionero de los sistemas de creencias. Ellos son prisioneros en esas fortalezas, en el sentido de que son inexpugnables en sus ideologías. Esas fortificaciones en las que viven se convierten en sus prisiones y terminan en sus tumbas.

El arquitecto de todas estas fortalezas no es otro que el mismo Satanás. Él es el padre de la mentira. Él es el engañador. Es el ángel de luz impostor. Y sobrelleva su gran trabajo a través de los sistemas de falsas creencias.

El versículo 5 nos da una definición más detallada del significado de fortaleza; dice así: "toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios". ¿Qué significa eso? Es cada gran idea, cada idea aparentemente noble, cada idea intelectual, cada gran visión, cualquier cosa y todo lo que se levante como una ideología "contra el conocimiento de Dios". Las personas están atrincheradas en las fortalezas de los sistemas anti-Dios. Para usar el lenguaje de Juan, son anticristos. Y como dije, las personas están atrincheradas, están presas en esas fortalezas. Y ellos, en última instancia, morirán en esas prisiones.

Entonces, ¿cuál es nuestra responsabilidad? Nuestra responsabilidad es la de romper estas ideologías, aplastar estas fortificaciones y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Esta es una batalla por el modo de pensar de las personas. Una vez más, Satanás es el arquitecto, el diseñador, el ingeniero y el constructor de estas ideologías. Es responsabilidad de cada pastor, cada maestro, cada predicador, cada cristiano examinar todos los requerimientos que se nos formulen y poner a prueba a las personas, y las profecías. Al igual que los nobles de Berea, examinar todo para ver lo que es verdadero

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Cierto día, un experto en la ley religiosa se levantó para probar a Jesús con la siguiente pregunta:
—Maestro, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
Jesús contestó:
—¿Qué dice la ley de Moisés? ¿Cómo la interpretas?
El hombre contestó:
—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con toda tu mente” y “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.
—¡Correcto! —le dijo Jesús—. ¡Haz eso y vivirás!
Lucas 10:25-28; Mateo 22:36-40; Marcos 12:28-31.

El amor de Dios es un gran consuelo. Pero tal vez este no sea tan consolador como algunas personas creen. Como dijimos la última vez, el amor de Dios no es una envoltura teológica que sofoca todo aquello que la Biblia dice acerca de cómo Dios se relaciona con nosotros. Ese enfoque miope, de sensación de bienestar en el amor de Dios, a menudo hace caso omiso de sus implicaciones más profundas. En concreto, se pasa por alto el hecho de que el amor de Dios acarrea una peculiar condena.

El amor y el legalismo
Muchos creyentes te dirán que la vida cristiana es tan simple como "amar a Dios y al prójimo". Es una consigna muy popular en las mega-iglesias influyentes, haciendo parecer sin esfuerzo esos elevados propósitos. De hecho, algunos erróneamente reducen  el Evangelio a esa simple frase.

Pero esa idea errónea no es nada nueva; era una creencia generalizada entre los fariseos. El evangelio de Lucas relata un incidente relacionado con este tema:

Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás, Lucas 10:25-28.

Si detenemos la lectura  ahí, podríamos asumir que Cristo acababa de abrir una puerta lateral al cielo. Sin embargo, pasaré a explicar el punto exacto que el Señor estaba proyectando:

Jesús, por supuesto, no estaba diciendo que había algunas personas en algún lugar que podrían salvarse por guardar la ley. Por el contrario, Él se proponía señalar la imposibilidad absoluta de lograrlo, ya que la ley exigía la obediencia perfecta y completa (Santiago 2:10), y promete la muerte física, espiritual y eterna a los que la desobedecen (Ezequiel 18:4,20; Romanos 6:23).

En lugar de afirmar el enfoque legalista de la salvación, Cristo estaba condenando su falsa piedad e ilustrando la imposibilidad de cumplir con la ley.

Pero el escriba no logra comprender ese punto. En su lugar, tontamente se aferró a su propia justicia y tomo la actitud equivocada; dice la Palabra: "Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?" (Lucas 10:29). Podemos observar la necedad y la ceguera que condujo a esta respuesta por parte del escriba.

En este punto de la discusión, el escriba debería haber reconocido su incapacidad para amar como Dios requiere y clamar por misericordia como lo hizo el publicano en Lucas 18:13. Pero acorralado en una esquina de la que no había escapatoria, su miserable orgullo y justicia propia tomaron el control. Note lo que dice el pasaje: "queriendo justificarse a sí mismo". Él no pudo negarse a sí mismo. No solo se negó a confesar la realidad de su corazón pecaminoso, sino que menospreciando la convicción de pecado que seguramente sintió interiormente, entonces inflexiblemente reafirmó su externa auto-justicia y méritos.

Observamos repetidamente esa misma confianza legalista en las iglesias de hoy; cómo las personas hacen valer sus capacidades para planificar "amar a Dios y amar al prójimo" lo suficiente.

Sin embargo la negligente parcialidad de esa consigna disminuye el peso de las repetidas advertencias de las Escrituras a emular el amor de Dios. Al igual que el legalista debe haber sentido el aplastante peso de la ley en medio de su auto-justificación, cualquier reflexión honesta acerca de los mandamientos del Señor debería crear un agudo sentido de convicción y reproche.

La incapacidad de amar debidamente a otros
Por ejemplo, el mandato de Cristo a sus discípulos, "Amaos los unos a los otros, como yo os he amado", Juan 13:34; cf. Juan 15:12, en un primer momento parece bastante simple. Pero si tomamos en cuenta la profundidad del amor de Cristo por nosotros, y los grandes extremos a los que Cristo fue expuesto para expresar ese amor, este se convierte en un desafío mucho mayor. Francamente, inalcanzable.

El amor de Cristo es un ejemplo de las manifestaciones más puras de abnegación y sacrificio que este mundo haya visto. Los evangelios nos presentan abundantes ejemplos de su amor extraordinario para las personas que vino a salvar. Y si ningún sentido de reproche surge de nuestro deber de amar a los demás de la misma manera que Cristo nos ha amado, entonces no sabemos nada acerca del precio que Cristo pagó para mostrar ese amor.

Tenga en cuenta su propia facultad viciada de amar a los demás. Cada impulso egoísta, cada esfuerzo de  instinto de conservación, cada elección de la comodidad por encima de la compasión contradice la manera en que Jesús amaba. Si somos honestos, deducimos que rara vez amamos a los demás a la manera de Cristo; si es que hemos amado.

Cuanto más aumenta nuestra comprensión de la perfección del amor de Cristo, más aun se agranda nuestro pecaminoso fracaso en seguir el ejemplo de Cristo.

La incapacidad de amar debidamente a Dios
La noticia no es mejor cuando se trata de amar a Dios. Desde los primeros días de su pacto con Israel, el Señor exigió la supremacía en los corazones de su pueblo. Deuteronomio 6: 5 dice claramente, "Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas". El mismo Cristo consideró esta declaración como el más grande mandamiento (Mateo 22:36-38). Pero estos pasajes nos conducen a unas preguntas:

  • ¿Realmente amamos a Dios por encima de todo?
  • ¿Su gloria es nuestro mayor deseo?
  • ¿Es nuestra adoración a Él libre de distracciones mundanas?
  • ¿Está nuestro más valioso tesoro almacenado en el cielo?
  • ¿Hemos afirmado nuestros afectos en Él?
  • ¿Es el cumplimiento de Su voluntad nuestra principal motivación?
  • ¿Es la obediencia a Él nuestra mayor alegría?
  • ¿Cumplimos y estamos cumpliendo en servirle a Él?
  • ¿Está cada aspecto de nuestra vida dedicada a servirle, adorarle y glorificarle?

Esa es la naturaleza de la relación que se suponía el hombre debía tener con Dios. Pero el pecado de Adán desde entonces nos separó de esa realidad. Sólo en Cristo podemos ser restaurados, y sólo en la eternidad podremos disfrutar de perfecta comunión de amor con el Padre. Por ahora, el mandamiento de amar a Dios cuelga sobre nosotros como un recordatorio perpetuo de nuestra culpa, condenando la incapacidad y la insuficiencia de nuestra carne caída.

¿Entonces, cuál es el punto?
La condenación en el amor de Dios no es un fin en sí mismo. Es un motivador, un impulsor para nuestro crecimiento espiritual y piadoso.

Para los incrédulos engañados, las ricas profundidades del amor de Dios deben ser un llamado de atención a la gravedad de su verdadero estado espiritual. El Evangelio reducido al "amor a Dios y a los demás" simplemente es un falso evangelio. En lugar de hallar confianza farisaica en su habilidad para cumplir con la ley de Dios, incluso los más simples requisitos, ellos necesitan entender el desperfecto fatal que está en su carne. Necesitan ser aplastado bajo el peso de su propia censura, y romper el orgullo que subyace en su propia justicia.

Tienen que experimentar la transformación que Pablo describe en su carta a la iglesia de Galacia:

Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe, Gálatas 3:23-24.

En términos simples, ellos necesitan estar humillados, y llegar a una verdadera fe y arrepentimiento. Los creyentes negligentes deben igualmente  humillarse por causa de las realidades del amor de Dios. La salvación no es una excusa para la teología superficial o de mala calidad. Los verdaderos creyentes deben tener un apropiado respeto y comprensión acerca del amor de Cristo y Sus ordenanzas para reflejar ese amor a través de nuestras vidas.

La comprensión de cuan bajo podríamos caer debería estimularnos a un mayor crecimiento y santidad. Debemos disciplinarnos para una mayor conformación a la imagen de Cristo, y vivir vidas que ejemplifiquen Su amor a aquellos que nos rodean.

Por otra parte, esto debería impulsarnos a un mayor amor por Cristo. Todos estos requisitos, en última instancia, apuntan hacia Cristo, tanto el perfecto modelo de amor y perfecta expresión de amor. Él es el Uno, el Único, que cumple a la perfección todos los requisitos que el amor demanda.

En Cristo, el carácter del amor de Dios encuentra su real y completa expresión. Y es allí donde vamos a estar apuntando en el próximo artículo.

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Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
Romanos 5:8; 1 Corintios 13:4-7; 1 Juan 4:8

A primera vista, la idea de "Dios es amor" no parece tener un gran problema teológico. Primera de Juan 4:8 no puede ser más claro: "Dios es amor". De todas las maneras de describir a Dios, esta sin duda, es la más querida y ampliamente aceptada.

¿Cuántas veces hemos oído la frase, "Un Dios de amor nunca permitiría..."? Aquellos que piensan de esta manera están diciendo en realidad que tienen su propia concepción acerca de lo que es el amor, y ellos sólo aceptarán a un dios que ame según sus términos. Esa es la forma sutil de idolatría que muchas personas, incluso muchos feligreses, aceptan en la actualidad.

El asunto no es si Dios ama o no, sino si las personas que proclaman Su amor tienen algún indicio de lo que están hablando en realidad. Es cierto que Dios es amor. Pero no caigamos en el monumental error  de asumir que eso es todo lo que Él es, o todo lo que Él desea que sepamos acerca de Él.

Entonces el problema con la idea de "Dios es amor", es que la discusión de esta se torna nublada y confusa por personas que no saben qué es el amor o quien es Dios, y sin embargo hablan del tema con calificada autoridad.

Más que un sentimiento
En la cultura actual, usted podría encontrarse en apuros tratando de elaborar una definición sólida acerca del amor. La mayoría de las personas evitan definirlo o elaborar un claro significado del mismo, en lugar de confiar en sus razonamientos simplemente para conocer lo que se siente. Pero en un mundo plagado de baladas, películas románticas, y citas rápidas, la percepción pública de amor es variable.

Es lamentable el trayecto de separación que existe entre la comprensión sensual del amor y el punto de vista bíblico. Aquello que oímos hablar acerca del amor en las canciones populares es casi siempre presentado como un sentimiento; generalmente involucran deseos  insatisfechos. La mayoría de las canciones de amor no sólo reducen el amor a una emoción, sino que también lo convierten en un deseo involuntario. Las personas "caen" en el amor. Ellos se dejan llevar por el amor. Ellos no pueden contenerse a sí mismos.

Puede parecer un bonito sentimiento romántico representar al amor como una pasión incontrolable, pero aquellos que piensan cuidadosamente acerca de él, se dan cuenta de que tal "amor" es a la vez, egoísta e irracional.  Está muy alejado del concepto bíblico acerca del amor. El amor, según las Escrituras, no es una sensación impotente del deseo. Más bien, es un acto decidido de entrega. El que ama verdaderamente está deliberadamente consagrado a lo que ama. El verdadero amor surge de la voluntad, no de la emoción ciega.

La atracción, el afecto y el deseo no constituyen el verdadero amor; estas, en realidad, no son otra cosa que  distracciones del concepto real. El apóstol Pablo describe al amor como sacrificial y desinteresado, no impulsado por las emociones y la sensualidad. Fíjese lo que dice el apóstol Pablo:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.  Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.  1 Corintios 13:4–7.

Primera de Corintios 13 no es un oscuro u olvidado pasaje de la Biblia, más bien es un pasaje muy utilizado en casi todas las bodas, incluso en aquellas de inconversos. Por lo general es utilizado como un bálsamo para sentirse bien, cuando más bien debería considerarse con gran temor.

El listado de Pablo en este pasaje está lleno de dolor, auto-sacrificio y abnegación. No estamos inclinados a tales cosas, estamos habituados a amar aquello que satisface nuestras necesidades, y no a amar aquello que satisface las necesidades de otros.

El verdadero amor es difícil. De hecho, si somos honestos, el modelo  de Pablo es demasiado difícil para nosotros. Simplemente no podemos cumplir con tan elevada norma, de este lado del cielo. El único que lo hizo es Cristo nuestro Dios y Señor.

Dios es amor, pero él no es solamente Amor
Cristo es la máxima expresión del amor de Dios (Juan 3:16). Sin embargo, muchas personas cometen el error de asumir la encarnación de Cristo como que fue un momento crucial para Dios, en el cual  marcó una transformación de su carácter, inclinándose hacia el amor y alejándose de la ira.

Pero Dios nunca cambia. "Porque yo Jehová no cambio", Malaquías 3:6, cf. Hebreos 13:8. Dios es, y ha sido siempre, amor, pero no con el fin de excluir sus otros atributos.

El amor de Dios no anula su odio al pecado. De hecho, lo opuesto es verdad.  El verdadero significado del amor de Dios está ligado y magnificado por nuestra culpa: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”, Romanos 5:8.

Es igualmente erróneo suponer que el amor de Dios rechaza o elimina algunos de sus "menos populares" atributos. Esta visión tan flexible de Dios está muy extendida en las iglesias modernas. Hoy en día la mayoría de las personas parecen tener poca dificultad para creer en el amor de Dios; por el contrario tienen mucha dificultad para creer en la justicia de Dios, la ira de Dios, y la  veracidad coherente de un Dios omnisciente.

Por otra parte,  el fracaso de predicar la ira de Dios es en realidad el fracaso en comprender el amor de Dios. Hemos perdido la realidad de la ira de Dios. Hemos hecho caso omiso de Su odio por el pecado. La mayoría de los evangélicos ahora describen a  Dios como todo amor y para nada airado. Hemos olvidado que "Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo", Hebreos 10:31. No creemos más en esa clase de Dios.

Debemos recuperar algo del terror sagrado que viene con la correcta comprensión de la justa ira de Dios. Debemos recordar que la ira de Dios se encenderá contra los pecadores impenitentes (Salmo 38:1-3). Esa realidad es lo que hace que su amor sea tan portentoso. Por lo tanto, debemos proclamar estas verdades con el mismo sentido de convicción y fervor que empleamos cuando declaramos el amor de Dios. Es solamente en el contexto de la ira divina que todo el significado del amor de Dios puede ser comprendido realmente. Ese es precisamente el mensaje de la cruz de Jesucristo. Después de todo, fue en la cruz que el amor de Dios y su ira convergieron en toda su plenitud majestuosa. Romanos 3:24-26.

Irónicamente, en una época que concibe a Dios como totalmente amoroso, totalmente desprovisto de ira, pocas personas entienden realmente todo lo que comprende el  amor de Dios. El amor de Dios no es una envoltura teológica que ahoga todo lo que la Biblia dice acerca de cómo Dios se relaciona con nosotros. El amor de Dios es en realidad una de las doctrinas más difíciles en toda la Escritura. Y es un reto al que me subscribiré en próximos artículos trayendo claridad y armonía a las tensiones bíblicas que tantas personas esquivan. 

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La tendencia a combinar y armonizar las corrientes de pensamiento o ideas opuestas, es lo que se conoce como sincretismo. El sincretismo religioso es un proceso, consecuencia de los intercambios culturales entre los diversos pueblos. En algunos casos, comprende la intervención oficial, en el que se intenta superar una situación de crisis cultural producida por el choque colisión de dos o más tradiciones religiosas diferentes. Su característica principal es conseguir que dos o más tradiciones culturales diferentes sean capaces de crear un ámbito de cohabitación en armonía.

Por ejemplo, La Santería es el fruto del sincretismo de religiones africanas (Yoruba) con elementos del catolicismo. Esclavos africanos fueron llevados a Cuba y a Brasil a trabajar en las plantaciones de azúcar, y la Iglesia Católica trató de evangelizarlos pero las condiciones eran muy difíciles. Los sacerdotes que buscaban evangelizarlos eran de la misma raza que aquellos otros que les oprimían; esto dificultaba que estos comprendieran y aceptaran lo que se les enseñaba. El resultado fue que muchos aceptaron exteriormente las enseñanzas católicas mientras interiormente mantenían su antigua religión. En este contexto se combinó el catolicismo con la religión africana para dar paso a lo que conocemos como la Santería.

El sincretismo no es nada nuevo para la iglesia católica. Ellos tienen una larga historia de adopción y asimilación de elementos de religiones indígenas en sus esfuerzos misioneros; esa es la razón por la cual la fe y práctica católica, supuestamente unida bajo el Papa, se percibe drásticamente diferente en América del Sur, África y Europa. En pocas palabras, el catolicismo es una mentira que absorbe fácilmente y adapta a otras mentiras.

La verdad de Dios es mucho más resistente a mezclarse con el error. Sin embargo, hoy en día, incluso entre los creyentes conservadores, hay muchos predicadores, maestros y estudiosos que están trabajando duro para que la iglesia y la Biblia sean más flexibles a las ideas contradictorias del mundo. Mientras que hacia el exterior pueden estar afirmando la infalibilidad y la autoridad de la Escritura, sus acciones revelan una falta de confianza en la Palabra de Dios. Intimidados por las agendas culturales y deseosos de encontrar el favor del mundo inconverso, estos hombres y mujeres se rinden frente a la mezcla de verdad con toda suerte de errores; evolución, feminismo, psicología y ecumenismo, sólo por nombrar unos pocos.

¿Son estas personas herejes? Por lo general no, pero en realidad con lo que están haciendo se mueven a zonas tanto más peligrosas. Al sincretizar la verdad y el error, animan a otros a unirse a ellos en el terreno resbaladizo de vinculación, exponiéndolos a doctrinas erróneas y concepciones corruptas del mundo. Ese compromiso anima a los creyentes a alegorizar, explicar o ignorar por completo la clara enseñanza de la Escritura.

Usted puede ver el devastador efecto que el sincretismo evangélico ha tenido en la autoridad, infalibilidad, claridad y suficiencia de la Escritura; fomentando un repugnante escepticismo como:
  • ¿Por qué tantos teólogos se sienten intimidados por la cosmología del Big Bang y la "ciencia de la evolución", cuando Dios les ha dado una explicación clara e invariable de la creación?
  • ¿Por qué tantos evangélicos con buena gana se dan la mano con Roma cuando los católicos todavía suscriben los mismos errores condenables que lo hacían durante la Reforma?
  • ¿Por qué deberíamos confiar en el pastor buscador de almas sensibles, que predica a partir de una Biblia que dice que en realidad nadie busca a Dios?
  • Y ¿cómo muchos eruditos de la Biblia abandonan puntos de vista bíblicos de liderazgo masculino con el fin de apaciguar al Baal del feminismo?

Los teólogos nunca han sido acusados como responsables de proteger los patrones culturales de ataques bíblicos, sin embargo, eso es precisamente lo que muchos hacen. Mientras que el sincretismo rara vez comienza en el aula, con demasiada frecuencia hay eruditos dispuestos a redefinir el texto bíblico y encontrar retorcidas formas de acomodarse a la cultura.

Si los estándares bíblicos se vuelven subjetivos, entonces carece de sentido la inerrancia. ¿Cuál es el significado de Dios hablar sin errores, si se le permite a cada intérprete ajustar la revelación divina a sus propias preferencias personales? Claramente, la iglesia sigue cayendo en el escepticismo engañoso de Satanás sobre lo que realmente dijo Dios (Génesis 3:1).

La iglesia no puede permitir que los vientos dominantes de la cultura dobleguen la espada del Espíritu. La Palabra de Dios está totalmente equipada para informarnos de nuestra perspectiva de la cultura, pero los ideales culturales no tienen nada que aportar a nuestra perspectiva de la Palabra de Dios.

En próximos artículos, de la serie sincretismo evangélico, profundizaré en algunas de las formas más prominentes de sincretismo evangélico. Apuntaré a dos objetivos principales. En primer lugar, el propósito fundamental es señalar aquellas formas que están bajo la influencia del sincretismo y de espaldas al verdadero objetivo de la fidelidad bíblica. En segundo lugar, queremos dotar a la iglesia, señalando las principales áreas de compromiso que debe evitar.

Con el fin de animar los comentarios sobre estas cuestiones cruciales, les recuerdo a los lectores que no es necesario crear una cuenta para comentar, pero sí se requiere de un nombre completo y la dirección de correo electrónico. Le invito a leer los temas y compartir los puntos de vista a través de sus comentarios.

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Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Efesios 6:11-15

Cuando Satanás aparece con pensamientos engañosos en su mente, usted no tiene por qué admitir la derrota. Utilice los siguientes principios prácticos para hacer frente a los pensamientos corrompidos, sujetándolos con el cinturón de la verdad. 

Principio 1: Niéguese a sentirse culpable por los malos pensamientos
Imagine que usted se despierta a las 3 a.m. porque alguien está tocando a su puerta principal. Es más que probable que, antes de abrir la puerta, usted va a mirar por la abertura de la puerta para ver quién está causando la conmoción. Si se trata de un vecino, un amigo o un miembro de la familia, es probable que abra la puerta y le invite a entrar. Sin embargo, si se trata de un desconocido con un pasamontañas y portando una pistola, es de esperar que le niegue la entrada.
Si usted tiene la certeza de que esa persona que desea entrar en su casa pretende hacerle daño, ¿se sentiría culpable porque esa persona desea dañarlo? ¿Se lamentaría?, ¿Acaso diría: Qué es lo que pasa conmigo, qué hay de malo en mí que esta persona quiere hacerme daño? Pues no, lo más seguro es que usted llame inmediatamente a la policía para que detengan al asaltante.
No siempre somos responsables de los pensamientos dañinos que vienen a tocar a las puertas de nuestra mente. Aun cuando permitamos que estímulos externos, tales como ciertos programas de TV, material de lectura, o sitios de Internet puedan incitar pensamientos inmorales, avaros u otros, no siempre tenemos la culpa del primer asalto de estas ideas. Si estuvieras en una isla desierta, aun así tendrías que batallar contra los malos pensamientos.
¿Cómo sabemos esto? Considere la experiencia de Jesús en el desierto inmediatamente después de su bautismo. Durante 40 días Cristo estuvo completamente aislado. No tenía compañía, no tenía periódicos, correo electrónico, televisión ni celular. Sin embargo, después de esos 40 días, Jesús fue tentado con pensamientos de descontento, codicia y orgullo. Satanás le tentó con los siguientes razonamientos:
  • "Ya que Dios no te ha suministrado lo que necesitas para sobrevivir, convierte estas piedras en pan".
  • "Tú no necesitas esperar todo el doloroso proceso para reinar sobre los reinos del mundo; pueden ser tuyos ahora mismo, si estás dispuesto a adorarme".
  • "Tú no tienes que seguir el programa de Dios; demuestra ahora que eres el Mesías. Monta un circo espiritual y demuestra que eres el Hijo de Dios".
    La porción de la Palabra de Dios en Lucas 4:3 inicia de la siguiente manera: "Entonces el diablo le dijo". Aquí deseo detenerme un poco y profundizar en este acontecimiento. Cabe preguntarnos: ¿Hacia dónde se dirigían estas argumentaciones de Satanás? Si el relato Bíblico en los evangelios acerca de la tentación de Jesús, supone la presencia física de Satanás, esto, no es relevante; lo que si nos queda claro es que Satanás infiltró argumentos en la mente de Cristo tratando de convencerle. Con toda seguridad Satanás continuará utilizando con nosotros las mismas estrategias que utilizó con Jesús, pero desde las regiones celestes; Efesios 6:12.
    Ahora bien, ¿hizo estos razonamientos impíos de Jesús un pecador? ¡Por supuesto que no! Permaneció como el perfecto Cordero de Dios, cuya intachabilidad lo calificó para ser nuestro Salvador. Si usted y yo vamos a ganar las batallas de la mente, tenemos que primeramente dejar de sentirnos culpables en cuanto a los malos pensamientos que nos invaden; y en cambio, aprender a lidiar con esos intrusos no deseados.
    Principio 2: Niéguese a permitir que los pensamientos erróneos persistan
    Si nos entretenemos y adornamos los malos pensamientos por algún período de tiempo, esos pensamientos llegarán a transformarse en obsesiones. Estos, a su vez, darán lugar a abiertas acciones o actitudes de desobediencia.
    Las primeras ideas que el diablo dirige a nuestra mente pueden ser sólo un punto de apoyo; esta primera vez, coqueteamos con esos pensamientos y nos detenemos en ellos o fantaseamos con ellos. Tanto más tiempo nos entretengamos con esos pensamientos, tanto más es probable que empecemos a hacer planes mentales acerca de cómo llevarlos a la práctica.
    Este es el modo en como un pensamiento al cual se le permite agarrar un dedito termina atrapando todo el brazo. Tanto más desarrollemos planes para llevar a la práctica una idea pecaminosa o una tentación, tanto más nos encontraremos con el hecho de que este pensamiento se convertirá en una fortaleza. Llegamos al punto donde nos sentimos obligados a poner a prueba la ejecución de nuestro plan. Llegamos al punto donde deseamos ejecutar la idea, más de lo que queremos rechazarla.
    Cuando llegamos a ese punto, estamos en serios problemas. ¿Cómo podemos evitar que nuestros pensamientos se conviertan en fortalezas diabólicas?
    Principio 3: Aprenda a reconocer y reemplazar los malos pensamientos con pensamientos santos
    Mi analogía en cuanto al ladrón intentando entrar en su casa, es defectuosa en un aspecto. Mientras que podemos tener éxito evitando que el intruso logre entrar en la casa, no podemos evitar que los pensamientos impíos lleguen a nuestras mentes. El hecho de que estamos pensando, significa que la idea ajena ya ha ganado la entrada.
    Sin embargo, no significa que tengamos que permitir que el intruso se siente en nuestro sillón favorito, que nos enganche en una larga conversación, y nos comunique que desde que ha sido muy bien acogido, él va a ocupar nuestra habitación de invitados. En lugar de ello, tenemos que seguir el consejo del apóstol Pablo para hacer frente a un invitado no deseado:
    "porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" 2 Corintios 10:4-5.
    Debemos distinguir los términos: "reconocer y reemplazar", los cuales nos ayudarán a tomar el control de los malos pensamientos. Utilice los principios que hemos discutido previamente para ayudar a reconocer si un pensamiento podría tener origen satánico, luego pregúntese lo siguiente:
    • ¿Es verdadero este pensamiento?
    • ¿Este pensamiento me motiva a temer más, o confiar más en Dios?
    • ¿Este pensamiento contradice la Palabra de Dios?
    Ahora bien, saber discernir y etiquetar como nocivo un pensamiento, y tratar de descartarlo de su mente no es suficiente. De hecho, cuanto más se intenta rechazar un pensamiento no deseado, cuanto más se encontrará obsesionado con él.
    Para descartar los pensamientos de Satanás debemos reemplazarlos con pensamientos verdaderos, honestos, justos, puros, amables, tal como lo hizo Jesús.
    Cuando Satanás trató de plantar semillas de descontento, Jesús respondió citando un versículo del Antiguo Testamento. "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios" (Lucas 4:4).
    Cuando Satanás tentó al Señor con pensamientos de poder y riquezas, Jesús recitó el mayor mandamiento de Dios: "Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Lucas 4:8).
    Cuando Satanás tentó a Jesús para que actuara en independencia de Dios, el Señor citó: "No tentarás al Señor tu Dios" (Lucas 4:12).
    Jesús nos enseñó que la mejor manera de desalojar un pensamiento no deseado es reemplazarlo con otro pensamiento más poderoso. La mejor manera de disipar la oscuridad es confrontarla con la luz.
    Cuando vengan pensamientos temerosos tratando de tomar el control de su vida, puede reemplazar esos pensamientos con: "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio", 2 Timoteo 1:7.
    Cuando llegue la tentación con pensamientos de descontento, puede reemplazar esos pensamientos con: "porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto", 1 Timoteo 6:7-8.
    Cuando usted sea tentado por fantasías de relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja, puede reemplazar esos pensamientos con: "Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; Corrompe su alma el que tal hace", Proverbios 6:32.
    Creo que este era el proceso que tenía Pablo en mente cuando nos animó a ceñir nuestros lomos con la verdad, Efesios 6:14. Nuestro éxito en la batalla espiritual depende de confrontar cualquier pensamiento disoluto con la verdad de la Palabra de Dios.


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